Cine y pediatria

El doctor Javier González de Dios lidera un didáctico proyecto, Cine y Pediatría, que promueve la humanización de la práctica clínica a través de la mirada del cine. Es jefe del Servicio de Pediatría del Hospital General Universitario de Alicante, profesor de pediatría de la Universidad Miguel Hernández, de Alicante, y director de la plataforma de formación de la Asociación Española de Pediatría Continuum.

¿Cómo surge este proyecto de Cine y Pediatría?

Nació en enero de 2010 en el blog ‘Pediatría basada en pruebas’, un blog científico en el que comencé a postear todos los sábados mis apuntes de películas con la infancia y adolescencia como protagonistas. Películas que fui recogiendo durante muchos años con la inquietud de un pediatra al que le gusta el cine. Y lo que comenzó como una bitácora personal, se expandió gracias a las redes sociales y traspasó fronteras.

Y de ese deseo de ordenar una ilusión han surgido cinco libros de cine y pediatría, con el sexto a punto de publicarse.

Exacto, y además, el séptimo ya está escrito y hemos empezado a escribir el octavo. Cada libro recoge las 52 entradas de todo un año en el blog. Han pasado más de siete años sin fallar a la cita de los sábados con una nueva entrada de Cine y Pediatría. Y ya son, por el momento, 372 post los que se han publicado, y espero que sean muchos más, pues constituye un lugar de continuo aprendizaje.

¿Cuál es su principal objetivo?

El proyecto Cine y Pediatría nació de la casualidad, como una idea personal, y su porqué se entiende con el subtítulo de sus libros: “Una oportunidad para la docencia y la humanización en nuestra práctica clínica”. El principal objetivo de Cine y Pediatría es que los pediatras, también los educadores o los propios padres, nos atrevamos a prescribir películas, al igual que prescribimos pruebas diagnósticas y sofisticados tratamientos. La prescripción de películas puede orientarse a muy diversos receptores: a estudiantes de medicina, a residentes de pediatría y otras especialidades, a los propios especialistas médicos y a otros profesionales sanitarios. También podrían prescribirse a familiares de los niños enfermos e, incluso, a los propios niños y adolescentes sanos o enfermos, estudiando muy bien el objetivo que se pretende en cada receptor, para que el mensaje positivo llegue correctamente.

Quiere decir que, al igual que cualquier medicamento tiene indicaciones y contraindicaciones, condiciones de uso, interacciones o efectos adversos, ¿una película debe mirarse con los mismos ojos?

No basta con prescribir, hay que prescribir bien. No consiste en recetar, sino en hacer un buen uso de aquellas películas con alto valor humano, afectivo y emocional. No todas las películas serán válidas para todos los potenciales espectadores, y esto debe manejarse con la prudencia, ciencia y conciencia que se merece, teniendo muy presente, en el caso de que nos dirijamos a familias y pacientes, la fase de la enfermedad y el estado de ánimo. Pero no debemos despreciar el valor que tiene el cine como arma educativa y como herramienta de reflexión, ni el impacto que puede tener como estrategia de afrontamiento cuando se pasa de ser mero espectador a auténtico protagonista en la vida real. 

¿Por qué eligió el formato artístico del cine para su proyecto didáctico?

Porque el cine es toda una universidad de las emociones en la salud y en la enfermedad. Y a través de la película podemos potenciar los valores y la educación sentimental, así como trabajar la ética y educar la afectividad. Películas que hablen sobre enfermedades infantiles, bien como argumento central o periférico (defectos congénitos, enfermedades genéticas, enfermedades degenerativas, enfermedades oncológicas, enfermedades neurológicas, etc.). Películas que se centren en temas alrededor de problemas de la infancia (maltrato infantil, marginación y pobreza, analfabetismo, adopción, delincuencia, drogadicción, etc.) o películas cuyos personajes centrales sean niños, con distintas edades (la adolescencia se convierte en una edad especialmente clave en el cine). A través de sus ojos, nos devuelven la visión de sus familias o de la sociedad en que se desenvuelven, sociedades del primer y también del tercer mundo, sociedades próximas y sociedades exóticas.

El cine se mueve en el espacio común de lo humano, que es universal, pero también es un reflejo de la cultura donde se produce la película. ¿De qué lugares son los films que prescribe?

En Cine y Pediatría hay dos filmografías predominantes (Estados Unidos y España), tres filmografías europeas destacadas (Francia, Italia y Reino Unido) y tres filmografías peculiares (Argentina, Colombia e Irán). Pero hay películas prácticamente de todas las nacionalidades, que consigo, en muchos casos, gracias al apoyo de tantos contactos que permiten las redes sociales por el mundo. Y en estos siete años de existencia son más de 500 películas ya comentadas.

¿Desde que se creó hasta hoy, qué grandes logros o hitos ha conseguido y cómo ha marcado positivamente este proyecto?

El hito más importante es que un proyecto individual se sustente ahora en el apoyo de tantos amigos del mundo de la pediatría, del cine y de la docencia. En la pediatría contamos con el apoyo de la Asociación Española de Pediatría, Asociación Latinoamericana de Pediatría, American Academy of Pediatrics y de las sociedades pediátricas de Colombia, Méjico, Argentina y Portugal, a cuyos congresos me invitan con asiduidad para hablar de esta experiencia que une ciencia y conciencia, emociones y reflexiones, color y calor.

También han sido profetas en el mundo del cine…

En el mundo cinematográfico, hemos sido profetas en nuestra tierra, pues el apoyo del Festival Internacional de Cine de Alicante es permanente, pero también hemos estado en otros festivales (Gijón, Valladolid…) y contamos con amigos del proyecto que son cineastas destacados, como Montxo Armendáriz o Paco Arango. En el mundo de la docencia, por otro lado, han sido múltiples las experiencias y en muy diferentes ámbitos. Y todo ello tuvo su colofón en diciembre de 2014, cuando este proyecto pudo entrar a formar parte de ASEMEYA, la Asociación Española de Médicos Escritores y Artistas, a la que pertenecieron Pío Baroja o Ramón y Cajal. Un sueño hecho realidad.

¿Por qué sigue siendo socialmente tan invisible o da tanto miedo simbolizar la enfermedad en la gran pantalla?

Realmente, no es lo que más vende, pero cuando se explora el cine más allá del cine comercial podemos encontrar ejemplos de un buen número de entidades y de circunstancias alrededor de la salud y de la enfermedad. Por ejemplo, sobre enfermedades raras metabólicas está la película El aceite de la vida (George Miller, 1982); sobre enfermedades raras genéticas, Cromosoma 5 (María Ripoll, 2013); sobre síndrome de Asperger, Mary and Max (Adam Elliot, 2009); sobre autismo, María y yo (Félix Fernández de Castro, 2010); sobre embarazo y parto, El Primer Grito (Gilles de Maistre, 2008), y sobre bullying, Cobardes (José Corbacho y Juan Cruz, 2008), por poner algunos ejemplos.

¿Cuáles son las tres entidades quizás más tratadas en el cine?

La psiquiatría, la infectología y la oncología.

¿Qué ventajas y qué desventajas tiene trasladar el binomio salud-enfermedad al celuloide?

La principal ventaja es ver las películas de otra manera, y en las que confluyen los tres momentos de la experiencia narrativa: prefiguración, configuración y refiguración. Ver una película así se conoce como observación narrativa.

¿Y en qué consiste esta experiencia?

La prefiguración es la experiencia previa, es decir, las creencias, valores, actitudes y prejuicios ante una enfermedad o una situación concreta; es el ‘antes de’ ver una película. La configuración es la experiencia imaginada, es decir, el mundo de la ficción que nos proporciona la película, las emociones y reflexiones al verla. La refiguración es la experiencia interpretada, es decir, la conjunción entre el mundo de la ficción y el mundo del espectador; es el ‘después de’ ver una película.

El cine como despertador de emociones

El cine es un despertador de emociones dentro de la cultura del espectáculo. El cine es, posiblemente, la manifestación artística más completa a la hora de plasmar una enfermedad, enfermos, profesionales de la sanidad y los problemas vinculados a la infancia y adolescencia: el cine se ve, se oye y se siente. Y la principal desventaja es pensar que la prescripción de películas a través de la observación narrativa se puede hacer sin más, sin formación y experiencia; al menos no es así en tres campos esenciales: la pediatría, el cine y la docencia.

¿Cuáles son los próximos grandes retos de vuestro proyecto?

Conseguir que Cine y Pediatría entre en las universidades, en concreto en la Universidad Miguel Hernández, al igual que ya es asignatura el cine en otras facultades de medicina como en la Universidad de Salamanca o en la Pompeu Fabra de Barcelona. Otros retos son seguir adelante con el proyecto virtual en papel y con libros como los ya realizados con éxito con Lua Ediciones 3.0. Y seguir divulgando el proyecto entre los pediatras de España y Latinoamérica.

¿Nos recomiendas algunas películas de las que habéis tratado?

Esta síntesis siempre es complicada, pero recomiendo tres joyas para entender la infancia y tres joyas para entender la medicina. Sobre la infancia, estas tres películas tienen puntos en común: las tres son de nacionalidad francesa y las tres son películas con carácter documental. Para entender la normalidad de un recién nacido y lactante, Bebés (Thomas Balme, 2010); para reflexionar sobre los distintos caminos que nos llevan a la escuela, Camino a la escuela (Pascal Plisson, 2013), y para reconocer a los niños como nuestros pequeños filósofos, Solo es el principio (Pierre Barougier y Jean-Pierre Pozzi, 2010).

Para entender la medicina

En cuanto a joyas sobre la medicina, para describir la peculiar vida de un residente, Hipócrates (Thomas Lilti, 2014); para visualizar la realidad de una guardia médica, El milagro de Carintia (Andreas Prochaska, 2011), y para comprender cómo se gestan los epónimos y la historia en medicina, A corazón abierto (Joseph Sargent, 2004).

Pero también quiero recordar a dos directores, que son de cine y de pediatría, ambos poetas en el arte del cine y de la infancia, y que siempre son directores y guionistas de sus propias historias: me refiero al navarro Montxo Armendáriz y al japonés Hirozaku Kore-eda, cada uno de ellos con cinco películas en Cine y Pediatría y, por tanto, líderes indiscutibles de esta colección.

 

CINE Y PEDIATRÍA prescribe 10 películas, presentando a 10 pacientes  con nombre propio

 

  •  Nombre: Miguel Ángel (Juan José Ballesta). Edad: 13 años. Lugar: España. Cáncer: Osteosarcoma. Película: Planta 4ª (Antonio Mercero, 2003)
  • Nombre: Camino (Nerea Camacho). Edad: 11 años. Lugar: España. Cáncer: Tumor óseo vertebral. Película: Camino (Javier Fesser, 2008)
  • Nombre: Kate (Sofia Vassilieva). Edad: 13 años. Lugar: EE. UU. Cáncer: Leucemia promielocítica. Película: La decisión de Anne (Nick Cassavetes, 2009)
  • Nombre: Oscar (Amir Ben Abdelmoumen). Edad: 10 años. Lugar: Francia. Cáncer: Leucemia. Película: Cartas a Dios (Éric-Emmanuel Schmitt, 2009)
  • Nombre: Tyler (Tanner Maguirre). Edad: 8 años. Lugar: EE. UU. Cáncer: Meduloblastoma. Película: Cartas al cielo (Patrick Doughtie, 2010)
  • Nombre: Amina (Amina). Edad: 4 meses. Lugar: EE. UU. Cáncer: Leucemia. Película: Surviving Amina (Bárbara Célis, 2010)
  • Nombre: Sam (Robbie Kay). Edad: 12 años. Lugar: Gran Bretaña. Cáncer: Leucemia. Película: Vivir para siempre (Gustavo Ron, 2010)
  • Nombre: Adán (César Dessix). Edad: 1 año. Lugar: Francia. Cáncer: Tumor cerebral. Película: Declaración de guerra (Valérie Donzelli, 2011)
  • Nombre: Antonio (Andoni Hernández). Edad: 16 años. Lugar: España. Cáncer: Leucemia. Película: Maktub (Paco Arango, 2011)
  • Nombre: Hazel (Shailene Woodley). Edad: 16 años Lugar: EE. UU. Cáncer: Cáncer de tiroides con metástasis. Película: Bajo la misma estrella (Josh Boorne, 2014)
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