Terapias complementarias

Terapias complementarias
48 años ago

Terapias complementarias

En España, alrededor de un 30% de los pacientes en tratamiento oncológico utiliza algún tipo de terapia complementaria para paliar los síntomas de la enfermedad o los producidos por los tratamientos. Yoga, meditación, fitoterapia, homeopatía, acupuntura o reiki son algunas de las técnicas que se utilizan como complemento a los tratamientos habituales contra el cáncer.

En Estados Unidos, el Centro de Medicina Integradora del MD Anderson Cancer Center ofrece, como parte del programa de Oncología Integradora, una serie de servicios que atienden los aspectos físico, social y mental o espiritual de la persona, como nutrición para la salud, acupuntura, masaje oncológico, musicoterapia, arte, risoterapia, meditación, yoga, Pilates, Tai-Chi o Chi-kung, además de psicoterapia. En los hospitales de MD Anderson en nuestro país no existe ningún programa similar.

La Oncología Integradora combina la medicina convencional con las prácticas de la medicina complementaria y alternativa, de las que existe eficacia probada en la práctica clínica. Verónica Calderero, oncóloga del Hospital de Barbastro, insiste “como hace la escuela francesa, que son tratamientos complementarios que nunca han de reemplazar al tratamiento oncológico”.

Se trata de un tratamiento complementario y no alternativo.

En España, la Sociedad Española de Oncología Médica  ha creado un apartado de Medicina Integrativa en la página web www.oncosaludable.es con el fin de que “pacientes, profesionales y familiares accedan a una información actualizada”. Se trata de “un gran paso que tiene en cuenta sus necesidades de conocimiento de una información rigurosa”, según la Dra. Pilar Lianes. La jefa de Servicio de Oncología Médica del Hospital de Mataró de Barcelona, y miembro de la junta directiva de la SEOM, es la autora de la iniciativa, que recibió uno de los premios anuales de Diario Médico a “las 100 mejores ideas de 2012” en la categoría de “Política Profesional”. El buscador de terapias integrativas está dividido en tres secciones: plantas medicinales, elementos y minerales, y terapia cuerpo-mente. Dentro de la denominada Oncología Integrativa, figuran técnicas como aprender a relajarse en profundidad y parar la mente con la meditación, realizar ejercicio, algunas posturas de yoga o Mindfulness.

Fortalecer el sistema inmunitario

El programa MBSR (Mindfulness-based Stress Reduction) “se aplica a la reducción del estrés, y hay pruebas de que el entrenamiento de ocho semanas potencia el sistema inmune. Estudios científicos demuestran la correlación entre las hormonas del estrés y una peor recuperación de la enfermedad. Cuando deja de funcionar el sistema inmune, la recuperación es peor”, explica la instructora española Ana Arrabé. Se trata de “un tratamiento complementario y no alternativo”.

Elana LVRnbaum es una de las pioneras en la aplicación clínica de la meditación Mindfulness en el tratamiento contra el cáncer y en su uso en psicoterapia con pacientes oncológicos. Su experiencia al afrontar la enfermedad con la ayuda de la “conciencia plena”, la llevó a desarrollar una intervención basada en la atención plena para trasplantados de médula ósea. Aunque no existe un programa exclusivo de Mindfulness para personas con cáncer, sí “está enmarcado en el entorno clínico”, explica Arrabé y en los hospitales de Estados Unidos existen clínicas a las que son derivadas los pacientes por sus oncólogos. En España aún no se aplica en hospitales, pero “sería maravilloso que los especialistas derivaran a los pacientes”, reconoce.

En nuestro país, cuatro instructores de MBSR, entre ellos Ana Arrabé, han elaborado una propuesta, que se ofrecería a nivel nacional, con el propósito de investigar cómo influye el Mindfulness en el estado emocional y el grado de aceptación de la enfermedad en un grupo de participantes del programa, como complemento a las ayudas terapéuticas y vivenciales ofrecidas por Asociación Española Contra el Cáncer.

Más investigación

La principal crítica que reciben algunas de estas técnicas es su falta de evidencia científica. Verónica Calderero, que usa homeopatía para “control del cansancio y estímulo del sistema inmune y, en general, todas las molestias asociadas a la quimioterapia”, reconoce que “ensayos clínicos no hay como tales, en homeopatía es difícil hacerlos porque los tratamientos son individualizados y el que vale para un paciente no vale para otro”. Ella ha tenido una “buena experiencia” con la homeopatía “en el control de molestias digestivas, radio-dermitis o alteraciones de la piel por radioterapia, toxicidades cutáneas que son frecuentes con los nuevos medicamentos que se usan en oncología. Tengo casos clínicos de cosas que son evidenciables y la evolución es espectacular, la relación causa-efecto de la desaparición de la toxicidad con la homeopatía es directa”, asegura. “Hay cosas que son evidenciables: que mejore o no el cansancio es subjetivo, pero si desaparecen las úlceras de un paciente que tenía la mano llena, ahí no hay subjetividad. Mi impresión es que los pacientes viven más y mejor, y en mejores condiciones” tomando homeopatía, “pero esto no está cotejado por estudios científicos”.

También Dulce Camacho, directora de la Asociación Alaïa (Asociación de Ayuda a Enfermos Graves y Personas en Fase Terminal o Duelo), reconoce que “haría falta más investigación”, y confiesa que “llevamos quince años dando reiki a pacientes en el hospital Ramón y Cajal de Madrid y “hemos observado tantos cambios que no necesitamos comprobaciones, pero estaría bien conocer sus efectos físicos y eso ayudaría a otros proyectos”. Desde oncosaludable.es se insiste en que “natural o alternativo no equivale a seguro y beneficioso”, ya que algunos tratamientos “naturales” no son inocuos o no se pueden utilizar junto a los oncológicos necesarios. “El mayor problema de pacientes con cáncer que toman muchas medicinas complementarias es que piensan que todo es homeopatía, porque no distinguen, cuando hay mucha fitoterapia, que muchas veces produce interacciones químicas y puede ocasionar problemas con la quimioterapia”, explica Verónica Calderero.

Por ello “hay que insistir en que lo hagan profesionales formados, que sean médicos. Los tratamientos complementarios a pacientes con cáncer los han de hacer médicos titulados, porque son pacientes complejos con tratamientos complejos y hay que saber muy bien lo que se les pone”.


Ana Arrabé

Instructora de Mindfulness.

MCH_1910Ana Arrabé descubrió el Mindfulness “de forma intuitiva, porque comencé a relacionar que, cuando estaba estresada, por ejemplo, por saber qué iba a pasar en una prueba, me sentía más cansada y tenía más efectos secundarios”, mientras que “cuando estaba más en el presente utilizaba más mis propios recursos”.

El programa de Reducción de Estrés basado en Conciencia Plena (MBSR) “me permitió disfrutar, dentro de un proceso largo, de dos años de tratamiento” en el que la actual instructora de Mindfulness se sometió a quimioterapia, un trasplante de médula y radioterapia. “Estar presente y no juzgar me permitió disfrutar del proceso, de mi entorno familiar y de amistades”. De este modo pudo “llevar a los niños a un cumpleaños, disfrutar, y después ir al hospital a ponerme la quimio. No empezar a sufrir porque había un tratamiento el viernes”.

Cuando te diagnostican un cáncer “caen como una losa los prejuicios sobre la enfermedad” y frente a ellos, el Mindfulness te permite abrirte a la experiencia. Esto “tiene que ver con la relación directa” con la realidad “cómo es y no cómo crees que va a ser”. Por ejemplo, en casa “construimos un baño abajo para vomitar sin que me vieran los niños y nunca vomité”. La clave es darse cuenta de que “nunca has estado ahí”.

El Mindfulness “es una forma de prestar atención a lo que ocurre, mirar tu vida tal y como es en este momento. Empaparse de la propia realidad te permite usar al máximo los recursos que tienes para afrontarla.” Se trata de “vivir esto tal y como es”, tener la “intención clara de querer prestar atención. Se necesita coraje cuando lo que está pasando no te gusta”, reconoce.

“Si tú no puedes hacer nada por ti, nadie puede hacerlo”

Mindfulness es una “medicina participativa, porque propone que la persona se haga partícipe del proceso de recuperación de su salud” ya que, “si tú no puedes hacer nada por ti, nadie puede hacerlo”. El programa no es una terapia, sino que “se presenta como una formación psico-educativa, que propone: haz algo por ti mismo, porque hay mucho que puedes hacer en relación a tu proceso”. Frente a un sistema en el que se despoja de poder al paciente, la pregunta es: ¿qué puedo hacer yo por mí? “El comportamiento es responsabilidad de la persona. Hay un universo infinito de cosas que puedes hacer por ti mismo”. En este sentido, la de Mindfulness “es una visión distinta” de la enfermedad, con un mensaje claro: “se puede reducir el sufrimiento”.

Es consciente de que “mi experiencia como paciente con cáncer puede ayudar a mucha gente y ser esperanzadora”, aunque “en mis grupos hay personas con cáncer y otras que no lo padecen, porque lo que nos une es el deseo de ser más felices”. Y concluye: “Para una persona diagnosticada de cáncer, la vida sigue”.

Más información: www.eus3.com

Pilar Lianes

Miembro de la Junta Directiva de la SEOM y jefa del Servicio de Oncología Médica del Hospital de Mataró de Barcelona.

Pilar_Lianes

Pilar Lianes está convencida de que las terapias complementarias han de aplicarse “desde la evidencia y el respeto” y nunca como alternativa al tratamiento oncológico. “En mi experiencia, no pueden sustituir al tratamiento convencional”, afirma. “Las personas que tienen una enfermedad grave buscan lo que creen que les puede ayudar”.

Pero más allá del interés de los pacientes “hay que estructurar el conocimiento” y en nuestro país “falta dar pasos que transformen nuestra formación y la práctica, con una enseñanza estructurada basada en la evidencia”.

En los profesionales se observa una inquietud, “pero mucho menos que en los pacientes”, que al menos en su hospital siguen pidiendo el soporte de otras terapias. En este sentido resultan muy útiles los “programas paralelos de colaboración con asociaciones de pacientes para la práctica de grupos de meditación o yoga”. “Herramientas que sirven a la persona, más allá de que esté enferma”.

La doctora cree que “en España, lo que motiva la evolución hacia una Medicina Integrativa es centrarnos en las necesidades del paciente, más allá del tratamiento de la enfermedad. El personal sanitario al cuidado de pacientes oncológicos suele ser consciente de sus necesidades globales, otra cosa es que en el entorno hospitalario podamos atenderlas globalmente”, dice. Desde su experiencia, “las personas que atendemos a enfermos graves sentimos necesidad de otras herramientas que sirven a la persona, más allá de que esté enferma”. Estas terapias mente-cuerpo abordan técnicas como el ejercicio o la meditación: “muchos profesionales las llevamos tiempo practicando como formación personal y vemos que tienen una utilidad para las personas a las que atendemos”. “A veces, queriendo ayudar podemos no hacerlo”, “la clave es saber utilizarlas”, dice. “Lo importante es conocer quién lo da, si está formado… que el terapeuta conozca al enfermo oncológico”, “cuya situación es muy delicada y es preciso saber valorar muy bien su estado, porque a veces queriendo ayudar podemos no hacerlo. Se necesita en este sentido una supervisión que no tenemos en este momento”. También es esencial “disponer de toda la ayuda necesaria” y que el equipo sanitario que le atiende esté “muy bien formado en medicina”, pues se trata de “un abordaje de pacientes de gran complejidad. En el caso del enfermo de cáncer has de conocer muy bien al tipo de paciente que te encuentras”, y para ello “haría falta mucha más formación de la que tenemos”.

Formada en yoga, medicina homeopática y Mindfulness, insiste en que “la clave está en la formación. En Estados Unidos hay programas y aquí no hemos comenzado todavía”. En su opinión, en España “falta soporte institucional, aunque se han dado pasos”, y “nos falta bastante en la formación de los estudiantes, falta interés y quizás atrevimiento”. Además, denuncia que “no estamos haciendo investigación, necesaria para dar evidencia”.

Más información: http://www.oncosaludable.es

 

Dulce Camacho

Directora de la Asociación Alaïa.

MCH_1885La Asociación Alaïa de ayuda a enfermos graves y personas en fase terminal o duelo es la primera organización que introdujo el reiki en hospitales. Desde 2004, se ofrece a los pacientes de Oncología, Hematología, Neonatología, Pediatría, Otorrinología, Psiquiatría y Medicina Interna del hospital Ramón y Cajal de Madrid, como parte de un acuerdo con el Servicio de Atención al Paciente.

“Ha habido mucha colaboración desde el principio”, explica Dulce Camacho, directora de la asociación.

 Entre los beneficios que se han observado, “los enfermos necesitan menos medicamentos, llaman menos a las enfermeras y utilizan menos analgésicos para el dolor”. También “en bastantes casos han comentado que les han subido las defensas y los efectos secundarios disminuyen”. En general “se encuentran mejor. La quimioterapia tiene menos efectos y la radioterapia produce menos quemaduras”. En el 90% de los casos o más “el efecto es que se quedan dormidos”. Según cuentan sus familiares, “lo que más notan es el descanso, que pueden dormir bien, se quedan más tranquilos y mejora su estado anímico”. Los principales beneficios se producen “a nivel emocional, de aceptación de la enfermedad. Los pacientes aprenden a vivir de otra manera” el proceso. “También hemos comprobado que ayuda a disminuir los niveles de ansiedad en procesos de duelo”.

“Hemos cuidado mucho que el reiki no se asocie con algo esotérico”

La mayor parte de los pacientes “quieren probar”. Para Camacho, “un indicativo de lo que pasa es que cuando vuelves a ofrecer el reiki, quieren repetir o preguntan al personal sanitario para que les avisen cuando se realice”. “La mayoría de la gente que prueba, repite”, dice. Además, “en general lo acogen bien”. Ello se debe, en opinión de la directora, a que “se ha cuidado mucho que el reiki sea algo muy aséptico, para evitar el rechazo. Se cuida en la formación de los voluntarios que van a ir, que no se asocie con algo esotérico”.

Ahora bien, “el reiki no es la panacea”, reconoce. “¿Ayuda? Sí. No interfiere en el tratamiento”, sino que “apoya el que se está llevando” a cabo “ y puede ayudar” al paciente.

Más información: http://www.alaia-duelo.com/

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