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Ejercicio oncológico. ¿De qué estamos hablando?
Ejercicio oncológico. ¿De qué estamos hablando?

¿EJERCICIO ONCOLÓGICO? ¿DE QUÉ ESTAMOS HABLANDO?

51 años ago

Ejercicio oncológico. ¿De qué estamos hablando?

En los últimos años están surgiendo distintas iniciativas de actividad física destinadas a personas que han pasado por el cáncer. Algunas se presentan como “ejercicio físico oncológico” o, como mínimo, con el último término asociado a la actividad, como si de un apellido se tratara (por ejemplo “yoga oncológico”). Siendo así y con el objetivo de aclarar posibles dudas y orientar a las personas interesadas, creemos interesante aportar una revisión del tema.

Por Aida Tórtola (Doctorando CAFD y ACSM Certified Cancer Exercise Trainer) Foto Mat Reding on Unsplash

¿EJERCICIO ONCOLÓGICO? ¿DE QUÉ ESTAMOS HABLANDO?

Foto Mat Reding on Unsplash

El Grupo Español de Investigación en Cáncer de Mama (GEICAM), define ejercicio físico oncológico como: “aquel ejercicio pautado y controlado por un profesional, que se realiza para reducir o prevenir los efectos secundarios de los tratamientos de forma individualizada y que, por sus efectos globales en el organismo, mejoran la salud, la calidad de vida y la supervivencia de los pacientes”. Vayamos paso a paso:

Paso 1: Entender que, en ocasiones, los términos se usan con objetivos puramente comerciales o de postureo. 

¿Existe el “ejercicio físico oncológico”? Si lo entendemos como una modalidad concreta de ejercicio, cuya intensidad, duración, frecuencia de entrenamiento y demás variables están definidas y son específicas y exclusivas para la población a la que se dirigen, la respuesta es no. Lo que sí hay son propuestas que mejoran la condición física de las personas que han pasado por un cáncer, al igual que las hay para entrenar a personas que han sufrido un infarto. La diferencia es que en Google no hay resultados de “ejercicio físico cardiológico”.

Paso 2: Huir de aquellas propuestas que sugieran cualquier tipo o nivel de curación del cáncer. 

Entenderemos entonces el término “ejercicio físico oncológico” como un modo de orientar a pacientes y supervivientes de la enfermedad hacia una práctica física segura, controlada y diseñada específicamente para su beneficio Y es que la definición de “oncológico” que nos da a RAE supone que dicho adjetivo debería aplicarse única y exclusivamente en el ámbito de la ciencia médica. Ha de quedar claro que el ejercicio no trata el cáncer, lo trata la medicina y en todo caso el ejercicio ayuda a ésta.

Paso 3: Asegurarnos de que la persona responsable de la actividad tiene, como mínimo, la titulación exigida por ley y formación específica (y seria) sobre ejercicio en cáncer. 

GEICAM resalta que el ejercicio debería estar pautado y controlado por un profesional. En este sentido existen distintas leyes autonómicas que nos dicen qué titulación ha de tener la persona dedicada a la actividad física para la salud o que trabaja para personas con necesidades físicas especiales. Además de la titulación académica/oficial de inicio y por una simple cuestión de ética profesional, dicha persona debería poseer formación específica con un cierto nivel de seriedad, es decir, cursos de pocas horas y/o impartidos por entidades o personas no especializadas y reconocidas, no son serias.

Huelga decir que las titulaciones aprobadas por los correspondientes legisladores, lo están por un mínimo de horas impartidas así como por el nivel de conocimiento que aportan sobre las áreas de que se ocupan.

Paso 4: Seleccionar actividades en que se realicen valoraciones específicas del estado de salud de la persona y con un máximo de participantes. 

El ejercicio debe estar individualizado, esto es, dirigirse específicamente a las necesidades de cada persona. Esto no tiene por qué impedir que la actividad se desarrolle en grupo, pero es fácil deducir que el número de personas que lo compongan, así como las valoraciones previas que se haga de ellas, serán factores a tener en cuenta. 

Paso 4: Priorizar aquellas propuestas de entrenamiento que más se adecúen a las necesidades físicas presentes y futuras. 

El objetivo prioritario de todo planteamiento de ejercicio para la salud es prevenir o reducir el impacto de los efectos secundarios y mejorar la supervivencia. Independientemente de la enfermedad, todo paciente o superviviente tiene sus propias características personales, y condiciones provocadas por el proceso patológico. Una vez se hubiera hecho la evaluación de las necesidades, la actividad física a la que dirigirse debería ser aquella que incida específicamente en aquellos efectos secundarios que más limitan la vida diaria y los que pudieran suponer mayor riesgo sobre la salud futura. 

Paso 5: ¿Pero entonces qué hago? 

¿Está mal hacer pilates, yoga, marcha nórdica, remo o actividades acuáticas? En absoluto, hacer actividad física nunca va a ser negativo. Ahora bien, tenemos que asegurarnos primero de: 

  • Cumplir con las recomendaciones mínimas de ejercicio que definen las guías internacionales. 
  • Priorizar, como decíamos, modalidades de ejercicio cuyos beneficios estén directamente relacionados con los efectos secundarios del proceso oncológico que más impacto tengan en la persona y que más riesgo supongan para su salud futura.

Si la actividad que nos apetece hacer nos aporta esos mínimos de actividad, maravilloso. Si no, empezaremos con los mínimos y después los podremos complementar con la actividad que más nos apetezca. Puedes saber más sobre el tema aquí.

Esperamos haber sido de ayuda y que aquellas personas que tienen o han tenido cáncer, se animen a entrenar con calidad.

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