Por Ana Vallejo
Estamos acostumbrados a oír hablar de reacciones alérgicas o intolerancias casi a cualquier cosa. Conocemos en nuestro entorno a personas que no toman lácteos porque son intolerantes a la lactosa o a otros que pasan las primaveras acompañados de antihistamínicos por su alergia al polen. Pero ¿qué ocurre si nuestro organismo rechaza el tratamiento que puede salvarnos la vida, esos fármacos en los que ponemos toda nuestra esperanza para superar una enfermedad como el cáncer?
¿Alergia a la quimioterapia?
Es poco frecuente y muy desconocido por la sociedad, pero las reacciones alérgicas a los fármacos quimioterápicos están aumentando como consecuencia de la mayor exposición a este tipo de medicamentos, que se debe al aumento de prevalencia de las enfermedades oncológicas y a una mayor supervivencia.
“El porcentaje aproximado de la población a la que afectan estas alergias es difícil de conocer y muy variable en los distintos estudios realizados, por la diversidad de reacciones que pueden parecer alérgicas y los diferentes criterios de inclusión y recogida de datos utilizados. Consisten en respuestas inmunológicas exageradas del organismo frente a algún componente de los fármacos. Pueden ser inmediatas,
que ocurren durante la administración de la quimioterapia o en la primera hora tras la administración de la misma, y suelen provocar síntomas como urticaria, angioedema, broncoespasmo o anafilaxia. También pueden ser reacciones tardías, de aparición entre una o dos horas después de la administración y hasta varios días después, que producen lesiones cutáneas y, a veces, afección de otros órganos”, explica la Dra. Marcela Santaolalla, coordinadora del Servicio de Alergología del Hospital Universitario HM Sanchinarro.
Una reacción poco conocida
“Yo desconocía que este tipo de alergias existían hasta que las sufrí. En un primer momento, mi doctora era reacia a pensar que el medicamento me estuviera dando alergia, ella pensaba que era una alergia alimentaria. Solo cuando me ocurrió por segunda vez estando en el hospital, se dio cuenta de que la reacción alérgica estaba provocada por el medicamento”, recuerda Gema, paciente de cáncer.
En muchos casos la reacción alérgica se produce por el excipiente del medicamento, es decir, sustancias inactivas que se mezclan con los principios activos de los fármacos para darles consistencia, forma, sabor u otras cualidades que faciliten su dosificación y su uso. En estos casos, el primer paso, siempre que sea posible, sería cambiar el tratamiento a un medicamento que tenga el mismo principio activo pero con otro excipiente, como por ejemplo paclitaxel y nab-paclitaxel.
¿Qué pasa en caso de alergia a la quimioterapia?
“En algunas ocasiones estas reacciones pueden obligar a retirar el fármaco. En otras, se pueden manejar mediante un aumento del tiempo de infusión o incluso mediante estrategias de desensibilización. Estas estrategias son muy importantes para proseguir con la mejor terapia para el paciente. Como ejemplo de esto, el carboplatino continúa siendo uno de los fármacos más importantes en cáncer de ovario y, en ocasiones, las estrategias de desensibilización son la única forma de continuar tratando”, señala el Dr. Rafael Álvarez, coordinador asistencial de Oncología Médica del Centro Integral Oncológico Clara Campal HM CIOCC.
“En mi caso, en el primer ciclo semanal con paclitaxel tuve una reacción infusional que me provocó eritema cutáneo y dolor lumbar. Cedió tras parar el fármaco y administrar corticoides, y después se reanudó la infusión sin incidencias. En la semana anterior al segundo ciclo de paclitaxel, fui a urgencias con urticaria aguda y suspendieron el tratamiento en su semana correspondiente. Cuando por fin me dieron
el segundo ciclo, sufrí nueva reacción infusional grave y decidieron cambiar el tratamiento al docetaxel. También en este caso tuve un eritema generalizado, sudoración profusa e hinchazón de labios y garganta. Después de todo esto, la oncóloga me derivó por fin a la unidad de alergias del Hospital Universitario de Alcorcón, donde recibo el docetaxel mediante estrategias de desensibilización”, señala Gema.
Premedicación
Existen diferentes tipos de quimioterapia (véase el cuadro), unas son más propensas que otras a desencadenar estas reacciones. “Por ello, las quimioterapias con más riesgos se premedican —administración de medicamentos con el objetivo de preparar al paciente para asumir mejor los posibles efectos secundarios— y se administran en función del riesgo de reacción infusional. Las que pueden generar más reacciones se premedican con más intensidad (por ejemplo, con corticoides y otros medicamentos) y siempre se administran en primer lugar, en el caso de que se pongan en combinación con otros fármacos”, explica el Dr. Álvarez.
ESTRATEGIAS DE DESENSIBILIZACIÓN
A diferencia de otro tipo de alergias para las que las estrategias de desensibilización se pueden llevar a cabo progresivamente (durante meses), administrando poco a poco la sustancia que provoca la reacción, en enfermedades como el cáncer esto no es una opción. El paciente necesita el tratamiento para evitar que el tumor crezca y se propague. “Para realizar la quimio de desensibilización administramos
el fármaco causante de la alergia con una pauta especial. Esto permite al paciente continuar recibiendo el tratamiento idóneo, en vez de sustituirlo por otro. Consiste en la administración personalizada del fármaco implicado en la reacción alérgica en dosis que van incrementándose con regularidad.
Atención personalizada
La infusión de dosis subóptimas desde el inicio permite bloquear la respuesta alérgica que se hubiera desencadenado con una administración normal. Se realiza en una unidad especial, con vigilancia constante del personal de enfermería y siempre supervisada por un alergólogo, ya que no está exenta de riesgo”, explica la Dra. Santaolalla. De esta forma, el tratamiento no se retrasa, sino que el paciente lo recibe de una manera personalizada y con una pauta especial que puede durar varias horas en cada ciclo de tratamiento. “No quitamos la alergia, pero logramos evitar que se desencadene una respuesta alérgica para que el paciente pueda recibir el tratamiento indicado.”
“Para mí, el tratamiento comienza la noche anterior a recibir la terapia. Tomo cetirizina, prednisona y famotidina, y ya en el hospital, antes del tratamiento, me administran dexametasona, ondansetrón y Polaramine. En el primer día, a los 10 minutos de comenzar, tuve otra reacción alérgica con prurito palmoplantar y eritema cutáneo. Detuvieron la infusión, me dieron Polaramine y, a los 10 minutos, mejoró y
se reanudó la infusión sin más incidencias. Y esto dura desde las ocho de la mañana hasta las cuatro y media de la tarde aproximadamente”, asegura Gema.
Servicios de alergia en hospitales
Gracias a estas estrategias de desensibilización, personas como Gema pueden recibir el tratamiento más adecuado para el cáncer a pesar de la alergia. Al igual que ella, con frecuencia estos pacientes tienen que ser remitidos a otros hospitales que cuenten con equipos multidisciplinarios de alergología, oncología, farmacia, enfermería e intensivistas, todos ellos con alto grado de especialización para tratar con rapidez al paciente en caso de que sea necesario. Lo ideal es que en todos los hospitales en los que se administre quimioterapia y otros agentes antineoplásicos se disponga de un servicio de alergia en el que se pueda realizar una adecuada desensibilización a medicamentos.
LOS COLORES DE LA QUIMIOTERAPIA
Generalmente hablamos de quimioterapia como si fuera un solo medicamento, pero lo cierto es que hay multitud de quimioterapias, muy diferentes entre ellas, cuyo denominador común es su característica general: son citotóxicos, es decir, que son capaces de causar la muerte celular. Quizá hayas oído hablar de las quimioterapias blancas o rojas, pero “esta clasificación no existe en medicina.
Es cierto que la mayor parte de los tratamientos con quimioterapia son transparentes y que hay algunas que tienen color, pero a nivel médico las quimioterapias se clasifican por el tipo de fármaco, es decir, por dónde ejercen la acción oncológica o por el tipo de toxicidad que pueden producir”, explica el Dr. Álvarez.
Así, la quimioterapia más frecuente es transparente y dentro de ella hay multitud de fármacos, como los platinos, los taxanos, las fluoropirimidinas… También existen quimioterapias rojizas, más bien de color naranja, que son del grupo de las antraciclinas, tanto las que son más antiguas (doxorubicina) como otras más modernas (como la adriamicina liposomal pegilada).
Las quimioterapias tienen diferentes efectos secundarios no solo en función de su color, sino también del fármaco específico y su formulación. Así, la adriamicina (fármaco rojo) es más emetógena (que provoca náuseas y vómitos) que el paclitaxel, que es transparente. Sin embargo, tiene una potencia emetógena similar a la del cisplatino, que también es transparente.

Janita Sumeiko



Olivier Denis
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