Por tu propia experiencia, ya sabes que los tratamientos oncológicos pueden provocar efectos secundarios que causan problemas para comer y/o disminución de apetito. Sin embargo, es fundamental que te alimentes e hidrates bien. Sabemos que hay ocasiones en que resulta difícil, y para ello vamos a ofrecerte una serie de recomendaciones generales por sintomatología, para que de forma práctica puedas afrontar las diferentes situaciones.

Recomendaciones 

  • Sigue el patrón de la dieta mediterránea, cuyos alimentos te proporcionarán beneficios saludables demostrados en investigaciones recientes.
  • Toma tus comidas preferidas los días que no tienes tratamiento, así evitarás relacionarlas con momentos menos agradables.
  • Organiza la ingesta en 5-6 comidas, respetando los horarios de tu preferencia, recordando que no deben pasar más de 2-3 horas entre una y otra comida, siempre que sea posible.
  • Opta por porciones pequeñas de elevado contenido nutricional, enriqueciendo los platos con proteínas y/o grasas saludables, y que sean fáciles de digerir.
  • Utiliza técnicas sencillas de cocinas, eligiendo preferiblemente horno o vapor, evitando fritos y parrilla.
  • Aumenta el consumo de pescados y aves y reduce el de carnes rojas.
  • Consume diariamente 5 raciones entre fruta, verdura y hortalizas.
  • Bebe al menos 2 litros de líquido al día, preferiblemente agua.
  • Debes tener en cuenta tus preferencias a la hora de preparar y presentar la comida, adaptándola a tus necesidades en cada momento (triturada, de fácil masticación, enriquecida nutricionalmente con proteínas y/o grasas saludables, etc.)
  • Realiza las comidas en un ambiente tranquilo y agradable, respetando la sensación de plenitud o cansancio que puedas experimentar en algunos momentos, y recordando que en esas situaciones puedes optar por pequeñas porciones, en platos pequeños y con alta densidad nutricional (enriquecer comidas con proteínas y grasas saludables).
  • Realizar alguna actividad física moderada complementa todas estas recomendaciones.
  • Técnicas de relajación o meditación te pueden ayudar a controlar las emociones. Consulta con tu psicooncólogo de referencia para tener más información al respecto.
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