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Tomar decisiones difíciles
Tomar decisiones difíciles
49 años ago

Tomar decisiones difíciles

Las decisiones nos acompañan durante toda nuestra vida, ¿pero cómo resolver ese dilema que se nos presenta cada vez que tenemos que decidir? Hoy, en el Blog de… Bárbara Tovar, psicóloga y directora de la Clínica Bárbara Tovar (www.clinicabarbaratovar.com), nos lo explica.

Aprender-a-Decidir

Tomar decisiones difíciles

A muchos nos hubiese encantado recibir clases de cómo tomar decisiones durante nuestra etapa escolar, estoy segura que nos ahorraría un maravilloso tiempo que poder invertir en algo mucho mas placentero e inspirador.

Las decisiones nos acompañan durante toda nuestra vida, y tienen numerosas caras: decisiones fáciles y difíciles, decisiones rápidas o lentas, emocionales o racionales, pragmáticas o pasionales… ¿Pero cómo resolver ese dilema que se nos presenta cada vez que tenemos que decidir?

Las decisiones fáciles, bajo mi punto de vista, son aquellas donde claramente hay una predilección hacia alguna de las alternativas. Tal sería el caso de decidir entre irnos a pasar unas maravillosas vacaciones a Aspen o quedarnos una semana en casa de mis suegros. No sé en tu caso, pero yo aquí lo tendría fácil, al margen de que mis suegros son personas estupendas. Incluso te diría que una decisión intermedia, entre la fácil y la difícil sería aquella que aunque no exista una clara predilección por alguna de las alternativas, ambas me resulten tan positivas y motivantes que a priori cualquiera es una buena elección; tal sería el caso, por ejemplo de tener que decidir entre ir una semana a Aspen a esquiar o pasarme una semana en un Resort de Bali. Puede que algunos de nuestros lectores tenga preferencia por alguna de estas propuestas y esa decisión se convierta en una decisión rápida y fácil, pero en mi caso sería de las decisiones intermedias, adoro esquiar y adoro Aspen, pero también adoro Bali, y guardo maravillosos recuerdos de sus Resort. No obstante esta toma de decisión no me generaría ninguna angustia ni malestar, sería motivante e ilusionante. Esto último nunca ocurriría en una decisión difícil. Conozcamos más a fondo  la anatomía de las decisiones difíciles.

Las decisiones difíciles implican tener que elegir entre dos, tres o más alternativas y cada una de ellas tienen sus pros y sus contras. Donde además mi atención va saltando arbitrariamente, o sistemáticamente entre los pros de una a sus contras y los pros de otra, y así sucesivamente sin llegar a tomar una decisión definitiva, y sin avanzar en el proceso. Cuando esto sucede mucha gente se queda en la primera fase, solo en la contemplación de las alternativas, con objeto a no tener que sacrificar ninguna de las opciones por si acaso…. se equivocará al elegir. Aparecen dudas de este tipo: ¿Y si elijo…y luego…?, y así incansablemente. Las decisiones difíciles ni siquiera tienen que estar ligadas a grandes temas como ¿vivo en la ciudad o el campo?, ¿le pido que nos casemos o esperamos?, ¿tenemos otro hijo o no? Las decisiones difíciles pueden estar sujetas también a temas mucho más cotidianos como ¿ voy al gimnasio o me quedo descansando?, ¿le llamo o espero a que me llame?, ¿ me como la pizza o una ensalada?

¿Cómo hacemos entonces para no invertir tanto tiempo en la indecisión y, es más, tener mayor confianza y seguridad en nosotros mismos a la hora de actuar? Las decisiones deben estar conectadas con nuestro verdadero ser. Esto quiere decir con el tipo de persona que realmente queremos ser, y en quien de verdad nos queremos convertir. Se trataría de ver hacia qué camino voy seleccionando una alternativa u otra y elegir aquella más a fin con mis verdaderos valores, intereses, con mi verdadero yo.  El problema, o la dificultad reside en que cuando tenemos que tomar decisiones difíciles tendemos a buscar aquella opción mas segura… error. Aquella que mas probabilidad tenga de funcionar… error. Aquella con menos contras… otro error. O pensar que, de entre todas las alternativas, se esconde una correcta y otra que no lo es… error. Quisiéramos tener una maquina del tiempo que nos ayudase a ver que pasaría si eligiésemos una u otra opción y así eliminar el riesgo de equivocarnos.  Pero es que equivocarnos no es lo peor que puede suceder cuando tomamos una decisión difícil;  hay tres cosas que, bajo mi punto de vista, son mucho peores que equivocarse: la primera, no tomar decisiones; la segunda, que tus decisiones no te lleven a pelear por tus sueños, aunque a priori se avisten posibles dificultades en el camino y la tercera es paralizarte porque crees que hay una decisión correcta frente a las demás, en lugar de ver simplemente varios caminos con diferentes destinos. El miedo nunca es un buen consejero de la toma de decisión y cuando buscamos la opción con menos riesgo de daño, quizás estemos desconectando de nuestros verdaderos valores e intereses. Si consigues tomar esa decisión conectado a tu verdadero yo, nunca será una equivocación o un fracaso, ya que es el propio proceso que emprendes lo que tiene verdadero valor, y no de forma exclusiva llegar a la meta.

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