Ejercicio físico

Corredora de la vida
Corredora de la vida
48 años ago

Corredora de la vida

 

Nacida en Francia, pero afincada en España desde hace más de veinte  años, Chadia Chaouch tiene una sonrisa que le ilumina la cara. Irradia felicidad y contagia entusiasmo. Para ella, la vida es un regalo que hay que aprovechar y disfrutar a cada instante. Le diagnosticaron cáncer de mama en dos ocasiones, y aunque ahora se encuentra bien, el camino no ha sido nada fácil: cinco intervenciones, sesiones de quimioterapia, radioterapia y tratamiento con anticuerpos humanos. Como un impulso vital y sin saber como respondería su cuerpo porque la propia medicación le toxificaba el corazón, Chadia empezó a correr poco a poco. Había cogido 35 kilos. Su afán de superación le llevó a remontar kilómetros y etapas. Pequeñas metas que, como si de una carrera se tratara –la más difícil de su vida-, también ha ido pasando mientras estaba tratándose para superar el cáncer. Su experiencia la recoge en su libro “Corredora de la vida” en el que cuenta como va superando todas las noticias, como se relaciona con los médicos y el sistema en esta carrera de fondo que es el cáncer y sus tratamientos. Es un libro que habla de superación y cómo el correr le ha ayudado.  

 

¿Cómo recuerdas el momento en el que te dijeron que tenías cáncer?

Sinceramente, pensaba que esta enfermedad les tocaría a otros, no a mí; entré en shock. Era como un mundo nuevo que se me hizo suave gracias a mi médico, el Dr. José Ignacio Sánchez Méndez, coordinador de la Unidad de Mama del Hospital de La Paz de Madrid, que tuvo una gran sensibilidad al comunicarme la noticia. Me dio seguridad.

¿Cómo era tu vida antes de esta noticia?

Trabajaba mucho. Pero, fíjate, siempre he creído en las señales que te pone la vida, y un mes antes de que me diagnosticaran el cáncer iba en el metro y vi un cartel de una mujer tapándose el pecho, y un mensaje: “te puede pasar a ti”. Sentí que ese anuncio de prevención del cáncer de mama me hablaba. En ese momento no sabía que yo tenía cáncer.

¿En qué o en quién te apoyaste más?

En mis amigos, mis compañeros de trabajo, en mi médico y en algo que se llama fuerza superior o Dios, como quieras llamarlo. A mi familia se lo escondí. Vive fuera y no quería preocuparla.

Chadia Chaouch 17¿Recibiste apoyo psicológico durante la enfermedad?

No, no lo necesité, me sentí muy acompañada. De hecho, no quería hablar de ningún tipo de apoyo psicológico porque me parecía que era regodearme en la enfermedad, y no quería eso. Seguí trabajando, con mi vida normal; sin embargo, si alguien lo necesita, sí se lo recomiendo.

 

¿Cómo influye la actitud del paciente frente a la enfermedad para poder superar este duro trance?

Es fundamental. Hay factores que influyen o desencadenan la enfermedad y no los podemos obviar. Frente a la enfermedad, es muy importante la fuerza que tienes. El poder visualizar, como digo en mi libro, que tu futuro puede ser mejor, que esto es un momento pasajero en la vida. Nada es para siempre.

Tuviste una segunda recaída, ¿cómo estás ahora?

Me encuentro fenomenal. Efectivamente, en mayo de 2011, tuve una recaída. Me vieron microcalcificaciones malignas y tomaron la decisión de quitarme el pecho, porque me dijeron que en unos años podrían derivar en cáncer. Me hicieron una reconstrucción inmediata con dorsal ancho. La primera vez que me detectaron el cáncer fue en diciembre de 2008; en esa ocasión, me dieron ocho sesiones de quimioterapia.

¿Cómo debe ser la relación médico-paciente?

Muy humana. Cuando estás con una enfermedad como el cáncer, tus sentidos están multiplicados al 60%. La vista, el oído, el tacto… están muy abiertos. Estás hipersensible. Cualquier detalle o gesto te viene bien. Por ejemplo, que un celador, mientras te lleva en la camilla, y tú estás con miedo, te empiece a silbar o haga alguna broma. O que tu médico cuando te comunique la noticia, te diga: “mira, esto es difícil, pero no te preocupes, se puede salir”; que te coja la mano y te mire a los ojos, no al ordenador; que te considere como una persona única. Yo tuve la suerte de dar con unos profesionales que supieron tratarme como necesitaba, en el Hospital Universitario La Paz. Si en un momento determinado hay que cambiar de tratamiento o de técnica, deben explicárselo al paciente, hacerle partícipe de su propia recuperación. Es fundamental que el paciente sepa que puede tener un cierto control sobre su proceso de curación. Eso le dará más seguridad.

Comparas el cáncer con una carrera de fondo porque hay que ir superando las distintas etapas: asumir la noticia, comunicárselo a los familiares, la operación, la quimio, la radio…

Ahora que corro, me he dado cuenta de que el cáncer es una carrera de fondo porque pasas por varias etapas. Cuando corres, no piensas que todavía te quedan 15 km por delante, porque si no te paras; solo piensas en disfrutar del momento y en estar continuamente en contacto con tu cuerpo, “escuchando” las sensaciones. Esta enfermedad te enseña a estar más pendiente de ti misma en el buen sentido: cómo estás, cómo vas, cómo andas… Las carreras largas son las que mejor se corren, porque si arrancas muy rápido no vas a poder terminar: hay que ir dosificándose y superando etapas, pero viviendo cada una plenamente, sin dejar que la cabeza te lleve al futuro o al pasado. Si vives el presente vas a movilizar todas tus células en este momento y en tu recuperación, sin permitir que la mente te esté boicoteando, que vaya perdiendo fuerza. En el cáncer tienes que pasar varias etapas en las que tus amigos y familiares pueden correr contigo, animarte, pero al final la única que puede correrlas eres tú, igual que cuando corres una maratón. Y, sobre todo, es importante visualizar que el futuro puede ser mejor, que lo vas a conseguir.

El cáncer te hace mirar la vida desde otra perspectiva, ¿en qué te ha cambiado la vida?

Aunque no ha sido un cambio drástico y evidente, en el fondo sí he cambiado. Al principio, no fui consciente de ello, pero al cabo de algún tiempo, cuando ya me sentía mejor, vi el resultado. Ahora, cuando respiro, todo vive alrededor de mí. Mi felicidad ya no depende de lo externo, depende de cómo me sienta. Los problemas, los tomo de otra forma, no son tan importantes.

A través de la enfermedad ¿has aprendido a quererte más?

He aprendido a escucharme más. A estar más atenta a mí, a cuidarme más, a ser yo la primera. No es un tema de egoísmo, se trata de autoestima. He aprendido a quererme más y a ver más mis necesidades. Antes me preocupaba mucho en hacer lo que los demás querían y no buscaba mi éxito por lo que pudieran pensar. Ahora busco estar al máximo de mi potencial, porque para mí, según cuento en mi libro, la enfermedad a veces es el grito del alma ahogada en un cuerpo que no la escucha.

En tu caso, ¿el cáncer ha sido un impulso para mejorar?

Por supuesto. Para mejorar mi entorno, valorar mi familia, acercarme más a mis orígenes, y para ser mejor persona.

Como voluntaria, ¿de qué forma ayudas a otras personas en el Hospital La Paz?

Colaboro en el mismo hospital donde yo me traté, aunque eso no es recomendable hacerlo porque te puede recordar los malos momentos que has vivido allí. Sin embargo, quería agradecer lo que el hospital me había dado. También quería estar ahí porque me di cuenta de que había necesidad de ayudar, desde la propia experiencia de haber vivido la enfermedad. Como voluntaria, lo que hago fundamentalmente es escuchar a los pacientes con cáncer. Muchas veces no pueden hablar con sus familiares para contarles cómo se sienten. En algunos casos, cuando es necesario, les digo que yo también  he pasado por lo mismo que ellos. Les ayuda, y les da alegría verme bien porque se identifican conmigo. Me comentan: ¡te has recuperado y estás así de guapa! Les enseño cómo estaba antes. Cogí 35 kilos, y además me dijeron que no podía hacer deporte por la toxicidad de la medicación; y mira, les digo, estoy corriendo. Yo lo que intento es actuar en la cabeza de cada uno de ellos.

En tu opinión, hay que aceptar la enfermedad como un “proceso de humanidad”…

Por un lado, está el mundo y por otro, los enfermos. Parece que el enfermo está relegado. Donde solamente existe la belleza, el éxito y el dinero, el enfermo está como escondido. Hay que aceptar la enfermedad como un proceso de humanidad porque todos podemos caer enfermos. Enfermedad y salud son parte del mismo proceso, igual que vida y muerte son parte del mismo proceso. Hoy paciente, mañana sano; hoy médico, mañana paciente. Mientras la sociedad no acepte eso, las empresas no se concienciarán de que no se puede despedir a una persona por tener cáncer ya que mañana le puede tocar al jefe o al director. Yo tuve la suerte de trabajar en una empresa grande,  donde se me trató muy bien. Mi jefe me permitió hacer mis revisiones, sin ningún problema. Aceptaron mi enfermedad como un proceso en la vida, pero no todas las empresas son así.

¿Por qué empezaste a correr si en principio lo tenías prohibido por los médicos?

Prohibido no lo tenía. La medicación que tomaba me producía toxicidad y dejaba mi corazón al 70%: era muy buena, pero muy agresiva. Empecé a correr poco a poco, de una forma gradual, no hice ninguna burrada. Al principio, corría dos minutos y pensaba: ¿cómo hace la gente para correr tanto? Al día siguiente, corría tres y me ahogaba, y así día a día. Quería correr, o más bien volar.

Al final corriste la maratón en Madrid y el trail de KeniaChadia Chaouch 11

No pensaba correr el Maratón de Madrid sino el medio maratón de 21 km, pero me equivoqué en el camino y, cuando me di cuenta, decidí seguir. Total, dos horas más y terminé el maratón completo, 42, 195 km en 4 horas y 45 minutos. Ese día no me acompañó mi familia porque no se lo dije a nadie. Corrí la carrera sola. Por eso digo, es solo cabeza. Lo de Kenia me lo propusieron unas amigas. No tenía previsto ir a correr porque me acababan de operar hacia dos meses. Eran 76 km en cuatro días, pero al final participé. De hecho, mi libro “Corredora de la vida” viene a raíz de un artículo que escribí allí, en Kenia. Me di cuenta de que nunca había corrido en montaña, en barro… todo eso era nuevo para mí. Aunque yo, como la vida misma, me apaño. Por eso, “Corredora de la vida” es correr dentro de la pista, pero sobre todo fuera de ella.    

¿Es un libro contado de forma positiva?

Es un libro contado de forma muy positiva. No dejé que me cambiaran el estilo para que fuera sencillo y llegara directamente al corazón. El prólogo y la introducción están escritos por cuatro médicos de La Paz y del Gregorio Marañón. Va dirigido a aquellos que tienen que seguir adelante, pero también a los familiares de los que ya corrieron su propia carrera. Hablo de gente que ha fallecido porque no quería dar una visión falsa. Aquí no hay perdedores ni ganadores.

¿Se podría calificar como un libro de autoayuda para superar los difíciles trances que nos presenta la vida y no solo el cáncer?

Totalmente. Es un libro que lleva luz y esperanza a las personas que están pasando por este proceso o cualquier trance en la vida. De hecho, a mí me preguntaban: ¿pero es un libro personal o de autoayuda? Y contestaba, pues los dos. Es un libro que cuenta mi experiencia novelada, pero es un libro que puede ayudar a mucha gente que está sufriendo depresión, que ha perdido un ser querido. Es un libro que habla de vida, no quería dar un aspecto idealizado sino real.

¿Qué mensaje quieres transmitir a las mujeres?

La prevención salva vidas. Creo que hay que decir a las mujeres que se palpen, que no tengan miedo a mirarse. Estamos en una sociedad donde todo va muy rápido, queremos ser superwoman en el trabajo y en todos los ámbitos de la vida, no tenemos tiempo de pararnos, ni de respirar. Por eso, es importante aprender a delegar, no podemos llegar a todo. Y si no están satisfechas con su vida, que intenten cambiarla, porque el estado anímico y las emociones también cuentan mucho en el cáncer. Como digo, la mayor de las fortalezas consiste en admitir nuestras limitaciones.

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