Psicología

Las emociones se pueden contagiar
Las emociones se pueden contagiar
48 años ago

Las emociones se pueden contagiar

Cada mes te vamos a proponer fichas realizadas por una psicooncóloga apasionada, Cristina Moutas Cimadevilla. Da apoyo psicológico a mujeres que sufren o han sufrido cáncer de mama, tanto grupal, enfocado a la psico-educación, como terapia individual.

Ficha nº 5: El contagio de las emociones

Hola a todos. ¿Cómo va la evolución de vuestra inteligencia emocional? ¿Habéis conseguido conocerla un poquito mejor? ¡Seguro que sí! 🙂

Muchas son las sensaciones que percibimos pero que realmente nunca hemos expresado en alto. Quiero tratar este mes un aspecto que si nos hacemos conscientes de él puede ser muy útil para nuestra relación con los demás u otros elementos del día a día: el contagio de las emociones.

¿Nunca has empezado el día de una determinada manera y al acabarlo te sentías de otra completamente diferente? ¿Te has sentido mal y por muchas vueltas que le dabas no encontrabas la razón? ¿Has tenido preocupaciones que no eran tuyas pero has sufrido como si lo fueran? Si has tenido curiosidad por saber, este es tu artículo.

¿A qué nos referimos?

La palabra ‘contagio’, en principio, se usa habitualmente para referirnos a la transmisión de una enfermedad de una persona a otra, pero este fenómeno no solo es físico si no también puede resultar ser psicológico. Estamos compuestos de diferentes dimensiones, de alma y cuerpo, podemos pensar que son distintas, pero aunque no lo creamos, existen mecanismos parecidos ya que están íntimamente conectados.

El mecanismo de contagio emocional que existe en nosotros está inscrito en nuestro instinto, en nuestra naturaleza, y como muchas otras formas de inteligencia emocional, es adaptativa. Nos permite moldearnos a nuestro entorno y así sobrevivir de la mejor manera posible.

Parece que imitar acciones o actitudes o hacer lo que hacen los demás en determinadas situaciones nos ayuda a saber qué es exactamente lo que tenemos que realizar para adaptarnos eficazmente y con el mejor resultado posible. Un par de ejemplos:

  • Vas a comprar por primera vez  un billete de tren. No sabes lo que tienes que hacer, pero ves que toda la gente que entra justo antes que tú se coloca en una fila o cola, la cual ves que termina en una ventanilla, por lo que decides colocarte en esa fila ya que todo el mundo lo hace y lo relacionas con comprar un billete.
  • Si vamos por la calle y todo el mundo empieza a correr, nosotros corremos aunque no veamos amenaza ni nada extraño pero hacemos lo mismo porque obviamente pensamos que por algo será.

¿Qué queremos decir con todo esto?

Las emociones se contagian exactamente por la misma razón, nos adaptamos al ambiente tal y como esté, ya que nuestra programación cerebral está así establecida. Si existe un ambiente hostil, la manera de poder sentirme en línea con él será comportarme como tal, aunque obviamente al final la hostilidad no es la mejor actitud para gestionar nada. Si no vibramos en la misma onda, chocaremos y huiremos, pero, ¿qué ocurre cuando es mi ambiente familiar o laboral o cuando no lo puedo evitar? Al final, por muy positivos que queramos estar, o todos se comprometen a un cambio para bien o tú te acabas alejando, si no, en el peor de los casos, acabas comportándote como el resto.

Ocurre también algunas veces que quedamos con un amigo que se siente triste y que después de estar con él nosotros también nos sentimos igual. Parece mentira, pero es parte del proceso para poder ayudarlo, ya que al transmitirnos su dolor, siendo una persona importante para nosotros, surge la empatía. Parece que si no compartimos ese dolor no somos capaces de dar con una solución a su problema de la misma manera que si no lo fuera. Lo interesante de todo esto es que al no ser nuestro propio problema podemos ver la claridad con más intensidad que la persona que lo está sufriendo y ser más eficaces para llegar a la solución.

Lo negativo del contagio emocional

Meses atrás explicábamos cómo existían emociones consideradas mejores que otras por el efecto que nos provocan. También comentábamos como las que no son tan aceptadas podían ser buenas e incluso necesarias en determinados momentos de nuestra vida. El miedo, la tristeza y la ira son igual de importantes e imprescindibles, pero en exceso o con una mala gestión pueden ser terriblemente dañinas. La transmisión de nuestra emoción a nuestro entorno es una señal comunicativa muy potente, con la que  todos percibimos que hay un problema que tiene que ser resuelto, pero diferentes elementos se mezclan junto con las emociones y esto hace que el desconocimiento de lo que debemos hacer nos lleve a empeorar la situación mucho más de lo que está, ya no solo por nuestra parte si no por parte de nuestro círculo de amigos, compañeros de trabajo y familiares.

¿Qué puedo hacer para evitar contagiar emociones negativas?

Uno de los consejos es que practiquéis el ejercicio que os proponía en artículos de meses pasados de conexión pensamiento-emoción-conducta. Revisarlo de nuevo si queréis. No podemos evitar sentirnos de determinada manera pero sí podemos modificar y decidir cómo actuar, intentando enfocar lo que nos ocurre por el lado más beneficioso para nosotros y para los demás. Por ejemplo:

Me he sentido rechazada por mi jefe en el trabajo porque un informe que me ha costado mucho acabar lo ha valorado como un fracaso y todo tiene que volver a repetirse. Obviamente en esta situación nos sentimos completamente abatidos. Nuestros gestos y maneras de expresarnos comunican al resto de mi entorno mucha tristeza, la cual acabaré contagiando si sigo en el bucle de la negatividad. Además, esta tarde se celebra el cumpleaños de un amigo y ya no hay ganas de celebrar nada. ¿Cómo gestionamos esto? Varios consejos:

  • Sentarse y respirar profundamente.
  • Después, cuando noto que mi respiración se ha equilibrado, debemos de comenzar nuestra toma de conciencia. Ha sido un disgusto el haberse esforzado y resulta que al final nuestro trabajo no era correcto, pero mañana puedo volver a corregirlo, no es algo fijo y estable, puedo cambiar el resultado.
  • No me siento con ganas de nada, pero tengo que darme cuenta de que me gusta estar con mis amigos, siempre me resulta agradable, y seguro que en cuanto los vea esto me ayudará a desconectar de todo. Hoy hay que celebrar un cumpleaños y por tanto la vida.

Este último tipo de pensamiento ya nos lleva  poco a poco a ir sintiéndonos de otra manera y enfocarnos en lo positivo. Hay que intentar ir despacio, este ejercicio no va a salir bien al 100% al principio, pero si insistimos en él veremos progresión.

Algunos de los consejos que os recomiendo para poder facilitar este proceso serían:

  • Practicar actividades que nos beneficien y nos traigan bienestar, como el realizar un deporte que nos guste o hacer salidas al aire libre en plena naturaleza y que además sean novedosos para nosotros. Esto nos ayuda a ventilar la mente y el cuerpo, resulta ser un gran desintoxicante.
  • Todos los días debemos marcarnos un objetivo que por muy pequeño que sea, nos dé alegría. Pasar por delante de un parque que nos traiga bonitos recuerdos o comer un trocito de pastel pueden ser alguno ellos.
  • Si hay algo que no te gusta o te trae malestar, no aguantes: CÁMBIALO.
  • Cuida tus compañías y cuídate tú. Evalúa.

Todo esto nos ayuda a enfocarnos en el mejor lado de la vida, aunque ocurran acontecimientos que no son tan buenos e inevitables, pero así aprenderemos a sobrellevarlos mejor. ¿Os atrevéis?

Ahora vayamos al siguiente punto, que tiene que ver con el último consejo. Ya sé que puedo hacer para evitar contagiar lo negativo, pero, ¿y si fuera al contrario?

¿Qué puedo hacer para evitar que me contagien en exceso emociones negativas?

Primero practiquemos evitar contagiarlas, este paso es mucho más sencillo aunque nos parezca mentira.

Tenemos que tener en cuenta y pensar siempre que no todo el mundo es como nosotros, ni piensa como nosotros, ni gestiona las cosas igual. Todo el mundo hace lo que puede con lo que tiene. Si alguien nos hace sentirnos mal, limitemos. Incluso antes de limitar, comuniquemos, poniendo en su conocimiento cómo nos está haciendo sentir y cómo pensamos que podemos mejorar la situación y la relación. La voluntad puede con todo, pero puede darse que aunque hayamos puesto de nuestra parte, esta persona siga igual, así que empezaríamos a limitar, a poner espacio.

Las compañías son muy importantes en nuestro día a día, evaluemos el ambiente, veamos qué relación puede no resultar limpia, y actuemos. Si ocurre con una determinada persona y esta se muestra comunicativa, mostremos lo que está ocurriendo. Demos la oportunidad de dar a saber y de poder enmendar. Si no es posible, tomemos decisiones.

Esto son mis consejos, siempre pueden variar de una persona a otra o de una situación a otra. Habría que mirarlos cada uno por separado, pero intentad adaptarlo a vosotros mismos lo máximo posible.

Como siempre, espero que os haya gustado e interesado. ¡Os animo a ponerlo en práctica!

Pongámosle una sonrisa a la vida 🙂

¡Hasta pronto!

Por: Cristina Moutas Cimadevilla

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