El trabajo terapéutico con la aceptación es clave para que el ciclón de la enfermedad no «arrase» con las demás áreas personales de tu vida.

Por Paola García Costas

 

No todos los pacientes oncológicos sufren dolor pero, en el caso de padecerlo, es lo que más preocupa al enfermo. Otras veces el cáncer se presenta de manera silenciosa y por ese motivo se tiende a pensar, si no se ha vivido de cerca la enfermedad, que es a. Pero no es así. “El cáncer duele a un tercio de los pacientes en el momento del diagnóstico, y alcanza las dos terceras partes de los enfermos en los estadios más avanzados. En estos últimos, la labor de la medicina es reducir el sufrimiento al máximo”, explica el doctor Carlos Tornero, director médico de la clínica Indolor, entidad especializada en el tratamiento integral del dolor, adscrito a la clínica americana Millennium Pain Center cuyo objetivo es la recuperación funcional del paciente, a través del abordaje multidisciplinar de la enfermedad.

Mitigar el dolor oncológico 

El cáncer provoca determinados síntomas entre los que aparece el dolor, por la presión que el propio tumor ejerce sobre las estructuras vecinas. Además, algunos tratamientos como la quimioterapia, la radioterapia o las cirugías pueden convertirse en otra fuente de malestar. Como ocurre con otras enfermedades, el cáncer precisa de un abordaje multidisciplinar por el que debe ser tratado desde numerosas especialidades médicas para, con ello, garantizar la calidad de vida presente y futura de los pacientes. “En este sentido, mitigar el dolor oncológico en una unidad del dolor es fundamental para conseguir la mejora global del paciente y que este factor afecte lo mínimo posible a su estado general, tanto a nivel físico como emocional”, añade el director médico de la clínica Indolor.

En España, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), después de las enfermedades del sistema circulatorio, el cáncer es la segunda causa de defunción en general, la primera en el caso de los varones y la segunda
para las mujeres. Así mismo, el informe Cifras del Cáncer de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) afirma que, en España, los tumores más frecuentemente diagnosticados son los de pulmón, mama, colon y recto, próstata y estómago.

Dolor versus sufrimiento

El dolor y el sufrimiento son parte de la vida, sin embargo, ¿son lo mismo? “Los dos son reales pero el dolor es físico y el sufrimiento es creado por nuestros pensamientos”, explica María Rosa Pavón, que imparte coaching emocional. Es decir, el dolor aparece a causa de lesiones o enfermedades del cuerpo, y el sufrimiento aparece cuando no se acepta el dolor. El sufrimiento es la respuesta cognitivo-emocional que tenemos ante un dolor físico o ante una situación dolorosa. Según el doctor José Antonio García, miembro del Centro de Psicología Clínica y Psicoterapia García Higuera y fundador de psicoterapeutas.com, “el dolor suele estar asociado a la percepción de un daño que se ha producido en nuestro cuerpo. En este sentido sería la percepción del daño. Pero entre el daño y el dolor intervienen una serie de factores de tipo psicológico. En circunstancias normales, sabemos que no todos sentimos el mismo sufrimiento ante una herida similar, hay personas que lo soportan mejor que otras y nosotros mismos unas veces lo aguantamos mejor que otras dependiendo de nuestro estado de ánimo”.

«El dolor aparece a causa de lesiones o enfermedades del cuerpo, y el sufrimiento aparece cuando no se acepta el dolor»

Aprender a manejar el dolor 

El conocimiento de todos estos procesos psicológicos y emocionales implícitos nos puede llevar a aprender a manejarnos mejor con el dolor y a hacerlo más soportable. “El dolor tiene la función de avisarnos para que hagamos algo que consiga reparar el daño físico que pensamos que lo genera. Es una sensación generalmente terrible y, como indicio de un mal, amenazante. Por eso, una reacción natural en el hombre es el miedo al dolor, un miedo que es adaptativo porque nos impulsa a evitarlo y eliminarlo”, indica el especialista. Pero no siempre una reacción de miedo nos lleva a un comportamiento adecuado. Por ejemplo, “para que no nos duela algo, nos estamos quietos y dejamos de hacer muchas cosas que nos hacían la vida agradable, a veces más allá de lo estrictamente necesario. Otro ejemplo se da cuando el miedo al dolor nos puede hacer no acudir al dentista, lo que finalmente será causa de un mal mayor”, describe el psicólogo. “En el caso de un dolor crónico, nuestra lucha por evitar el dolor se convierte muchas veces en un esfuerzo inútil. El sentimiento de fracaso nos genera, primeramente, impotencia y un estado de irritación que influye en nosotros y quienes nos rodean. Finalmente, cuando vemos que no es posible acabar para siempre con él, podemos caer en una depresión o al menos en un estado de ánimo deprimido que nos hace perder el sentido de la alegría”.

“El dolor tiene la función de avisarnos para que hagamos algo que consiga reparar el daño físico que pensamos que lo genera. El dolor es una sensación generalmente terrible y, como indicio de un mal, amenazante. Por eso, una reacción natural en el hombre es el miedo al dolor, un miedo que es adaptativo porque nos impulsa a evitarlo y eliminarlo”

Saber reconocer el sufrimiento

La continuidad del dolor nos puede producir ansiedad social. “Si nos impide nuestra actividad normal, puede llegar a generarnos un sentimiento de inutilidad y de no sentirnos necesarios. Si nos esforzamos en luchar contra ello y que nada cambie, podemos llegar a intentar mantener niveles de actividad similares a los que teníamos cuando no sentíamos dolor, muy por encima de nuestras posibilidades actuales”. En consecuencia, el especialista destaca que “además del daño físico, el dolor lleva asociados una serie de procesos psicológicos tan desagradables, duros y amenazantes como el propio dolor y que se unen indisolublemente a él. Para entender estos fenómenos hay que distinguir bien entre dolor y sufrimiento”.

Reacción afectiva 

En este sentido, “el sufrimiento es una reacción afectiva producida por un estado emocional. Sufrimos con la pérdida de un ser querido. Lo hacemos con el miedo a que a nosotros o alguien allegado nos ocurra una desgracia o cuando estamos sometidos a una amenaza grave”. La reacción emocional asociada al sufrimiento puede ser mucho más intensa e insoportable que un fuerte dolor físico. “Hemos visto como el propio dolor puede generar una reacción afectiva que incrementa el sufrimiento asociado a él, generando una serie de sentimientos insoportables que se mezclan y se hacen indistinguibles del propio dolor. Por ejemplo, si el dolor nos lleva a empeorar nuestra relación con nuestros seres queridos, o a no poder realizar nuestras actividades favoritas o a no poder trabajar, o simplemente a estar peor físicamente por no poder dormir; el sufrimiento que está asociado es mucho mayor que el que corresponde solamente al daño físico que lo genera inicialmente”, indica el especialista.

No rechazar el dolor, reconocerlo 

“La lucha a ultranza contra el dolor tiene que tener en cuenta los aspectos psicológicos que surgen asociados a él, para poder disminuir el sufrimiento que conlleva”, añade. “Aparentemente no hay diferencia, tanto el dolor como el  sufrimiento son reales y se sienten igual, pero el dolor es de corta duración y el sufrimiento puede ser tan largo como decidamos o como nos diga el médico. Dejamos de sufrir si creemos que una pastilla nos aliviará o si el médico nos dice que en cinco días ya no dolerá. Es decir, el efecto placebo funciona muy bien para el sufrimiento”, explica María Rosa Pavón quien, además de impartir coaching contra el dolor, lo padeció durante años previamente.

El cáncer como enfermedad afecta a la dimensión biopsico-social del paciente y la aceptación es la última etapa del duelo tras el diagnóstico. Ella explica que “el dolor debe ser aceptado y dejar que se exprese sin rechazarlo. Todo dolor tiene un origen emocional, el dolor es causado por emociones no gestionadas correctamente. Cuando estamos desconectados de nuestras emociones, sin ser conscientes de ello, entramos en incoherencia. Nuestra alma se comunica con nosotros a través de las emociones, pero cuando no sabemos lo que sentimos porque hay muchas emociones bloqueadas, la manera que tiene el alma de comunicarse con nosotros es a través de los síntomas físicos”.

“La lucha a ultranza contra el dolor tiene que tener en cuenta los aspectos psicológicos que surgen asociados a él, para poder disminuir el sufrimiento que conlleva”

Consecuencias de la vivencia del dolor 

Según el doctor García, la comprensión científica del dolor va evolucionando rápidamente. Antes se pensaba que su presencia implicaba únicamente la existencia de un daño físico, sin embargo, actualmente la ciencia nos ha llevado a descubrir la importancia que tienen las consecuencias de la vivencia del dolor. Porque el dolor genera importantes reacciones emocionales que pueden potenciar el sufrimiento que lleva asociado. Pero, además, si el dolor se hace crónico puede tener un impacto devastador en todos los aspectos vitales de la persona que lo sufre. “Socialmente, porque se tienen que disminuir las relaciones sociales con amigos y allegados. Laboralmente, porque puede llegar a afectar a la capacidad de trabajar, produciendo un sentimiento de inutilidad y problemas económicos. Y en las relaciones de familia y de pareja, porque no se pueden cumplir las expectativas de nuestros seres queridos”, detalla.

Vivir con dolor: ¿para qué? 

Un dolor crónico consigue hacer que las personas se planteen “el para qué y el porqué de la vida”. Normalmente tenemos la experiencia de que el dolor es pasajero y controlable, pero cuando aparece un dolor resistente, que no se pasa, nuestra concepción del mundo se tambalea. ”Surge entonces la necesidad de construir una nueva en la que tenga sentido la existencia de un dolor que no se puede evitar y en la que podamos dar cabida a sensaciones corporales incontrolables, limitaciones en la capacidad corporal, pérdida de contacto social, problemas laborales que pueden incluir incertidumbre económica, etc.”. Según explica el creador de psicoterapeutas.com, el doctor José García, “la labor del psicólogo se centra en trabajar terapéuticamente todos estos aspectos del dolor para mejorarlo y hacerlo más soportable. El problema no es que haya dolor crónico, sino que este arruine nuestra vida ocasionándonos problemas de pareja, de trabajo, de amistades y tiempo libre, de ansiedad, depresión, insomnio, etc., y que lo haga porque hemos caído en alguno de los círculos viciosos que se han señalado».

Desmontar los círculos viciosos

Para salir de esos círculos hay que darse cuenta de que estamos ante una situación que no se puede cambiar y que la aceptación es el único camino: “Aceptación es no hacer nada para evitar, dejar de hacer todo lo que no sirve: desmontar los círculos viciosos y potenciar el tratamiento médico adecuado. Aceptar es abrirnos a experimentar los sucesos y las sensaciones, completamente, plenamente y en el presente, como son y no como tememos que sean. Aceptar es tomar conciencia de las limitaciones que conlleva el dolor crónico. La aceptación abre el camino al compromiso. A seguir haciendo aquello para lo que valemos de acuerdo a nuestras capacidades, aunque esto signifique que debemos adecuar nuestras metas a nuestras capacidades limitadas por un dolor crónico.

Aceptar no significa quedarse con el sufrimiento

Aceptar no es quedarse con el sufrimiento que se tiene. La aceptación disminuye el sufrimiento e incluso inicia el proceso psicofisiológico de la habituación, por el que el dolor se hace más tolerable porque nos habituamos a él. Habituándonos a las sensaciones disminuye la ansiedad, el miedo y la depresión, tendremos menos sensaciones asociadas al dolor y continuaremos comprometidos con un nuevo papel social con valores propios”.

Buscar ayuda 

Sin embargo, aceptar el dolor, abrirnos a su experiencia “es muy duro y puede precisar de una terapia psicológica. Supone que la persona tiene que incorporar en su propio autoconcepto, la nueva incapacidad de controlar el dolor y las limitaciones que tiene y pese a ello encontrar un sentido a su vida. Por eso la terapia de aceptación y compromiso proporciona una visión más amplia del mundo en la que cabe la inevitabilidad del dolor”. Según el experto, hoy día la terapia psicológica cognitivo conductual tiene suficientes herramientas para poder enfrentarse con éxito a esos problemas. Son técnicas que han mostrado su eficacia de forma científica.

Por citar algunas:

  • La relajación y el biofeedback nos enseñan a dejar tensiones dañinas en nuestro cuerpo. La meditación junto con la relajación, la respiración y el biofeedback nos permiten dejar de seguir automáticamente nuestros impulsos que nos llevan a caer en uno de los círculos viciosos.
  • Distraerse del dolor es un buen consejo pero realizarlo no es fácil y puede ser necesario un entrenamiento profundo que requiere técnicas especiales.
  • Las técnicas cognitivas (reestructuración, terapia racional emotiva, etc.) nos ayudan a enfrentarnos con nuestros pensamientos y sentimientos de forma racional y de manera más eficaz.
  • Las técnicas operantes de potenciación de actividades permiten recuperar al límite actual nuestras capacidades.
  • La hipnosis es otra herramienta que incide directamente en los mecanismos psicológicos de percepción del dolor.
  • Las técnicas de asertividad y el entrenamiento en habilidades sociales permiten afrontar los cambios sociales derivados de las nuevas limitaciones asociadas al dolor crónico.

La psicoterapia cognitivo conductual ha demostrado científicamente su eficacia en el tratamiento del dolor crónico por medio de ensayos clínicos controlados. También ha demostrado ser el tratamiento de elección en problemas de ansiedad y depresión, que son consecuencia del dolor y a su vez incrementan sus efectos.

La aceptación es clave 

En el caso de María Rosa Pavón, la aceptación también es la clave. Para “evitar el sufrimiento, lo que enseño en coaching es a dejar que el dolor se exprese, aceptarlo y agradecer su presencia”. Entre los pasos que utiliza está: “uno, buscamos el mensaje. Cada parte del cuerpo, cada síntoma está relacionado con un tipo determinado de conflicto emocional. Dos, utilizamos técnicas de autohipnosis para relajar la mente y visualizar el dolor desapareciendo. Tres, otro ejercicio que funciona muy bien es el de imaginar que el dolor tiene una forma, un tamaño, una textura y un color, (esto es para que la mente racional pueda entender, ya que la razón no entiende lo que los ojos no ven, da igual que sea real o imaginado, la mente no lo diferencia). Luego lo situamos en el espacio, entre las manos y empezamos a imaginar que esa estructura cada vez es más pequeña. Mientras imaginamos que la tenemos entre las manos, vamos juntándolas poco a poco, como si tuviéramos una pelota de baloncesto que poco a poco va disminuyendo hasta desaparecer de nuestras manos. Lo repetimos varias veces, y el dolor se va haciendo cada vez más pequeño hasta desaparecer”.

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