Investigación

El estudio del cáncer en animales ofrece nuevas pistas sobre los tumores humanos
El estudio del cáncer en animales ofrece nuevas pistas sobre los tumores humanos
50 años ago

El estudio del cáncer en animales ofrece nuevas pistas sobre los tumores humanos

El Instituto Catalán de Oncología (ICO) y el Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL) promueven el estudio de ciertos cánceres en animales. En concreto, se estudian los tumores causados ​​por agentes infecciosos como los virus del papiloma o la bacteria Helicobacter pylori.

Esto permite ver si un virus o bacteria se comporta de manera diferente en diferentes animales, entender mejor la fisiopatología y descifrar los mecanismos que hacen que unos individuos infectados lo eliminen sin problemas y en otros provoque un tumor.

El cáncer en animales

Diversos estudios han demostrado que los animales salvajes tienen unas tasas de cáncer muy inferiores a los animales domésticos o en cautiverio. Parte de esta mayor prevalencia de cáncer se explicaría porque los animales en cautividad suelen vivir más años, lo que favorece la aparición de tumores.

Sin embargo, también se ha visto que las poblaciones animales sometidas a estrés ambiental, ya sea por la exposición a tóxicos, por estar confinados, etc. también tienen unas tasas de cáncer muy superiores a las poblaciones salvajes. «En estado natural, la presencia de cáncer en animales es muy excepcional. Las necropsias que se realizan en parques naturales, por ejemplo, muestran que muy pocos animales salvajes mueren de cáncer o con cáncer», explica Ignacio González Bravo, del Laboratorio de Infecciones y Cáncer del ICO-IDIBELL. 

Por otra parte, aproximadamente el 20% de los tumores humanos están causados ​​por agentes infecciosos. El virus del papiloma humano es causa necesaria para el desarrollo de cáncer de cuello de útero y está implicado en otros tumores como los de ano, pene, vagina, vulva y cavidad orofaríngea. Asimismo, la bacteria Helicobacter pylori favorece la aparición de cáncer gástrico y el virus de la hepatitis C, los tumores de hígado.

El ICO-IDIBELL, en colaboración con diferentes entidades de todo el mundo, ha analizado la presencia de agentes infecciosos cancerígenos en tumores de pene de caballos, en tumores genitales de delfines, ballenas, cebras o gamuzas salvajes, o en animales sanos y sin lesiones como murciélagos o hienas. 

«No sabemos qué proporción de tumores animales está provocada por agentes infecciosos, pero en la mayoría de animales que analizamos hay agentes infecciosos que pueden llegar ser cancerígenos», añade González Bravo.

El estudio animal, para entender mejor los tumores humanos

El estudio de los tumores animales permite ver si un virus se comporta de manera diferente en diferentes animales, y entender mejor su fisiopatología. «Se sabe que, en humanos, una misma variante de un virus en diferentes células provoca distintas enfermedades. Si estudiamos qué pasa en diferentes animales entenderemos mejor cómo funciona el virus y cómo podemos combatirlo”.

El 30% del cáncer de pene en humanos está provocado por los mismos tipos de virus del papiloma humano que provocan el cáncer de cuello de útero. La investigación del ICO-IDIBELL ha detectado que, en caballos, por ejemplo, los tipos de virus del papiloma que provocan cáncer son muy diferentes a éstos. «Ahora estamos estudiando si parte de los tumores de pene humanos pueden estar asociados a las mismas variantes que provocan el cáncer en caballos».

El estudio en vacas ha permitido detectar un virus que provoca tumores gastrointestinales, sobre todo, cuando la vaca se alimenta de helechos. «El virus y los helechos por separado no causan cáncer pero juntos pueden hacerlo. Ahora tenemos que mirar si algo similar ocurre en tumores humanos». 

Otro punto de interés es el cáncer en animales muy grandes, como elefantes o ballenas y lo que se conoce como Paradoja de Peto, que muestra que la incidencia de cáncer no está relacionada con el número de células que tiene un organismo. Parece que un organismo grande, con muchas células, debería tener más cáncer que los animales pequeños, con muchas menos células, ya que las probabilidades de que una célula se vuelva cancerígena aumentan cada vez que la célula se divide. La realidad, sin embargo, es que la incidencia de cáncer es similar. «Debemos estudiar si los animales grandes han desarrollado mecanismos de control celular mejores que los humanos. Si aprendemos cómo lo hacen, podemos desarrollar nuevas herramientas para combatir la enfermedad», concluye González Bravo.

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