Estilo de vida

El círculo de la vida
El círculo de la vida
50 años ago

El círculo de la vida

Rösse MacPherson, coach y PNL, nos da pautas para sentirnos mejor y disfrutar de la vida. Acaba de sacar un nuevo libre, Ya no tengo el alma en pena (Desclée).

Comparto contigo un trocito del libro Confesiones de un ángel.

Me he topado con personas que no creen en nada, ni tan siquiera en sí mismas. Gente descreída, hastiada de su vacío pero persistentes en su negativa a abrirse a la posibilidad de la magia. De hecho, no deja de sorprenderme la cantidad de gente que lee libros que hablan de milagros, magia, secretos para materializar sueños y lograr metas (eso sí, la mayoría lo hacen porque quieren ser superiores al resto). No quieren lograr una meta por lograrla sino para quedar por encima de los demás: nadie quiere ser un perdedor. Y sin embargo, pierden. En el fondo, el ser humano quiere creer. Aunque no lo confiesen en la superficie, quieren creer que la vida no termina aquí, que hay algo más.

Lo hay, pero solo para aquellos que se den la oportunidad.

‘Muchos serán los llamados y poco los escogidos’.

La gente se escoge a sí misma. Dios solo se revela a aquellos que quieren ver su rostro. De hecho, siempre está ahí, pero hay que abrir los ojos del corazón para poder ver lo que es invisible aparentemente.

La vida sin fe no es una buena vida.

De hecho, sin fe sólo podremos llenar las alforjas de dinero, poder, fama, reconocimiento de nuestros semejantes. Y eso es temporal.

Solo dura un rato.

Es perecedero.

La plebe necesita renovar sus ídolos para poder seguir alimentando el vacío de su existencia terrena. Las personas que creen en Dios, a su manera, no a la manera de las religiones, suelen tener vidas dichosas, longevas o cortas pero dichosas. Piensa que cada uno escoge su destino, por consiguiente, que la existencia terrena sea más o menos larga no es sinónimo de un alma avanzada ni de lo contrario. Lo mismo que no lo es el éxito: cada alma viene con un propósito, siendo igual de importante aquel, cuya misión, afectará a millones de personas como la que simplemente tendrá que ver con unas pocas personas.

De hecho, la vida es un círculo que no empieza ni termina en el Cielo ni en la Tierra: es un eterno continuo. Por eso, nuestras acciones tienen consecuencias a corto y a largo plazo. Los orientales lo llaman ‘karma’. Dependiendo de lo que siembras, recogerás.

No siembres miedo, te arruinará las cosechas.

Mejor siembra amor y tendrás felicidad.

No hace falta enfermar, o no debería hacer falta, para recordar que la vida es un don preciado, ni entrar en estado de coma para poder vislumbrar el rostro de Dios.

Si le das más importancia al dinero, al Gobierno (son seres viviendo una existencia humana como tú. Y, como en tu caso, su existencia también llegará a su fin), a los famosos, a los impuestos… que a Dios, es decir, que a ti, en ese caso tu vida será un asco.

¿Te merece la pena?

No te inclines ante nadie, no te rebajes, no te humilles, no le des el poder de tu vida a nadie. Dios jamás te pedirá que reniegues de ti. Dios solo quiere que te ames. Por consiguiente, decide tú las reglas de tu vida. La ética divina y la ley creada por los hombres no suele coincidir.

Si te sometes a las leyes de los humanos, malvivirás tu vida.

El miedo es lo más poderoso que ha creado el ser humano para someter a sus semejantes.

Dios creó el amor y el libre albedrío.

El humano creó el MIEDO.

Si usas el miedo, enfermarás.

Si usa el amor, sanarás y crearás milagros en tu vida.

Pero, recuerda, los milagros no suelen coincidir con lo que los deseos materialistas de los humanos, a saber: poder, gloria material, fama… Los milagros solo son milagros a los ojos del alma.

La crisis actual que asola el planeta Tierra es una crisis de valores humanos y espirituales. Es la huella del egoísmo y del orgullo que han creado desiertos en los corazones de los humanos. Unos desiertos donde única y exclusivamente pueden florecer el miedo y el odio. Si te sientes inferior por no tener tanto dinero o éxito como tu vecino, o te sientes superior por poseer una casa más grande, vivirás toda tu vida sometido al miedo a perder todo lo que tienes, porque en verdad serás lo que tienes y no lo que eres.

Poca gente se atreve a ser ella misma.

¿Sólo los ángeles se atreven a ello?

No, claro que no.

Conozco a muchos humanos que han recordado que son almas viviendo experiencias humanas. Gente que cree que hay vida antes y después de esta existencia humana. Personas cuya alma nunca ha perdido la memoria de sus antepasados, puesto que ellos también fueron esos antepasados y lo serán de nuevo.

El cielo es real.

La vida es real.

‘Lo que haces a otro, me lo haces a mí’, nos dijo Jesús. Así es. Todo lo que hacemos tiene una repercusión en algún lugar o en algún nivel de la Tierra. La mecánica cuántica trata de explicar esto: partículas que aparecen y desaparecen, se materializan en algún otro sitio.

Si quieres recibir amor, envía amor a tus semejantes.

Ahora bien, ello no significa que te tengas que humillar, o que tengas que aceptar que te maltraten, o tolerar que te insulten, o disculpar que te ninguneen. Lo que hagas a otro, a ti te lo haces. Ello, significa que, si te tratas mal a ti mismo, tratarás mal a los demás. Más aún, al tratarte mal, permitirás a los demás que te traten mal puesto que lo vivirás como ‘normal’ (es la normalización de lo anormal). Es un círculo que se entrecruza como un ‘ocho’. Lo igual atrae a lo igual.

No obstante, si eres un espejo limpio, los demás se verán reflejados en ti, esto es, verán tanto su luz como su sombra, y si lo que ven no les gusta, te lo echarán en cara. Por eso, nunca le toleres a nadie que te trate mal. La vida es un círculo en el que circula todo. Obviamente, hay gente que hace el mal, crea dolor en otros seres humanos, y sin embargo, las consecuencias de sus actos no parecen alcanzarles. No te quedes atrapado en ello, a cada uno su karma le alcanza a su debido tiempo.

No trato de consolarte. Simplemente, el Universo no castiga ni perdona a nadie por la sencilla razón de que cada alma administra su ‘aprendizaje’. Ergo, cada uno aprende a su manera y a su tiempo. Empero no te quiero ocultar que existe el lado ‘oscuro’, lo que se suele llamar ‘infierno’.

Los anti-ángeles existen puesto que existe la luz y su opuesto, la oscuridad. El vacío y la energía se combinan en el universo. El vacío crea la forma, somos energía que se traslada y se transforma. Dios es la Luz que hay en cada alma, ‘algo’ que nos impulsa a hacer el BIEN.

Si no me crees, o te parece un poco ‘naïf’ lo que te digo, piensa en cómo te sientes cuando haces el bien a un semejante. A buen seguro que te sientes como un ángel, o sea, divinamente. Sin embargo, cuando haces el mal, dañas a un semejante, le insultas o le niegas la ayuda, te sientes fatal, lleno de remordimientos, culpa, malestar emocional, eso es el infierno, el efecto que produce el triunfo del mal en ti. Cierto es que mucha gente se ha inmunizado a esta ‘conciencia’ y mata a sus semejantes, crea dolor y caos en la vida de otros, y no se le altera ni un solo pelo. Es cuestión de adentrarse en el lado luminoso o en el oscuro. El mundo seguirá escindido en esa dicotomía mientras haya almas que opten por el lado oscuro, por hacer el mal.

Por eso fuimos creados con el libre albedrío, es la esencia de la divinidad en nosotros: escogemos el Bien o el Mal. Dado que la eternidad no tiene fin, y vivimos en un bucle del espacio-tiempo, nuestras acciones nos acaban por alcanzar siempre.

¿Quieres ‘premio’ o ‘castigo’?

¿Beneficios o facturas?

Tú escoges. Los resultados no son casualidad: la cosecha del presente es resultado de la siembra del pasado. En función de lo que quieras recoger, así tendrás que sembrar.

El ciclo de la Vida es eterno. Nunca sabrás quién es el maestro y quién el alumno a menos que cojas la perspectiva celestial y lo observes todo desde las alas de un ángel. Entonces, todo cambiará y dejarás de estar apegado a los resultados, para centrarte en el proceso y en el disfrutar de tu vida humana.

Invierte en tu salud espiritual».

Espero que este fragmento te haya esponjado las alas del alma.

Por: Rösse Mc Pherson

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