dolor

Un día, sentada en la mesa del trabajo, sientes un pinchazo muy fuerte en la espalda y al levantarte te quedas clavada. Piensas que es por las horas que llevas sentada frente al ordenador, pero lo cierto es que cuando vas al médico te diagnostican una lumbalgia.

El dolor es una alarma del propio cuerpo que nos avisa de que algo no funciona. Es vital para nuestra supervivencia. “Cuando el paciente experimenta un dolor, por ejemplo, en la rodilla, lo más probable es que el cerebro reciba señales de esa zona y las interprete como peligrosas”, nos cuenta Iker Villanueva Ruiz, fisioterapeuta en Sasoian Fisioterapia

Lo normal es que el dolor dure unas horas o unos días. Pero, ¿y si no cesa en meses? Entonces, se convierte en crónico. Determinados malestares dejan de funcionar como alarmas de peligro que enciende el cerebro y continúan reflejando un daño invisible, como pueden ser las lumbalgias, la fibromialgia o el dolor del miembro fantasma. En muchos casos, los pacientes inician una búsqueda incesante para aliviar su sufrimiento: recorren varios médicos que les den una explicación, se cargan con fármacos analgésicos, se informan en Internet, oyen consejos de quienes han pasado por lo mismo… y muchos se desesperan.

La OMS considera el dolor una enfermedad en sí misma, un padecimiento que amenaza la calidad de vida de las personas de todo el mundo. Y es que para quien lo sufre es una condena perpetua, difícil de medir y de explicar. “Todas las actividades de tu vida diaria se ven afectadas, desde las más básicas como dormir hasta las relacionadas con el ocio o actividad profesional. Hay que imaginarse lo duro que tiene que ser sentir dolor durante todo el día: trabajando, estudiando, haciendo deporte, leyendo, durmiendo… Condiciona la calidad de vida de los pacientes”, subraya el fisioterapeuta.

En España, el 24,3% de la población siente dolor a diario. De hecho, todos los pacientes que acuden a la consulta de Iker Villanueva lo hacen porque les duele algo: “alrededor de un 80 % sufren dolor de espalda o cuello, y el 20 % de consultas restante corresponde a dolores en las extremidades”.

El optimismo sí influye

La IASP (Asociación Internacional para el Estudio del Dolor) define el dolor como una experiencia subjetiva, por lo que está sujeta a multitud de variables, biológicas, psicológicas, sociales y contextuales. Es decir, el nivel de dolor que pueden sufrir las personas teniendo lesiones similares puede variar mucho en función de su personalidad, entorno e incluso por el estilo de vida.

No es un mito decir que una actitud optimista ayuda a sentir menos dolor, ya que, tal y como indica el experto en fisioterapia: “una actitud catastrofista y/o asociada a conductas de miedo-evitación influye directamente en la aparición de mecanismos de facilitación descendente, lo que provoca un experto aumento de la intensidad o la frecuencia de la señal dolorosa”.

La mayoría de veces, cuando empezamos a tener dolor, no sabemos lo que está causándolo. Recabando más información nuestra comprensión del problema cambia. Pero la manera en que entendamos el problema puede afectar la cantidad de dolor que experimentamos. En este sentido, el sanitario nos habla de la importancia de la comunicación: “sabemos que el lenguaje que empleamos al comunicarnos con los pacientes puede activar el sistema opioide endógeno y el sistema endocannabinoide, produciendo una disminución del dolor. Y también puede ocurrir lo contrario y producir un aumento de colecistoquinina que amplifique la señal dolorosa”.

Consejos para calmar el dolor

La Sociedad Española del Dolor ha publicado una guía informativa con el fin de comprender el origen del dolor y encontrar las mejores vías para aliviarlo.

  1. En el caso de que el dolor no mejore o persista, a pesar de la medicación, se debe pedir consejo a un profesional sanitario.
  2. Mantener una actividad física suave o hacer algo de ejercicio diario, como caminar o nadar. “Los últimos estudios apuntan a que el ejercicio físico mejora la sintomatología y que el reposo la empeora”, explica el experto.
  3. Es importante no perder la actividad social, mantener contactos con la familia y amigos, ya que las relaciones sociales estimulan y distraen.
  4. Intentar ser optimista, no perder la esperanza ni la voluntad. Constantemente surgen nuevos estudios y tratamientos para ayudar a las personas con dolor.
  5. Si se realiza un trabajo que implica esfuerzos físicos, explicar al superior los factores a los que se enfrenta uno/a, pidiendo un cambio de departamento o realizando otras actividades más ligeras.
  6. Un dolor crónico afecta no sólo a quien lo sufre, sino a todas aquellas personas cercanas que le rodean. Hay que intentar compartir los sentimientos negativos con los profesionales sanitarios y guardar los buenos momentos para compartir con familia y amigos.

Con todo esto, vemos que el dolor es una cuestión que va más allá del sufrimiento físico, y que está muy unido a nuestra actitud, hábitos y estilo de vida. Es más complejo de lo que parece, pero paradójicamente, puede desaparecer si nos dejamos guiar por buenos profesionales y no nos damos por vencidos.

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