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Saber escuchar, atender pero no solo a los pacientes
Saber escuchar, atender pero no solo a los pacientes

Saber escuchar, atender pero no solo a los pacientes Foto: Volkan Olmez on Unsplash

49 años ago

Saber escuchar, atender pero no solo a los pacientes

No todos somos capaces de saber escuchar, de atender a las personas que sufren. Algunos sí porque dedican su vida a ello. Es el caso de Marta de La Fuente, psicooncóloga y psicóloga sanitaria especializada en ansiedad y estrés en el MD Anderson Cancer Center Madrid, que ha aceptado contestar a mis preguntas.  

 

Llegué al mundo relativo al cáncer hace seis años, y a lo largo de este periodo, he escuchado muchas veces el mismo mensaje: faltan psicooncólogos. Hace poco la Asociación Española Contra el Cáncer ha presentado datos que no pueden dejar a nadie indiferente: el 94 % de las comunidades autónomas ofrece de forma insuficiente un tratamiento psicológico especializado para los pacientes oncológicos.

Saber escuchar, atender pero no solo a los pacientes Foto: Volkan Olmez on Unsplash

Foto: Volkan Olmez on Unsplash

¿Cómo interpretas estas cifras? ¿Qué dirías a las autoridades para que reaccionen ya, cuanto antes?

Si queremos trabajar para mejorar la calidad de vida y la salud, tanto física como emocional, de nuestros pacientes no solo debemos centrarnos en dar un servicio de calidad a nivel médico, clínico y sanitario, sino también trabajar la parte emocional, porque está demostrado que una buena gestión de las emociones del paciente oncológico mejora su supervivencia y, sobre todo, produce una disolución significativa de los efectos secundarios, y una mejoría de la calidad de vida durante los tratamientos. Si queremos seguir haciendo una medicina y una prevención de calidad tenemos que trabajar con las emociones.

Los pacientes deberían estar en el centro de las preocupaciones. Aunque puede ser verdad que están en el centro del cuidado, creo que pocos son los que les escuchan de verdad.

Los profesionales intentan escuchar al paciente. Lo que ocurre es que a veces eso supone hacer cambios: implantar nuevos protocolos, servicios, etc. Y en estos momentos no sé si es factible, tanto económica como logísticamente. Pero sí es cierto que se han de tomar decisiones y actuar. Porque ahora mismo la salud emocional es un hecho, no solo en el paciente oncológico y en su familia, sino en la sociedad en general. Cada vez se atiende  más a la gestión emocional; cómo una conducta saludable puede ayudar a la prevención y mejorar la calidad de vida.

Se están demonizando las terapias complementarias (meditación, fitoterapia, acupuntura, etc.). Sin embargo, a veces pueden ayudar a reducir el estrés, el insomnio, la ansiedad… Deben realizarse siempre con la aprobación del especialista que nos trata. ¿Lo ves peligroso o podría ser un complemento a un tratamiento médico y a una ayuda psicológica?

Siempre digo que este tipo de terapias tienen que ser complementarias al tratamiento médico, en eso estoy totalmente de acuerdo con lo que dices. Es importante tener la confirmación de que no haya ningún problema a nivel médico a la hora de recurrir a ellas y que el personal sanitario dé su aprobación a este tipo de tratamientos. Siempre que ayuden al paciente, bienvenidos sean. En muchas ocasiones, los pacientes nos trasladan que gracias a ellos les mejora el sueño, la percepción de controlar ciertas sintomatologías; si está mejorando la calidad de vida, adelante. En el tema de la meditación, desde la psicología se está trabajando con el mindfulness ya que hay estudios científicos que comprueban que existen beneficios en la gestión de las emociones del paciente. Pero es solo una parte de esta gestión. Hay que trabajar también otras esferas de las emociones. Lo más peligroso es cuando el paciente se queda únicamente con esta opción.

Hay dos especialidades que parecen no importar a la hora de recibir a un paciente diagnosticado con cáncer, el nutricionista y el psicooncólogo. Ambos tienen un papel fundamental a la hora de abordar esta enfermedad. Cuando se escucha a los médicos, siempre hablan de equipos multidisciplinares, lo que significa que trabajan conjuntamente, pero estos grupos existen para el paciente en muy pocos hospitales españoles. ¿Cómo explicar este lenguaje a dos velocidades? ¿Crees que vuestra labor no está valorada?

Creo que nuestra labor está cada vez más valorada, pero aún falta mucho por hacer. La verdad es que la subespecialidad de la psicooncología es bastante joven y hasta poco se desconocía en qué consisten nuestras funciones. Además, hay poca información acerca de la parte científica de la psicooncología. A veces se tiene una visión distorsionada de lo que hacen los psicooncólogos, y eso hay que trabajarlo. Nos valoran cada vez más pero aún tenemos que concienciar y explicar nuestra función. En cuanto a la nutrición, no soy ninguna experta pero veo que es una demanda muy frecuente en nuestros pacientes. Lo que ocurre es que a veces hay mucho intrusismo de profesionales y no profesionales que empiezan a hablar sobre aspectos de nutrición sin tener la capacitación para hacerlo. Por eso es muy importante tener en cuenta los peligros de la intrusión en determinadas especialidades, como puede ser el área de la dietética y nutrición y de la psicología. Parece que todas las personas saben de ello y no es así.

Puedo dividir a las personas que he entrevistado en dos grupos. En primer lugar, los que han conocido a un especialista que ha sido capaz de escucharles y ayudarles. Y, por otra parte, un grupo de personas que están muy decepcionados con los psicooncólogos. En mi vida he ido a ver psicólogos y no todos eran buenos. No padecía una enfermedad, con lo cual he cambiado de profesional y listo. Cuando una persona está enfrentándose a un cáncer, la situación es más complicada. Necesita una atención válida inmediata. ¿Qué formación hay que tener para ser un buen psicooncólogo?

Para ser un buen psicooncólogo, lo primero que hay que tener es la carrera de psicología (licenciatura o grado en psicología). Además, tener la habilitación de psicólogo sanitario o PIR, y después hacer una especialización, que normalmente es de dos años dependiendo del máster que se haga, con sus prácticas correspondientes específicas en psicooncología. Luego tiene que haber una formación en centros especializados en cáncer para que nos aseguremos de que el profesional tiene experiencia en dicho ámbito. Pero también hay algo muy importante: no solo importa la formación sino también las habilidades del terapeuta. La responsabilidad y la implicación del profesional con sus pacientes, la metodología del trabajo que se haga. No solo pasa con la psicooncología sino con otras especialidades: no todos los profesionales trabajamos igual. En psicología suele pasar que, dependiendo de la corriente que tenga el profesional o de su forma de trabajar, el paciente percibe un servicio diferente. Es muy importante que se reclame una atención especializada, que haya una planificación del tratamiento, que haya unos objetivos, que el paciente sepa en todo momento qué está haciendo el profesional, cuáles son las técnicas empleadas, etc. Porque, a día de hoy en psicología, hay técnicas que está comprobado científicamente que funcionan.

“No solo importa la formación sino también las habilidades del terapeuta”

¿Atiendes a médicos que están tratando a personas con cáncer? Lo veo personalmente en mi trabajo. No tengo una formación médica. A veces me resulta complicado ser capaz de escuchar historias difíciles, de estar informada de recaídas, etc. Más de una vez he pensado en ir a un especialista para que me ayude. El médico, en su relación con los pacientes, se enfrenta a diario a situaciones obviamente mucho más complicadas que la mía. ¿Tienen un seguimiento psicológico?

Eso depende del centro donde trabajen y de la importancia que le den a este tipo de situaciones desde la gerencia del hospital o del centro. Por mi experiencia, los médicos que tienen un seguimiento psicológico son aquellos que voluntariamente piden ayuda. Son aquellos que observan que pueden trabajar para fomentar e incrementar sus recursos personales en la gestión de sus emociones, pero es una decisión voluntaria. La verdad es que en mi profesión no solo estamos para los pacientes y sus familiares, sino también para los profesionales, aunque a veces son muy resistentes a pedir ayuda. No podemos olvidar que los médicos son personas y como tal tienen emociones y hay que saber hasta qué punto tienen recursos para gestionarlas. Independientemente de su trabajo pueden tener unas características de personalidad que les hacen ser más ansiosos, más nerviosos, tender a la tristeza, a la obsesión… Y eso lo tenemos que trabajar. Y si, aún así, trabajan constantemente con sufrimiento por sus pacientes, se convierte en un trabajo muy duro y hay que hacer un buen acompañamiento emocional.

Muchos de los acompañantes de pacientes van una sola vez al especialista porque no quieren que indaguen en su vida, pero así no ayudan a su pareja o familiar ya que el miedo está demasiado presente. ¿Qué se puede hacer para que el familiar pueda vivir mejor la situación?

Muchas veces la familia es muy resistente a pedir ayuda porque creen que el primero y lo más importante es el paciente, pero ahí se equivocan. Pongo siempre al familiar en la misma escala que el paciente, porque está sufriendo mucho a nivel emocional. Incluso hasta sufren más porque no tienen los mismos recursos. Les hago ver cómo puede repercutir, tanto positivamente como negativamente, que ellos estén sobrecargados, saturados, estresados. Les hago ver los beneficios de que ellos tengan una buena gestión de sus emociones. También les hago la siguiente pregunta: “¿tú quieres ayudar a tu familiar, a tu ser querido?” “Por supuesto”, me contestan. “¿Y cómo crees que le puedes ayudar?” “Logísticamente”, suele ser la respuesta. Hay que hacerles ver situaciones concretas en las que a lo mejor no han tenido una buena gestión. Por ejemplo, si han pegado un grito, hacerles ver que hubieran podido actuar de otra manera; intentar saber por qué han pegado este grito, qué les está pasando… Es importante hacerles ver que si queremos dar mucho, lo importante es que nosotros estemos bien. Debemos valorar con ellos hasta qué punto se encuentran serenos y tranquilos, y si están trabajando con su proceso emocional. Así pueden entender los beneficios que va a traer directamente a sus seres queridos el hecho de que ellos estén bien. Muchas veces les ayudo a darse cuenta de que si siguen aguantando y sobrecargándose, los cuidados después empeoran. Si realmente quieren hacer prevención y ayudar de una forma correcta, es clave y fundamental que se cuiden.

“Pongo siempre al familiar en la misma escala que el paciente, porque está sufriendo mucho a nivel emocional”

¿Cómo se gestiona el miedo, el pánico, diría yo, a la muerte? En nuestra sociedad sigue siendo un tabú tremendo y al final es algo absurdo porque nadie se va a librar. ¿Cómo vivir mejor esta aprehensión, esta realidad?  

Esta pregunta es muy amplia porque va a depender de la personalidad del paciente, de la situación vital en la que se encuentra. El hecho de hablar del tema tranquilamente con el paciente es un paso. Permitir un espacio para comunicar sobre sus inquietudes y sus miedos es importante. Una vez que se desahoguen, hemos de hacerles ver que es normal que sientan estos miedos, que es algo muy intenso. Hay que normalizar las incertidumbres, permitir que estas emociones salgan. Debemos empezar a trabajar con el paciente para saber qué es lo que le preocupa exactamente respecto a la muerte, cuáles son sus inquietudes asociadas con esta situación. Muchas veces hablan del miedo al dolor; en este caso tú puedes aliviarle dándole la información que necesita. Eso depende de cada caso pero la pauta, a nivel general, es crear un espacio para hablar tranquilamente de todos estos aspectos trabajando la parte de la espiritualidad, tan importante.

“Debemos empezar a trabajar con el paciente para saber qué es lo que le preocupa exactamente respecto a la muerte”

¿Es algo que debería entrar en las casas desde la infancia?

Sí, así es. En nuestra cultura nos cuesta muchísimo, lo que no es el caso en otras culturas. Partiendo de que, desde que somos niños, cuando hay un fallecimiento de un ser querido, deberíamos hablarlo con normalidad haciéndoles partícipes de los ritos de un funeral o un entierro. Sería muy importante  porque es algo natural, doloroso pero natural.

¿Cuáles son los temas recurrentes en tu consulta? ¿Qué necesidades existen desde tu punto de vista?

Hay un tema recurrente que es el miedo a sentir emociones desagradables. Es decir, la creencia de que sentir emociones negativas es malo. Ahora mismo como sociedad estamos en un momento en  el que parece que, para tener una buena gestión de nuestras emociones, es importante que sintamos emociones positivas, que seamos felices. Algo muy recurrente es que no trabajamos la tolerancia al sufrimiento y lo vemos como algo negativo. Tengo que trabajar constantemente el que se asocia que una persona es fuerte cuando no siente emociones negativas. Debemos trabajar en la sociedad el papel adaptativo de las emociones, que son importantes y necesarias.   

¿No estamos preparados para sufrir?

No, y además muchas veces decimos: “no quiero sufrir, no quiero tener ansiedad”. Pero eso es imposible porque es como quitarte la vida. Las emociones son parte de nosotros mismos. Los fármacos, tanto antidepresivos como ansiolíticos, son los más recetados en las farmacias porque en el momento que tenemos un malestar, automáticamente recurrimos a un tratamiento farmacológico. Es necesario en muchas ocasiones, pero no siempre.    

 

Por: Valérie Dana Foto: Volkan Olmez on Unsplash

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