Psicología

Velar por las emociones mejora la calidad de vida del paciente
Velar por las emociones mejora la calidad de vida del paciente
49 años ago

Velar por las emociones mejora la calidad de vida del paciente

VELARPOREMOCIONESDesde 1948, la Organización Mundial de la Salud establece que “la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solo la ausencia de afecciones o enfermedades”. En este sentido, la psicooncología incentiva en el paciente de cáncer y los familiares el uso de estrategias de afrontamiento adecuadas para facilitarles  la adaptación a dicha enfermedad, y con ello mejorar la calidad de vida. “Es un área de capacitación específica de la psicología clínica”, dice Francisco Luis Gil Moncayo, Coordinador de la Unidad de Psicooncología del Instituto Catalán de Oncología. Esta rama interdisciplinar –en relación con las áreas de Oncología, Medicina Interna, Fisioterapia, Enfermería o Psiquiatría– evalúa y trata  al paciente y a sus familiares durante todas las fases del cáncer hasta su remisión. “Trabajamos en dos direcciones: por un lado, reduciendo el impacto que el diagnóstico provoca en la vida del afectado; y, por otro, atendiendo problemas que emergen en relación con la subjetividad, la pareja, la familia o el trabajo”, dice María José Delclaux Zulueta, Coordinadora de la Unidad de Medicina Complementaria y Psicooncología del Hospital Quirón Madrid.

El diagnóstico “rompe el ritmo vital de la persona obligándole a cambiar pautas y costumbres. Ello puede provocar un malestar emocional que derive en depresión, dolor, miedo a perder la vida… El objetivo es normalizar la crisis”, destaca la especialista. La psicooncología trata con sesiones individuales, cuya dinámica es paciente-terapeuta y, en ocasiones, también puede ser necesaria la presencia del familiar cuidador y con terapias de grupo. La experiencia del grupo reúne a pacientes veteranos, entre los que hay supervivientes, que proyectan en los nuevos diagnosticados un efecto espejo. “Las personas que ya han pasado por el periplo del cáncer pueden dar consejos a nuevos pacientes sobre la enfermedad y su impacto en la familia, la pareja o su interpretación de la vida antes y después. Ellos se comprenden perfectamente porque han vivido la misma experiencia”. Según Francisco Luis Gil Moncayo, “las terapias de grupo son psicoeducativas, funcionan como medio informativo de pautas y hábitos saludables. Además, el paciente trabaja la gestión de las emociones −miedo, tristeza, ira− y el estrés. Lo que más les preocupa es el pronóstico, si es curable, tratable o paliable”. Más del 60% de los cánceres se cura.

Familia e identidad

El pronóstico y el papel que juega la familia son temas clave. Con la enfermedad, los roles y la dinámica familiar cambia. “El 15% de las parejas se separa tras la experiencia del cáncer”, dice el psicooncólogo. Por ello, además de la crisis emocional asociada al diagnóstico, los especialistas abordan los problemas emergentes en áreas como la identidad, la familia o el trabajo; por ejemplo, “estimulando la comunicación entre los cónyuges”, elaborando la vuelta al trabajo, o enseñando cómo explicar a los hijos menores el motivo de que mamá o papá no juegue con ellos como antes, o se le caiga el pelo. Mejor que el menor sepa por sus padres la causa de las nuevas circunstancias, y que mamá o papá se pondrá bien, a que escuche historias erradas sobre la enfermedad de boca de otros niños en el patio del colegio”.

Uno de los principales conflictos en el paciente de cáncer es el de la identidad, “sobre todo, si hay cirugía”, dice Moncayo. “En el varón, el cáncer de próstata y la impotencia requiere un trabajo de aceptación de la nueva vida sexual para que el hombre no subjetivice que “vale menos como hombre”, dice.

Sobre la identidad en la mujer mastectomizada, una investigación hecha por el psiquiatra José Manuel García Arroyo, profesor de la Universidad de Sevilla y especialista del área hospitalaria Virgen del Rocío en la misma ciudad, explica cuán importante es el reconocimiento de las emociones que aparecen en las distintas fases de la enfermedad para un tratamiento multidisciplinar y adecuado en la paciente. En el estudio se analizaron las experiencias psicológicas referidas al cuerpo en 52 mujeres mastectomizadas. A los conceptos de la psiquiatría clásica como cuerpo, corporalidad y esquema corporal, se añadió un nuevo eslabón: el esquema corporal sexuado, pues las afectadas cuestionaban el valor de su cuerpo en algún momento del tratamiento. Si bien el diagnóstico precoz y la cirugía conservadora han mejorado el tratamiento del cáncer de mama, la mastectomía sigue siendo un drama psicológico. Según el trabajo clínico, al principio el impacto del diagnóstico haría que la mujer experimentara el miedo a desaparecer, para posteriormente, y dada la rapidez de los acontecimientos, inclinarse hacia una actitud vitalista y luchadora en la toma de sus decisiones. García Arroyo señala que esto “no supone una aceptación real del problema, después suelen producirse derrumbamientos”. En la fase de la intervención quirúrgica, la investigación advierte que el miedo se centra en la posibilidad de la ruptura anatómica, y por ello, muchas mujeres sienten auténtico horror a enfrentarse al espejo. Una vez se han visto, la despersonalización o la extrañeza aparecen como reacción ante su nueva imagen. Progresivamente, al ser la mama una parte muy erotizada de la estructura física de la mujer, las actitudes psicológicas desarrolladas son la pérdida de atractivo y de la feminidad, asociados a sentimientos desestimativos y a la disminución de la líbido. Incluso, puede que la paciente llegue a desvalorizar su propia persona, y esto desencadene problemas en las relaciones sociales e íntimas. Según el psiquiatra “algunas mujeres participantes en un estudio, se sentían blanco de miradas ajenas, críticas o rechazos; y evitaban actividades como ir a la playa”.

Con todo, una vez superado el cáncer, hay que “afianzar la seguridad de la supervivencia, el paciente tiene mucho miedo a la recaída”, dice Francisco Luis Gil Moncayo. “El malestar no solo tiene una pata, sino que lo físico y lo emocional es sumatorio. Un paciente puede estar físicamente bien pero su interpretación de las circunstancias pueden tenerlo sumido en una depresión. Para tener calidad de vida hay cuidar el estado anímico”, concluye María José Delclaux.

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