Cáncer

Natación y cáncer
Natación y cáncer
48 años ago

Natación y cáncer

¿Una deportista de élite está a salvo de un cáncer? La respuesta es negativa. Desde los 13 años, el deporte a alto nivel es compañero de Carolina, y en el momento que había decidido volver a competir tras un parón después de dos embarazos, el cáncer llegó a su vida. 

He visto a Carolina en la piscina del Real Canoe en Madrid durante meses sin pelo pero siempre maquillada y con una sonrisa enorme.  Hasta que un día, me puse en contacto con ella.

Su historia 

Carolina tenía 38 años cuando, jugando con sus hijos, empezó a tener fuertes dolores en el vientre. Pensando que eran como consecuencia de la cesárea, dejó pasar el tiempo hasta que un día decidió acudir a la Seguridad Social. Como no podía esperar cinco meses hasta poder ver a un especialista, consultó a un ginecólogo privado. Tenía un quiste enorme, probablemente un mioma, según le dijeron; “pero me lo tenía que confirmar el médico de la Seguridad Socia”l. Al extirparlo, descubrieron un cáncer de ovario. El protocolo fue quitar todos los órganos menos la vejiga, y analizarlo. Carolina estaba convencida de que los médicos se equivocaban. Deportista de élite, sana (no bebe ni fuma), parecía que no le podía ocurrir esto. Cuando le pasaron el informe, no paró de mirar su nombre buscando el error. Los resultados del análisis confirmaron que también estaban afectados el otro ovario y el epiplón.

 

¿Qué te ha aportado la natación?

Uf… Todo el mundo me ha dicho que he sido súper fuerte, que no parecía enferma. Antes de los ciclos de quimio, me venía a nadar lo que podía y eso me daba la vida. Me he tomado las siete horas de quimio con mucha paciencia (me daban dos quimio seguidas) gracias al deporte. Nadar a alto nivel te da mucha disciplina y mucha constancia. Tenía que estar fuerte y aguantar estos ciclos de quimio.

¿Cómo has llevado la enfermedad?

Nunca me han visto llorar; cuando lo hacía era en la soledad. De hecho, cuando lo anuncié a mi familia, les dije que no quería dar pena, que iba a luchar y que lo que necesitaba era gente positiva. Hubo personas que me dijeron: “No sé qué decirte”. Pues no me digas nada, dije yo; las palabras sobran. No voy a morir, no me trates como si fuera a morir. Cabe esta posibilidad pero mientras pueda, voy a luchar.

En el Real Canoe todo el mundo te adora. Es hablar de ti y solo se escuchan palabras halagadoras. ¿Estas muestras de cariño han sido y son importantes?  

En el Canoe llevo desde los 13 años y tengo 39. Todo el mundo me conoce y me tiene mucho cariño. Es como mi segunda casa. Soy una persona muy querida y todo el mundo me ha apoyado. Siempre me he quitado el pañuelo aquí y todos lo han entendido. Durante esta época, la gente se acercaba no siempre sabiendo qué decir pero me he sentido muy arropada. Es mi segunda casa o la primera, no sabría qué decirte, porque paso muchísimas horas aquí. Ha sido un gran apoyo, sin duda, además de la familia nadadora que tengo en toda España.

¿Cuándo dejaste el mundo de la competición? 

A nivel de élite, lo dejé a los 31 años. Lo retomé hace dos años con la idea de batir récord, y justo cuando me preparaba para competir en los Campeonatos de Europa Máster, me diagnosticaron cáncer.

¿Hubo momentos de agotamiento en los que te olvidaste de la natación y de salir a la calle?

La competición me ha ayudado un montón, en el sentido de que cuando compites, sacas fuerza de donde sea. Me he levantado todos los días a las ocho de la mañana, aunque estaba agotada, daba el desayuno a mis hijos, les peinaba, les daba un beso y luego a lo mejor me venía al Canoe o veía a mi madre, pero nunca me quedé en mi casa. Me vestía, me pintaba, eso sí, con los morros rojos, y eso, todos los días. Durante la quimio, te ves aceituno, como digo yo. Nunca me he maquillado, pero desde entonces, no paré de hacerlo. Estando calva, necesitaba verme con buena cara. Colorete, antiojeras, pintalabios; lo aconsejo a todo el mundo, y sobre todo, no quedarse en casa porque se te cae la casa encima. Pasear, sentarse en un banco leyendo, pero salir a la calle.  Solo dos veces no pude leer el cuento a mis hijos, y como ellos lo sabían, me cuidaban. Por supuesto que he tenido momentos de cansancio pero tenía el apoyo de mis padres y de mi marido.

¿Crees que tu recuperación ha sido más rápida gracias a la práctica del ejercicio físico?  

Por supuesto. Creo que haber practicado mucho deporte influye. Pero eso no quita que padecí los efectos secundarios de la quimio. Engordé, hice retención de líquidos. Esta parte la llevé mal. Le decía a mi oncóloga, por favor, lo que pido es no engordar; me daba igual el tema del pelo pero no el del peso. Comía bien porque la alimentación es fundamental. Aguantaba mejor la quimio comiendo bien. Me llevaba sandías, frutos rojos… Por otra parte, pedí ayuda a una amiga mía, Cristina Díaz, que es entrenadora personal. Yo siempre pido ayuda porque hay que poner remedio a ciertas situaciones. Si es verdad que sabía qué tipo de ejercicio tenía que hacer, pero ella me dirigió porque está acostumbrada a tratar con personas con cáncer. Odio correr y ahora estoy corriendo una hora. Si la natación está fenomenal en general, el cuerpo necesita impacto, y tenía que andar, correr.

¿Tus médicos te han empujado a seguir nadando?

Dije a mi médico que el deporte me daba la vida, y la oncóloga me contestó que tenía que hacer vida normal. Le pregunté si podía nadar al sol porque en el Canoe la piscina está al aire libre, y ella respondió: vida normal de una persona normal; no te pongas al sol al mediodía pero sí puedes hacerlo antes. Me he ido a la playa con mis hijos pero siempre protegida y bajo una sombrilla. Es la gente la que tenía miedo por mí. No por tener cáncer tienes que encerrarte en las cuatro paredes. Lo que sí aconsejo es que nadie vaya a la quimio sola por muy fuerte que seas. Aunque el acompañante no te hable, a la salida te puedes sentir mal y es mejor estar acompañada.

¿La práctica de la natación te ha ayudado a afrontar la enfermedad psicológicamente?

Siendo deportista de élite, he tenido un psicólogo a mi lado desde los 16 hasta los 30 años, como la mayoría de los deportistas. Gracias a eso, tengo muchas herramientas. Sin embargo, he pedido ayuda psicológica para saber cómo tratar el tema con mis hijos. Me preocupaba mucho por ellos. Al final, fue una sola sesión, porque en el fondo sabía que quería intentar vivir esta época de la forma más natural posible, sin venirme abajo delante de ellos. Esta enfermedad está compuesta de fases. No tuve un bajón grande durante los tratamientos, pero después, sí. Estuve tan fuerte que al final todo salió. Creo que pedir y recibir ayuda es importante. Si quieres gritar, grita; si quieres llorar, llora. Estás en tu derecho de hacerlo. Sobre todo, no hay que retener nada.

¿Cuál ha sido tu relación con tus hijos? 

Me tomé este momento de mi vida de forma muy natural siempre pensando en mis hijos. Con ellos hablé en todo momento explicándoles que los médicos me tenían que quitar una pelotita, y luego otra pelotita. Fue duro para ellos porque además se me infectó el catéter y tuve que estar otra vez ingresada. Poco a poco, me fui cortando el pelo, y ellos fueron partícipes de este proceso. Cuando empezó a caerse tras la quimio, le expliqué a mi hija de cinco años, María, que no iba a poner peluca y me iba a poner pañuelos. Ella sabía de qué iba porque en el colegio otras mamás padecían la enfermedad. Quería ir poco a poco antes de pronunciar la palabra cáncer, pero una niña en el cole un día le dijo: tu mamá no está enferma, tu mamá tiene cáncer como la mía y se le va a caer el pelo. Mi marido me rapó la cabeza delante de ellos, haciendo un corazón, jugando para quitar hierro al asunto. Y les dejé pintarme la cabeza diciéndoles que eran privilegiados porque ninguna mamá dejaba hacer esto. Sin duda, mi enfermedad les ha hecho más fuertes, sobre todo a la mayor.

¿Cómo han reaccionado tus familiares?

Mi marido es también deportista de élite y se ha guardado muchas cosas. A mi alrededor, como me vieron tan fuerte, no se atrevieron a venirse abajo, al menos no delante de mí. Mi marido siempre ha estado allí.

¿Has podido vivir la enfermedad de forma natural gracias a esta familia del Canoe? No todo el mundo recibe miradas de apoyo saliendo con la calva por la calle…

Es verdad que estaba cansada de estas miradas en la calle. Mi marido me decía que por haber decidido ir calva tenía que asumir las consecuencias, porque ir calva no es lo normal. Y digo que es un error. Si la gente se tomase la enfermedad de forma más natural, nos sorprenderíamos de las reacciones. Yo iba como Caillou [personaje de literatura infantil que por ser bebé es calvo]. Lo que sí no me parece bien es este silencio por parte de los padres ante los niños: lo esconden, ¿pero quién no tiene en la familia a alguien con cáncer? Hay mucho sentimiento de vergüenza. En una ocasión, me duché con mi hija en público y sus compañeros se rieron de mí por ser calva, y ella se dio cuenta. Su reacción fue contármelo y decirme que era guapa con y sin pelo.

¿Cuál es tu relación con tu cicatriz? 

Tuve problemas porque se me infectó y lo pasé muy mal. Pero luego mi cuñada me regaló sesiones en las cuales te movilizan la cicatriz, te la masajean, te quitan las adherencias, y la verdad es que me fue muy bien. Ya me pongo bikinis, pero si te soy sincera, es de las cosas que menos me preocupa. La gente me dice cómo me atrevo a ponerme un bikini con una cicatriz, pero después de ir calva, ¿qué más da? Es pura estética, y me da igual. Por mi parte, priorizo otras cosas aunque entiendo que a otros les importe.

¿Cómo te encuentras? 

Me encuentro muy bien. He vuelto a trabajar; me dieron el alta y vine directamente al Canoe, y estoy trabajando desde entonces a jornada completa. Necesitaba recuperar mi vida. Volví a dar clases particulares de natación y a trabajar de socorrista. Al principio, me costó un poco porque todavía… Pero ahora  me siento mejor, estoy con mi peso, alterno la natación y carreras y estoy pensando en ir al Campeonato de España Máster porque creo que para mí es sinónimo de superación. Hace un año estaba en pleno tratamiento. Ir a este campeonato justo un año después me va a permitir decir que sí, que estoy bien, que me he recuperado. Va por mí y todos los que lo pasan mal. Al salir de la enfermedad hay que dejar de pensar en ella; intentar seguir adelante, vivir, y a disfrutar de la vida día a día.

Gracias al Real Canoe por su amabilidad.

Bañadores de Adela & Viki.

 

Por: Valérie Dana Fotos: Pablo Gil

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