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Fatiga y cáncer: permítete un descanso

Fatiga y cáncer: permítete un descanso


Fatiga y cáncer

48 años ago

Fatiga y cáncer: permítete un descanso


El cansancio es uno de los efectos secundarios más reportados por las personas con cáncer y que más afectan a su calidad de vida.

La fatiga, presente durante y tras los tratamientos 

Es habitual que durante la etapa de los tratamientos, e incluso después, sintamos falta de energía y dificultad para hacer determinadas actividades cotidianas, lo cual puede afectar a nuestro estado de ánimo y nuestras relaciones sociales.
Pero, ¿de dónde procede este cansancio? Si bien es cierto que la etiología de la fatiga asociada al cáncer aún no es conocida, sí que se empiezan a valorar algunos posibles mecanismos biológicos como, por ejemplo, la pérdida del músculo esquelético o la desincronización del ritmo circadiano. Por otro lado, también juegan un factor determinante alteraciones relacionadas con la enfermedad como la pérdida de peso, la anemia, determinados tratamientos, la medicación o el dolor, entre otros.

Importancia del aspecto psicosocial del paciente

No debemos obviar la influencia de los aspectos psicosociales de la persona. Por ejemplo, la repercusión de la fatiga es más frecuente en aquellas personas en depresión o con dificultades de manejo emocional, y también existe relación con aspectos modificables del comportamiento, como la inactividad física o la alimentación.

¿La fatiga tiene un carácter temporal?

Esta astenia puede llegar a ser muy invalidante durante el proceso terapéutico y, aunque tiene un carácter temporal, puede prolongarse en el tiempo tras finalizarse los tratamientos. Y una particularidad de la fatiga asociada al cáncer es que es descrita como una sensación de cansancio distinta al cansancio habitual y cotidiano, y que se reduce mínimamente con el descanso.

Hablar abiertamente de los síntomas con los médicos

A nivel sanitario, no siempre se aborda de forma idónea tanto por una falta de conciencia respecto a sus repercusiones como por la dificultad de determinar su factor causante así como su intensidad. Por tanto, es necesario que los pacientes compartan con el equipo sanitario las dificultades que estén encontrando y, por otro lado, desde el ámbito clínico se debe ahondar más en el conocimiento de los factores causantes del mismo con el fin de poder abordarlo de una forma más efectiva.

Repercusión de la fatiga en la salud

Si bien la fatiga puede no ser consecuencia de pérdida de la salud, sí que tiende a ser causa de varias repercusiones negativas en la salud de las personas. Hablamos de somnolencia, alteraciones emocionales, dificultades de concentración y atención y falta de energía que reducen la participación efectiva en la sociedad como trabajar o viajar.
Del mismo modo es un síntoma fuertemente asociado con la enfermedad y los tratamientos ya que en ocasiones es frecuente que se vincule en mayor medida a etapas avanzadas del tratamiento o a los días cercanos al ciclo en los que se convive con una mayor toxicidad. También es frecuente que este síntoma se confunda con la apatía propia de los cuadros depresivos o que incluso se vea potenciada o mantenida en el tiempo por el bajo estado de ánimo.

Diferenciar la fatiga del avance de la enfermedad

La fatiga está fuertemente asociada a la percepción de avance de la enfermedad y a momentos de empeoramiento aunque no siempre tiene por qué ser así. Para muchos pacientes, estas etapas coinciden con etapas postquirúrgicas, de tratamientos o en las que la toxicidad aumenta.

Fatiga y emociones negativas 

Es muy frecuente que las emociones negativas acompañen a estos períodos de cansancio y que se confunda la apatía con la falta de energía o que esta sea el estímulo que favorezca el desarrollo de síntomas depresivos.

Normalizar la fatiga 

Recuerda que normalizar estas etapas te ayudará a llevarlas con mayor tranquilidad. Ser consciente de que vendrán períodos de mayor fatiga te ayudará a programar mejor tus actividades, dedicándote a ellas cuando estés en mejor estado físico y reservando los días de mayor agotamiento físico y emocional para dedicarlos al descanso y la relajación. De esta manera podrás aprovechar mejor tu tiempo y disminuir la frustración que puede ocasionarte no poder llegar a todo aquello que quieres o tengas que hacer.

Cuidarse y escucharse 

Disminuir el nivel de actividad y autoexigencia puede ser útil en los días de mayor cansancio. Sobreexigirte alimentará tu frustración y tu sensación de incapacidad ahondando así en las emociones negativas que pueden aumentar o cronificar la apatía y la inactividad. Dedicarte suficiente tiempo para el descanso y actividades placenteras y relajantes, cuidarte, mantener una buena alimentación equilibrada y adaptada a las recomendaciones médicas y rodearte de tus apoyos son buenas ideas para estos días.

Pautas para afrontar de forma idónea el cansancio y permitir que vayas recuperando la energía:

  • Planifica tus tareas de forma que disminuya el nivel de actividad en los días en los que preveas tener mayor cansancio. Resulta más recomendable fijarse objetivos realistas que demasiado ambiciosos. Las ganas de estar activos puede llevarnos a querer hacer muchas cosas y luego frustrarnos por no lograr poder hacerlas.
  • Cuenta con tus familiares y delega tareas y responsabilidades en otras personas. Mira a tu alrededor, ¿quién podría ayudarte con las tareas domésticas o con determinados recados? A veces nos cuesta pedir ayuda pero lo cierto es que aceptar su apoyo facilitará que también ellos se sienta útiles. Infórmales sobre cuál es la mejor forma de ayudarte.
  • Escucha a tu cuerpo y permítele ir poco a poco saliendo del ‘letargo’, incorporando la actividad física de forma progresiva. El ejercicio físico moderado suele ser de mucha ayuda (caminar o bailar, por ejemplo). Sin embargo, recuerda que una actividad excesiva aumentará tu fatiga. Busca la recomendación de tus médicos en este sentido y déjate asesorar por profesionales especialistas en ejercicio físico y salud.
  • Mantén una alimentación equilibrada que te permita recuperar energía. Pregunta a tu equipo sanitario por la posibilidad de acceder a un dietista-nutricionista que diseñe una dieta a tu situación concreta y te recomiende sobre los hábitos alimenticios más idóneos.
  • Programa tareas que te apetezca realizar y te satisfagan. Piensa: ¿Qué me apetece hacer?; ¿Cómo y cuándo podría hacerlo?; ¿Con quién podría contar para hacerlo? La idea es valorar su idoneidad y animarte a realizarlo, evitando autolimitaciones. Lo importante es  buscar soluciones para que consigas hacer lo que más te apetece y que te sientas bien haciéndolas. No seas tú quien te lo ponga difícil.

Tiempo al tiempo 

La fatiga es un elemento más de tu cuerpo que te indica que necesita recuperarse. Permítete tiempo y espacio para una recuperación activa y consciente.

Diario de astenia 

Tus médicos pueden ayudarte a reducir la fatiga. Llevar un diario de astenia puede facilitarte identificar cuáles son los momentos en los que surge o se agudiza. De esta forma sabrás predecir en qué momentos se producirá (ayudando en la programación y preparación) y también podrás actuar ante los factores que la ocasionan o la mantienen.

Un sueño reparador; ¿cómo conseguirlo?

El sueño es imprescindible para mantener la salud y hacer frente al cansancio y la fatiga. Tiene grandes beneficios para nuestro estado físico y emocional pero, tras el diagnóstico de un cáncer, pueden existir diferentes barreras que nos dificulten lograr un sueño reparador. El dolor o la convivencia con determinados efectos secundarios, las intensas preocupaciones que nos llevamos a la cama o los desajustes en la rutina diaria son algunos de los principales impedimentos para lograr un sueño idóneo.

Pautas de sueño 

¿Y qué podemos hacer para mejorar nuestro sueño? En primer lugar, mantener unas pautas de sueño idóneas, cuidando aspectos claves para nuestro descanso como:

  • Silencio
  • Temperatura
  • Baja iluminación.
  • Evitar elementos estimulantes en tu dormitorio como la televisión, el móvil o tabletas.
  • Quita el sonido de los dispositivos
  • Haz de la habitación un lugar lo más reconfortante y relajante posible.

Seguir ritmos de sueño

Dentro de estas pautas, intenta mantener unos ritmos de sueño adecuados que te permitan tener mayor energía durante el día. Acuéstate y levántate a la misma hora todos los días, cena comidas ligeras y desayuna alimentos que te aporten energía para encarar el día. Las siestas pueden ayudarte a coger fuerzas durante el día pero es recomendable que no superen los 20 minutos.

Antes de  ir a la cama 

La preparación se inicia incluso horas antes de acostarnos. Es recomendable cenar al menos dos horas antes de ir a la cama y evitar el consumo de cafeína o similares. Además, realizar actividades relajadas antes de dormir ayudará a inducir el sueño y que este sea más reparador.

¿Qué hacer si no duermes?

¿Y qué pasa si no conseguimos dormir? Si estás dándole vueltas a algo que te preocupa, te inquieta y no te deja descansar de forma idónea, es preferible salir de la cama y realizar alguna actividad relajante y que te distraiga, como leer un libro o hacer un puzle. Es habitual llevarse las preocupaciones a la cama y que comencemos a encadenar preocupaciones y temores en nuestra cabeza.

Ocúpate en lugar de pre-ocuparte 

Por tanto, te animamos a evitar PRE-OCUPARTE por la noche y pasar a OCUPARTE por el día, viendo de qué formas puedes reducirlo o qué soluciones puedes tomar.

Recuerda, además, el gran apoyo que pueden ofrecerte el médico o el psicooncólogo para hacer frente a las dificultades de ámbito físico o emocional que te estén impidiendo un correcto descanso y sueño.

Hay diversas estrategias para hacer frente a la fatiga y el cansancio. Busca aquellas soluciones que mejor te funcionen y acompáñate de tus seres queridos y profesionales sanitarios para que entiendan las dificultades que tienes y te ayuden a mejorar tu estado físico y emocional.

Por: Fátima Castaño (psicooncóloga) y 
Diego Villalón (trabajador social)

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