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Géraldine Dormoy o cómo caminar hacia lo positivo
Géraldine Dormoy o cómo caminar hacia lo positivo

Géraldine Dormoy

50 años ago

Géraldine Dormoy o cómo caminar hacia lo positivo

 

Entrevista a Géraldine Dormoy, autora de Un cáncer no tan grave (ed. Leduc)

 

Se escriben muchos libros sobre el cáncer. Sin embargo, cada historia es diferente porque cada ser humano reacciona como puede a un diagnóstico que, sea cual sea, va a cambiar completamente el transcurso de su vida. El caso de Géraldine Dormoy, periodista francesa, me ha llamado mucho la atención. Gracias a la enfermedad, sí, gracias al cáncer, ha podido realizar sus sueños. El cáncer le ha dado alas. Ella, que se ha estado buscando sin éxito durante muchos años, ha conseguido saber quién es a raíz de este terremoto. Su relación con el cáncer es todo menos dramática. Acepta casi sin rechistar todo lo que le ocurre. Para saber un poco más sobre su manera de entender la enfermedad, le hice algunas preguntas. 

Un cancer pas si grave, ed. Leduc (un cáncer no tan grave)

Cuando se escucha hablar de cáncer en los medios de comunicación el tono es, a menudo, más que pesimista. Sin embargo, su libro es un himno a la vida. ¿Cómo explica este abismo entre las informaciones recibidas y algunos testimonios? 

El cáncer da miedo porque ha matado y sigue matando a mucha gente. Llevamos en nosotros la historia del cáncer, el que ha tocado a personas de cada familia, de cada generación. Afortunadamente, los avances de la medicina son tales que podemos vivirlo, según los casos, de manera menos dramática. Es eso lo que quise documentar.  

Desde el comienzo de su libro piensa que si padece un cáncer es porque, a lo largo de su vida, ingestó demasiado azúcar. Es verdad que tras la lectura se puede pensar que ha tenido una adicción al azúcar, aunque los médicos afirman que no hay causa efecto entre ambos hechos. Por otro lado, va a correr el día siguiente a su quimioterapia, lo que queda muy lejos de la imagen que tenemos de la quimio, es decir, la de alguien vomitando en su cama (aunque eso depende del tipo de quimio también). ¿Recibimos una información correcta sobre el cáncer?

El cáncer da tanto miedo que nadie tiene ganas de estar informado, y eso ocurre hasta que estamos frente a un diagnóstico. También tenemos tendencia a retener solo las noticias más espectaculares. Es humano. Sin embargo, la situación evoluciona, la investigación avanza y algunas de las ideas que parecían bien ancladas se ven echadas por tierra. Está, por ejemplo, científicamente demostrado que el ejercicio físico ayuda a soportar mejor los tratamientos contra el cáncer, siempre y cuando nuestro estado nos lo permita. En cambio, en referencia al azúcar, el efecto nefasto no está comprobado. Pero no necesito que lo esté, me basta con escuchar mi cuerpo para conocer “mi verdad”. 

Dice que el cáncer ha sido necesario para volver al equilibrio. Uno de los puntos en común entre casi todos los pacientes es el descubrimiento de una nueva vida. En su caso, es aún más fuerte. ¿Tan arduo es salir del camino? ¿Nos exigimos demasiado? ¿Es culpa nuestra o es demasiado complicado no someterse en las exigencias de la sociedad actual? 

Cambiar es difícil para todo el mundo. Podemos aspirar a un cambio pero a la hora de la verdad no lo conseguimos. Por eso las transformaciones más radicales surgen tras un acontecimiento, no necesariamente un cáncer. Puede ser un duelo, la pérdida de un empleo, un divorcio, un accidente… Algo que nos empuja a reconsiderar nuestra vida desde otro punto de vista.  

¿Se puede volver a tener la misma vida tras un cáncer? Habla de un estado de gracia durante la enfermedad con las personas que se preocupan por uno. Pero a veces estamos rodeados de personas que son todo menos atentas. ¿Es eso sinónimo de sufrimiento? 

Pensar que las personas a nuestro alrededor no son lo suficientemente atentas con nosotros es un juicio de valor, una creencia. No es nada factual. No se puede cambiar a los demás, pero podemos cambiar su mirada. Cuando salgo a la calle, sonrío a la gente y ellos me devuelven la sonrisa. No vivo “como antes”, vivo mejor. 

Uno de los primeros miedos de muchas mujeres -después de la pérdida del cabello- es el rechazo del otro. ¿Me va a aceptar? ¿Va a seguir queriéndome si no soy la misma? Por un lado, tiene un marido que dice que se casó con usted, no con sus pechos, y por otro lado, la enfermedad no ha disminuido su autoestima. No es tan común. “Los pechos no son un atributo femenino, es la ropa que me hace mujer”, escribe. ¿Cómo se puede hacer entender a las mujeres que son más que sus mamas? 

Está ligado a la historia de cada una. He sido criada con la idea de que era más que un cuerpo; no es el caso de muchas de nosotras. Si esta creencia sobre el físico pesa demasiado, consultar a un psicólogo puede ser de gran ayuda. Es complicado cambiar estando solo cuando se trata de tales problemas. 

En su libro habla de Maëlle Sigonneau, paciente desgraciadamente fallecida hace pocos meses. Ella preguntaba si se estaba tratando el cáncer o la feminidad. ¿Cuál es su opinión? 

Maëlle había entendido el problema. Lo he sentido también cuando una socioesteticista me maquilló y me di cuenta de que todo el mundo me veía bien al natural. Tomar conciencia del fenómeno permite dejar de confundir ambos temas.  

Numerosas mujeres reconstruidas (y a menudo mal reconstruidas) lamentan su decisión porque no se reconocen. ¿Es difícil aceptar su imagen sin pecho en el espejo o la mirada de los demás en una clase de yoga, por ejemplo, en los vestuarios? 

Conocer su nuevo cuerpo, y luego aceptarlo, necesita tiempo. Para mí no ha sido demasiado complicado; quizá porque tenía pechos pequeños. Probablemente un pecho grande es parte en mayor medida de la identidad de una mujer. A día de hoy encuentro mi busto armonioso a pesar de su asimetría. Incluso en la clase de yoga, acabé desnundándome delante de los demás. Me costó unas cuantas sesiones pero estaba harta de aislarme en los servicios con el fin de evitar enseñar una cicatriz que no encuentro chocante. Creo que a nadie le importa. 

A usted le gustan las redes sociales. ¿Cómo explica que se pueda enseñar los pechos de una mujer que amamanta pero no los de otra que ha padecido un cáncer? 

No entiendo la lógica de los que moderan las redes sociales.  

Seguimos con las redes sociales. Durante una temporada, necesitó alejarse de ellas. Luego volvió creando una página en Facebook que permite a las mujeres comunicarse entre ellas. En España existen muchos grupos así. ¿Nadie puede entender mejor a una mujer que ha padecido un cáncer como otra que ha pasado por la misma experiencia? 

No lo creo. Es más: nadie puede entender mejor lo que está viviendo que otra mujer que vive la misma situación en el mismo momento. La noción de timing es muy importante. He creado este grupo porque empezaba a no poder contestar a todas las personas que me escribían, pero también porque había acabado mis sesiones de quimioterapia y ya no me sentía con el mismo espíritu que las mujeres que empezaban este tratamiento. En el grupo, cada una puede acercarse a las que están el mismo momento. Es una ayuda preciosa. 

¿Durante la enfermedad, los demás pacientes son a veces más importantes que las personas que nos rodean? 

No pienso que sea necesario comparar. Cada persona me ha ayudado a su manera. No es un discurso acartonado, es la pura verdad: se puede ayudar de varias formas, y está bien así. 

La soledad ha sido valiosa durante esta época. ¿Era importante para avanzar? 

Sí, aislarse permite conocerse en profundidad. 

¿Ha conocido a personas que no han entendido en absoluto por lo que ha atravesado? Si fuese así, ¿eso la ha herido? 

Algunas personas proyectaban tantas cosas en mí que no estoy segura que hayan entendido cómo he vivido mi cáncer. Más adelante veré si la lectura de mi libro modifica algo. Quizá otras no lo van a leer. Y no pasa nada. El cáncer desestabiliza; cada uno lo gestiona como puede. No recuerdo haberme sentido herida; quizá porque había decidido que nadie iba a hacerme sentir así. La amargura es un sentimiento demasiado peligroso para lo que tenía. Me he acondicionado para caminar hacia lo positivo. 

El cáncer le permite realizar un trabajo interior considerable. Durante este periodo, escribe “me quiero más que nunca”. ¿No es paradójico? ¿Conoce a otras mujeres que han pasado por lo mismo? 

Nunca estamos más vivos que cuando estamos cerca de morir. ¿Cómo no amar nuestro cuerpo cuando uno se da cuenta de que está luchando y de que nos permite seguir vivos? Maelle Sigonneau me había confiado que desde la quimio adoraba su vello porque veía en él una señal de salud. La entiendo. Desde entonces también acepto el mío. 

Diría que tiene dos personalidades: una es pura tranquilidad (increíble y envidiable) a la víspera de su operación y la otra es ansiedad total, obsesión para ser delgada, moverse, comer… ¿Cómo consiguió hacer el duelo de su pecho? 

Un día, una amiga naturópata me dijo que tenía un temperamento de “letárgica ansiosa”; me resultó bastante acertado aunque ahora tengo menos ansiedad. El duelo de mi pecho ha sido facilitado por la quimioterapia: este tratamiento me daba tanto miedo que en comparación, la pérdida de un pecho no me parecía tan trágico. Lo único que deseaba era no sufrir y no perder mi pelo. La obsesión por mi pelo disipó temporalmente la obsesión hacia la mama. Sin embargo, unos meses después me di cuenta de que el duelo no había acabado. Necesitaré más tiempo, años quizá. Pero no es un duelo doloroso.  

“Nos maquillamos por cortesía hacía los demás” afirma en su libro. ¿No le ha importado su aspecto durante los tratamientos? A veces maquillarse puede ayudar a evitar la mirada de los demás, ciertas observaciones no siempre acertadas…

Maquillarse era una cortesía hacia los demás. Ya no tengo esta creencia que estaba repleta de sexismo. Durante los tratamientos, lo que percibía de mi cuerpo me importaba mucho más de lo que los demás podían percibir. Era una obligación para mí tener mi cara al descubierto para poder mirarme, explorarme, aceptarme. Las observaciones poco acertadas que deslizan sobre mí, en general, las personas se hablan a sí mismos, lo que dicen no se dirige a los demás.  

Cuando acaba los tratamientos, su esposo, Mark, dice que “fue como si hubiéramos sobrevivido a una guerra”. Tenemos tendencia a utilizar un vocabulario belicoso cuando se trata de cáncer. ¿El cáncer es una guerra? 

La pregunta es compleja. La abordo en varias ocasiones en mi libro porque cambio de opinión en el camino. Para resumir, diría que sí, el cáncer es una guerra en la medida de que todas las células de nuestro cuerpo no están de acuerdo entre sí. Si queremos volver a una cierta paz, es necesario, además de los tratamientos médicos, tratar de de restablecer la armonía. 

¿Su marido y su hijo han sido un motor en su recuperación? 

Un apoyo, un carburante, más que un motor. El motor lo tenía en mí. 

¿Por qué las mujeres se culpabilizan tanto cuando se trata de dedicarse tiempo?

Porque están acondicionadas para estar en acción. 

Tenía mucho miedo en perder su pelo, quizá más que en perder su pecho. ¿El cabello es nuestra seña de identidad o como dice su hijo “una mamá tiene el pelo largo”? 

Sí, mi pelo rojizo es parte de mi identidad. Si embargo, he aprendido que no tiene por qué ser largo para que pueda sentirme yo misma. Eso lo debo a la quimio: sin este tratamiento, jamás me hubiera atrevido a cortarme el pelo. No obstante, me gusta tanto que sigo con un corte a lo garçon

Habla sin tapujos de su relación con su pareja; de sus miedos, por ejemplo. ¿La comunicación ayuda a vencer los miedos? 

Sí, por supuesto. Pero no se disuelven solos tampoco. Hablar es la manera de liberarse de ilusiones que nos paralizan.  

Como lo acabo de mencionar, toca el tema de miedo… miedo a engordar, a morir, a decepcionar los lectores, a perder las pestañas, a volver al trabajo, etc. Lo llamativo es que no tiene miedo a perder un pecho, usted que durante toda su vida vivía con el temor a sufrir un cáncer. ¿Me lo puede explicar por favor? 

Cuando perder un pecho se convierte en una cuestión de vida o muerte, todo se simplifica: lo aceptas sin esperar. 

Cuenta que el cáncer la ha transformado pero que no quiere que la defina. ¿Cómo ve el marketing alrededor del cáncer? 

Vivimos en una sociedad capitalista, es la regla del juego. Lo importante es no ser víctima del engaño, y la información nos ayuda en ese sentido. 

¿Uno se aferra a cualquier cosa cuando está enfermo? ¿A lo que dicen los médicos pero también los charlatanes? 

No tuve que vérmelas con un charlatán porque los rayos no han sido dolorosos. No me fiaba de ellos pero quizá me hubiera dejado tentar si hubiese sufrido, quién sabe.

¿Tiene miedo a las revisiones? 

De momento solo tuve una serie de ellas. Había acabado los tratamientos y me sentía protegida por todo lo que se me había administrado. No me sentía tranquila, pero estaba bien. Quizá voy a vivir las que me tocan en diciembre con menos serenidad. Ya se verá en el momento. Me falta perspectiva para ser más precisa. 

Va a empezar un nuevo trabajo. ¿La vida, las ganas tienen otro sabor?

¡Sí! Me planteo la vida con sosiego. El estrés es una opción. Tengo ganas de divertirme.

Por: Valérie Dana

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