Testimonios

Volver a verla
49 años ago

Volver a verla

Tú también nos puedes contar tu historia o un relato como el de nuestra amiga Teresa.

La observó de reojo mientras ella apuraba su copa de vino. Limpió con delicadeza la comisura de sus labios teñida de granate y la miró fijamente ajena a la conversación que se mantenía a su alrededor. Estaba acompañada de dos hombres y una mujer, y no sabría acertar si eran parejas o compañeros de trabajo.

Tenía los ojos color miel enmarcados en el óvalo de su cara. Su nariz fina y delicada daba paso a una boca jugosa, de labios ligeramente abultados.

La melena castaña con reflejos cobrizos tenía aspecto de cuidada.

– La cuenta, por favor –le indicó a un camarero que pasaba en ese momento por su lado, mientras echaba un vistazo a su reloj de pulsera. Eran las tres y diez y media hora más tarde había quedado con un cliente que trabajaba a dos calles de allí.

Apuró el café solo, pagó, y mientras verificaba en el móvil la dirección del cliente, ella se dirigió al tocador de señoras que estaba justo detrás de su mesa.

Pudo apreciar su fragancia y de nuevo se sintió inclinado a mirarla. Ella, en un gesto de coquetería, le devolvió una sonrisa radiante que dejaba traslucir una dentadura blanquísima. Al observarla de cerca vio que cojeaba ligeramente.

El tiempo apremiaba pero no quería dejar pasar la oportunidad de hablar con aquella desconocida.

-Disculpe, ¿viene usted mucho por aquí? –Fue lo único que acertó a decir consciente de que ligar lo que se dice ligar nunca había sido su fuerte. Algo le decía que la atracción era mutua… ¿Y qué podía perder…?

– Pues, sí –contestó con un marcado acento extranjero que no pudo identificar; tal vez ruso, polaco…Trabajo enfrente como profesora de inglés para ejecutivos.

– Mire, tengo prisa, pero me gustaría volver a verla.

– Va usted un poco deprisa, señor ‘nosecómosellama’

– Miguel Antúnez, ¿y usted?

– Nadia Vidovich –pronunció mientras alargaba una tarjeta. – Este es mi teléfono, si pregunta en recepción sabrán dónde encontrarme.

Y se alejó apoyando el pie derecho con más cadencia en el suelo.

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