Sociedad

El cáncer, una dura etapa de la que se puede salir
El cáncer, una dura etapa de la que se puede salir

Cáncer y bici

48 años ago

El cáncer, una dura etapa de la que se puede salir

Nuestra revista está pensada y realizada para las pacientes, para su círculo cercano, pero también para la sociedad. A lo largo de estos años, hemos recibido emails y comentarios a través de nuestras redes que nos han dado a conocer una realidad del cáncer de la que más bien se habla poco. Una pena, porque detrás de cada caso de cáncer hay una persona, una historia. Hoy, damos la palabra a Mar Hernández Plana.

Has tenido dos cánceres de mama. Cinco años han pasado entre el primero y el segundo. Es decir, que en el momento de pensar que el cáncer era pasado, volviste a tener otro. ¿Cómo viviste esta situación? 

El segundo diagnóstico (aunque estuviera en un estadio superior de gravedad) lo viví mucho mejor. Sabía que podía pasar. Fue mi actitud lo que cambió, que desde un principio fue proactiva, de ponerme a trabajar junto al equipo médico, sin miedo, en absoluta confianza. Pero fue el deporte y en concreto el ciclismo lo que me enseñó a afrontar de forma diferente un nuevo proceso de enfermedad y tratamiento. Yo ya hacía cinco años que practicaba ciclismo; desde el primer diagnóstico.

¿En algún momento perdiste la esperanza?

Hubo algún momento en que sí; sobre todo, en el primer diagnóstico, con 36 años, donde no fueron bien las cosas y me encontré muy mal con el tamoxifeno.

Tu relación con  tu pareja en este momento ha sido muy complicada. ¿Te acompañó durante estos diez años? 

Mi relación estuvo bien durante mucho tiempo. Él pasó conmigo los dos diagnósticos. En el primero, vivimos un proceso de transformación y de crecimiento los dos juntos. Una vez pasado el tratamiento, cambiaron muchas cosas en casa. Tu escala de valores cambia y todo en casa también varió. Priorizamos el vivir una vida más sencilla, con tiempo; tiempo para cuidarnos y para disfrutar de la vida y de lo que nos gustaba. Cuando llegó el segundo diagnóstico, la cosa fue distinta. Hubo las mastectomías, la quimio, la reconstrucción plástica; estuve dos años apartada del mundo laboral y todo pasó en un momento en que él también estaba en un proceso de cambio profesional y personal.

Superar la situación

Esto no ayudó e hizo que se viera desbordado y superado por la situación, una situación y un proceso muy largo en el que se vieron desgastados él y la relación. Un proceso así requiere que la pareja y la familia más próxima te den cobijo en todos y cada uno de los aspectos que acontecen por el camino (¡y que son muchos!), bienestar emocional, acompañamiento, atención económica, seguridad… Se generan muchas dudas que provocan una inestabilidad en muchos sentidos. Para esto están los equipos de especialistas en hospitales o asociaciones que dan apoyo al paciente y a sus familias. El problema está cuando solo es el paciente quien asiste al psicólogo. En mi caso, fue así: él no quiso trabajar con ayuda aquellos problemas y cambios que comportó el paso de la enfermedad.

¿El alejamiento de tu pareja fue más duro que la propia enfermedad? ¿Ha dejado secuelas emocionales esta especie de abandono?

Sí, para mí fue lo más duro, fue lo que me hizo entrar en un proceso de depresión. Hasta aquel momento todo lo llevé muy bien. Se constató un problema de fondo que junto con la psicóloga ya veníamos intuyendo desde hacía meses. Cuando lo verbalizó, se me vino el mundo encima. Y sí, esto ha dejado secuelas emocionales; el miedo a que te hagan daño sigue de fondo; desde la separación, las relaciones que he tenido no han sido fáciles.

Cuéntanos tus actividades en relación con el cáncer de mama. Realizas una exposición de fotos por todo el país. ¿Cuál es tu mensaje?

Yo soy escultora, licenciada en Bellas Artes. Cuando decidí quitarme las mamas e inicié el proceso de reconstrucción quise hacerme alguna sesión de fotos con un amigo fotógrafo. No era nuevo para mí este trabajo y pensé que me ayudaría a reconocer mi nuevo cuerpo. Las fotos quedaron espectaculares y pensamos que no las podíamos dejar guardadas en una carpeta. Entonces, fue cuando empecé a desarrollar un proyecto expositivo, sumamente gráfico, en el que pudiera incorporar enfermedad, bicicleta y sexualidad, junto con algunos escritos que yo hice durante los meses del proceso. Busqué apoyo para la producción de la exposición y además decidí dar a conocer con esta mi proceso transformador junto al deporte.

Necesidad de aportar

Sentí la necesidad y el deber de aportar mi experiencia para poder servir a otras mujeres y también para cambiar mentalidades médicas respecto al deporte y los tratamientos oncológicos. La exposición y el proyecto se llama Identidad Esculpida, y ha viajado por toda Cataluña, Málaga y Campo de Criptana (Ciudad Real). Y el próximo mes de octubre estará en Madrid, donde participaré en el Congreso de Senología que se está organizando en esta ciudad.

¿Qué significa el deporte en tu vida? ¿Te ha ayudado durante los tratamientos? 

La enfermedad hizo reencontrarme con el deporte. Me habían regalado hacía poco una bici de montaña, y la bici me ayudó a pasar los momentos de rabia y de impotencia; poco a poco, hizo cambiar mi vida en positivo, a la vez que me ayudó a recuperarme y a ponerme en forma. Tuve un tumor localizado y pasé por cirugía y radioterapia. Hice un cambio de estilo de vida, donde el deporte pasó a tener un papel destacado. Desde entonces, la bici se ha convertido en mi inseparable compañera. Rutas, vacaciones, marchas y carreras populares; cada vez más retos y más difíciles. Así fue como empecé a cogerle el gusto a pedalear.

Enfrentarse a la recaída

La recaída fue un momento muy duro que al principio pude afrontar con fuerza gracias a mi condición física. Pero fue muy duro. Decidí hacerme una mastectomía bilateral, una de ellas preventiva, con reconstrucción plástica y una larga quimioterapia de seis meses; en total, ocho sesiones interminables que yo me tomé como si fueran carreras de resistencia. Entre medias, me recuperaba, me volvía a entrenar para ponerme fuerte y a prepararme para la siguiente.

Sin abandonar el entrenamiento

No dejé de ir en bici durante todo el proceso (aunque cuando estás en un tratamiento como este te desaconsejan el deporte). La bici de carretera, especialidad en la que era más novata, me ayudaba a recuperarme físicamente y psicológicamente, pero también me hacía normalizar la situación, me hacía sentir menos enferma, y los médicos se sorprendían de los resultados de los análisis y de mis defensas. La bici me ha hecho aguantar, me ha hecho mantener y recuperar en muchos momentos la motivación, las ganas de salir adelante y la fuerza. La recuperación, gracias a esto, también ha sido espectacular.

Premio al afán de superación

Dos días antes de entrar en este segundo proceso iba a hacer la maratón de los Monegros, una marcha en bicicleta de montaña (BTT) de más de 100 km. Después de un año justo y trayendo dos intervenciones y la quimio, me volvía a presentar a la prueba, finalizándola y obteniendo el premio al Afán de Superación por la marca Orbea. El mismo año, volvía a hacer alguna maratón y diferentes rutas por los Pirineos, en BTT y en bici de carretera.

Das charlas a otras mujeres en tratamientos oncológicos. Ayudas a otras en este camino. ¿Es una forma de ayudarte a ti misma también? 

Sin duda, las charlas que doy ayudan a mujeres que están pasando por este proceso, pero también a mujeres que no lo han pasado y a quienes también pueden servirles. Cuando te dan las gracias, cuando me llegan mensajes de personas a las que he inspirado o he hecho cambiar su actitud, la verdad es que supone una gran satisfacción y mucha felicidad. Y claro, sí, también es una manera de ayudarme a mí misma.

Por: Valérie Dana Fotos: Jordi Sierra

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