Estilo de vida

Caminata nórdica
48 años ago

Caminata nórdica

O cómo caminar con bastones de convierte en un ejercicio físico de lo más completo y beneficioso. 

La moda actual del running no conviene a todo el mundo y existen otras prácticas para ponerse en forma. Está comprobado que caminar a paso rápido es una de las actividades físicas más completa; y lo es aún más cuando se utilizan dos bastones, porque permite trabajar toda la zona superior del cuerpo disminuyendo la sobrecarga sobre las articulaciones inferiores. Esta técnica se llama caminata nórdica (Nordic Walking), y ese fue el plan que compartimos un domingo por la mañana con Blanca López-Beltrán, formadora junior del equipo de la Escuela de Formación, Ciencia y Terapia de la FENWA (ALFA COACH y Posgrado Especialista Nordic Walking por la Universidad de Vigo) y algunos de sus compañeros. Blanca pasó de ser una directiva a una pionera del método Pilates en España, y hace unos años se enamoró de la caminata nórdica.

Deporte reconocido en Finlandia, Estados Unidos y en gran parte de Europa, en España, de momento, el Nordic Walking es conocido solo por sus aficionados. Por muy sencillo que parezca, practicarlo correctamente necesita de una técnica, y lo hemos podido comprobar. No se trata solo de ayudarse con dos bastones, se debe llegar a un equilibrio para que el cuerpo, prácticamente en su totalidad, se mueva de manera armoniosa. “Con este sistema se trabaja el 90% de la musculatura del cuerpo”, nos cuenta Blanca. Además, actuamos sobre el sistema cardiovascular y la coordinación. El método correcto se conoce con el código ALFA® 247, añade. A, de andar erguido; L, de llevar los brazos largos; F, de formar un triángulo con el bastón, y A, de adecuar el paso. En el 247, el 2 representa las fases del movimiento, hacia adelante y hacia atrás (empuje y recobro); el 4 se refiere a tocar, cargar, controlar y sujetar el bastón; el número 7 representa los siete pasos de la metodología que permiten enseñar esta forma de andar y que describimos a continuación. Conocer el grupo y el material (bastón y dragonera que sirve para sujetarlo); las primeras experiencias; el abrir y cerrar, lo más complicado porque se trata de coordinar el movimiento; la estabilización del centro (al igual que en Pilates, la parte central del cuerpo debe estar estable); las áreas de movimiento (no se puede sujetar de cualquier manera el bastón para evitar, por ejemplo, cualquier ries- go de tropezar con él); el trabajo activo del pie (se pisa empezando por el talón); la automatización de la técnica ALFA.

Antes de empezar a disfrutar del método, es importante acudir a un curso de iniciación. Parece fácil andar sin tropezar con el equipamiento, pero no lo es en absoluto. Con unas tres horas de aprendizaje y unas cuantas salidas para coger el ritmo se puede disfrutar de un deporte sencillo pero eficiente tanto a nivel físico como psíquico.

Al caminar con el grupo en el Monte de Pilar de Majadahonda (se puede perfectamente practicar sobre asfalto), nos encontramos con varias personas que andaban sin bastones, y la diferencia nos saltó a la vista. Efectivamente, los bastones permiten andar erguidos, y la mayoría de los que solo caminan no tienen esta postura y acaban con dolores de espalda.

¿Es aconsejable para pacientes de cáncer? Blanca nos responde que sí. Con un monitor que explica previamente los gestos que debemos seguir, esta práctica no tiene riesgos en principio, ya que se puede cargar mucho o poco según el estado físico de cada uno, pero como siempre, es aconsejable hablar con su especialista antes de empezar. Para comprobarlo, hablamos con Regina, quien padeció un cáncer de útero. Con la moral en el suelo, fue su oncólogo quien la empujó a volver a practicar ejercicio. Le cambió su existencia, dice. Había aparcado el deporte y, poco a poco, volver a moverse, conocer a otras personas, compartir estos momentos… la ayudó a recuperar la sonrisa. “Trabajo, además de todo mi cuerpo (que ha cambiado por completo), mi mente; es como una especie de afán de superación”, nos dice feliz. Suele salir todos los días. Y ha empezado a participar en campeonatos de caminata nórdica.

Indudablemente, además de ser bueno para el cuerpo, lo es para la mente. Al salir en grupo (o se puede ir solo, una vez la técnica está bien aprendida), el ejercicio se transforma en un momento de convivencia, de risas, de confidencias en medio de la naturaleza. Y nada mejor para subir la autoestima. No solo se organizan caminatas de una hora y media, sino también excursiones los fines de se-mana y otras actividades. Es una bonita manera de descubrir sitios diferentes.

Otra ventaja: su precio. Solo hacen faltan unas zapatillas de andar de buena calidad, flexibles, y unos bastones, que se pueden alquilar al principio y más adelante comprarlos por un precio de entre 50 y 150 euros, según el tipo de caminata, la altura, etc.

Debo decir que no he visto el tiempo pasar, que no hemos parado de charlar, de reír. A menudo, la pereza se apodera de nosotros, y saber que nos va- mos a encontrar con un grupo amigable nos ayuda a seguir adelante, sea cual sea el problema.

Existen grupos de caminata nórdica en toda España.

Por: Valérie Dana. Fotos: Daniel García Bruno

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