El investigador, personaje clave en la lucha contra el cáncer Foto: NOAA on Unsplash
El investigador, personaje clave en la lucha contra el cáncer Foto: NOAA on Unsplash

Foto: NOAA on Unsplash

Detrás de cada fármaco, de cada avance, se esconden hombres y mujeres que algún día decidieron que la vida de los demás tenía sentido y que buscar remedios para mejorarla iba a llenar la suya. Uno de ellos se llama Arkaitz Carracedo. Junto con su equipo en CICbioGUNE, intenta entender las bases y la vulnerabilidad de las células cancerígenas. Tras haberlo conocido en los Premios a Jóvenes Investigadores que organizan cada año los laboratorios AstraZeneca, mantuve una interesante charla con él. 

¿Cómo decidiste convertirte en investigador? ¿Y por qué dedicarte al cáncer?

Estudié la carrera de Biomedicina porque siempre me ha gustado entender cómo funcionan los distintos aspectos de la vida. Nunca me he visto con capacidades para hacer medicina porque la vinculación personal en el tratamiento con el paciente era algo que a mí me iba a costar mucho a la hora de desconectar, quizá por mi carácter. Tomé la decisión gracias a uno de mis profesores, que fue quien me inspiró. En este sentido, la educación y el profesorado son esenciales. En mi caso, este profesor me motivó para abrir mi curiosidad a la investigación y por eso fui a un laboratorio a aprender. Él trabajaba en cáncer y en bioquímica y siempre me ha parecido el mejor contexto, donde más podemos aportar y donde podemos entender en pequeño muchas de las reglas de la vida. Desde entonces no me he despegado del cáncer para ver el otro lado de la medicina y ayudar a los médicos. 

¿Entiendes la esperanza que generáis en la sociedad y a menudo también la desesperación? Porque lo que se investiga hoy día no será efectivo para las personas con cáncer en la inmediatez salvo casos muy concretos…

Uno de mis objetivos en el laboratorio es mejorar la manera en la que interaccionamos con la sociedad, con respecto a nuestro trabajo y a lo que implica. Nuestro trabajo tiene una vertiente adicional: generar esperanza. Y, mal gestionada, la comunicación puede provocar frustración, incluso decepción. Esto se basa en que los investigadores tenemos que justificar nuestro trabajo en publicaciones científicas, patentes, etc. Siempre debemos reflejar las potenciales implicaciones que tiene nuestro trabajo. A veces la investigación es un paso hacia entender mejor cómo funciona algo; se puede hacer investigación en bacterias o en organismos muy fundamentales que no tienen una aplicación inmediata, pero nuestro sistema de financiación nos obliga a trasladar lo que investigamos a la implicación que puede tener.

Gestionar correctamente los mensajes

Al acabar un estudio, cuando no gestionamos bien el mensaje en los medios de comunicación, puede dar pie a equivocaciones. Siempre digo que si no fuera investigador y viera las noticias, pensaría que el cáncer tiene curación. En muchos casos, lo que hacen las noticias es sobredimensionar el impacto de un resultado y su aplicación. Aquí nuestra labor es muy importante a la hora de comunicar y deberíamos trabajar estrechamente con los periodistas. Tenemos mucho trabajo pendiente. Para mí, la mejor manera es que la información no llegue solo a la gente cuando se acaba un estudio, sino que les llegue de manera constante. Eso se puede realizar a través de charlas divulgativas, cafés científicos, artículos de opinión, etc. Diversas formas de dar información sobre el cáncer y cómo estamos avanzando, cuáles son las expectativas, qué hemos aprendido en los últimos años, lo que estamos haciendo ahora, por qué tenemos las limitaciones que tenemos, etc. Si comunicamos sobre todo ello, la sociedad entenderá mucho mejor cómo interpretar el mensaje de una noticia. 

¿Eso significa que los medios de comunicación transmitimos mal el mensaje? 

No, creo que es una labor conjunta que no está bien sincronizada. Nosotros, en muchos casos, tenemos que justificar las implicaciones de nuestros resultados y, si no tenemos cuidado, lo podemos sobredimensionar; y desde los medios de comunicación puede pasar lo mismo cuando se tiene que resumir una noticia en un titular. Para mí, los gabinetes de prensa de los centros de investigación tienen un papel fundamental. Desde allí se gestiona el mensaje para que llegue más depurado a los medios y así damos relevancia a aspectos que nos parecen interesantes, más allá del titular. Aunque los titulares siempre van a estar y a acaparar la atención. Lo que he entendido estos últimos años hablando con periodistas es que la comunicación rápida y escrita, más aún en las redes sociales, necesita estos bullets points.

El problema es que nunca se piensa en el paciente que va a leer esta noticia cuando se escribe un titular y eso les hace mucho daño. Hasta puede hundir a ciertas personas porque se van a sentir identificados, cuando al final su caso no tiene nada que ver con la noticia. Hablar de muertes por cáncer a alguien que lo está viviendo en este instante es todo menos delicado. 

Por eso hay que trabajar en titulares más ajustados a la realidad y combinarlo con una ampliación de la cultura científica de la gente. Mi laboratorio da charlas a entre 12 y 15 colegios cada año para explicar lo que es el cáncer y la investigación. Hacemos lo mismo en talleres con pacientes y en charlas divulgativas en la sociedad. La presentación que damos es casi siempre la misma porque la carencia de la base de la sociedad es tal que debemos contar lo mismo para que desaparezcan los mitos que persiguen el cáncer. La gente no entiende de dónde viene: si es una enfermedad hereditaria, contagiosa, si surge porque fumes o no… Tenemos que crear una base de conocimiento. 

¿Los jóvenes entienden el peligro del tabaco o de una mala alimentación a largo plazo?

Diría que ni los jóvenes ni los mayores. Como sociedad vivimos pensando “a mí no me va a tocar”. Tras explicar lo que es el cáncer, suelo informar sobre cómo se reparte la aparición de esta enfermedad. Uno de cada diez o como mucho, dos de cada diez casos es hereditario (tasa muy pequeña). Luego tres de cada diez casos son prevenibles. Eso significa que cambiando nuestros hábitos de vida podríamos erradicar un tercio de los cánceres. La prevención es importante. El cáncer no va a desaparecer porque no fumes, o no lo vas a dejar de sufrir si no fumas, pero eliminamos parte del riesgo de desarrollarlo. Por el resto que va a aparecer debido a las consecuencias de la vida, tenemos que hacer el trabajo de diagnóstico precoz, de prevención secundaria. Eso vale para toda la sociedad. 

El cáncer en la sociedad es una palabra que se traduce para muchos por vida o muerte. Pero nos olvidamos por completo del sufrimiento que genera tal enfermedad. El sufrimiento es lo que más miedo da a la gente. Quizá enfocamos mal el reto de la prevención…

He hablado con muchas asociaciones para entender por qué las campañas de prevención no funcionan. Lo que dices es muy importante. En el caso del tabaco, además del sufrimiento, existe el sentimiento de culpa. La gente no entiende la relación causa-efecto entre fumar y el cáncer, pero también existe entre la radiación solar y el cáncer de piel, etc. Me preocupa la normalización del alcohol y del tabaco de los adultos en nuestra sociedad porque ellos reciben constantemente los mensajes de prevención. Damos el modelo en el que se van a ver reflejados los adolescentes. Desde la investigación, explicamos el porqué de las enfermedades para que se entienda la causa-efecto. El investigador debe estar a pie de calle; no es opcional, es una obligación. 

«El investigador debe estar a pie de calle; no es opcional, es una obligación»

Has estado en Estados Unidos para especializarte. ¿No has huido del país para investigar? 

Hice el doctorado en Madrid y luego me fui a EE.UU para adquirir más experiencia porque era una buena oportunidad personal y profesional. Iba a tener muchos más recursos en el extranjero. La paradoja fue que tuve una oportunidad de volver en 2010 antes de que golpease la crisis. A partir de entonces ha sido muy complicado para los investigadores volver a España. Es importante salir para formarnos en laboratorios de diferentes países pero siempre con la idea de que este conocimiento retorne porque es una gran inversión. Hoy día hay menos oportunidades para volver. 

¿Quedarte en España es importante?

Para mí sí lo es a nivel personal. Luego creo que tenemos un deber de construir aquí una investigación de calidad y podemos hacerlo. Si nos vamos todos fuera, lo que se genera es riqueza en otros países. Hoy, sin embargo, volver a España es un sacrificio profesional. La estabilidad y los recursos para investigar en EE.UU., por ejemplo, son mucho más importantes. Cuando estudiaba los recursos estaban casi triplicados; la velocidad para hacer las cosas, las estrategias en EE.UU, en Alemania, en Suiza, no tienen nada que ver con las que nos encontramos aquí. En España se hace muy buena investigación pero depende de fondos extranjeros.

¿Cómo hacer entender a las autoridades, que manifiestamente se toman el tema a la ligera, que la investigación no es un lujo sino una necesidad y no solo para que la imagen de España quede bien a nivel internacional?

El problema es que esta es una conversación muy difícil. Cuando planteas el problema, todos los políticos dicen que, por supuesto, la investigación es estratégica. El problema es que, en la práctica, la inversión no es una prioridad. A lo largo de los diez últimos años no ha hecho más que caer. Creo que los políticos no entienden que la riqueza de un país, incluso económica, depende de su capacidad de innovación y de generación de conocimiento. Sin embargo, no es prioritario en nuestro país.

Falta de financiación en España

Quiero ser optimista porque en estos últimos meses hemos visto pequeños avances, pero por un lado tenemos una gran falta de financiación y por otro tenemos una falta de perspectiva en cuanto a nuestras necesidades. Es urgente no solo contar con más fondos, sino también modificar las leyes de contratación que dejan en la calle a muchos investigadores en ciencia aunque tengamos dinero para financiarlos. Cada tres años tenemos que echar a la calle durante seis meses a los investigadores porque, de no ser así, deberíamos hacer contratos indefinidos lo que no es sostenible por el sistema. Hay que adaptar las leyes al sistema de financiación que es perverso, sobre todo para la continuidad de la investigación y para la estabilidad personal de los investigadores. 

«Creo que los políticos no entienden que la riqueza de un país, incluso económica, depende de su capacidad de innovación y de generación de conocimiento»

¿En qué tipos de cáncer os centráis en tu laboratorio?

Estudiamos principalmente cáncer de próstata y cáncer de mama. Llevamos años entendiendo cuáles son las particularidades de ambos tipos de cáncer y, además, tenemos herramientas que nos permiten estudiarlos con más resolución: tenemos modelos experimentales de la enfermedad, acceso a muestras de pacientes, etc. Las preguntas que nos planteamos y los resultados que obtenemos en muchos casos van a ser trasladables a otros tipos de cáncer. Por eso colaboramos con otros grupos y presentamos nuestros resultados en congresos. 

¿Cómo se gestionan las prioridades? Porque frente al cáncer queda casi todo por hacer, aunque la investigación haya avanzado de manera impresionante estos últimos años.

En cáncer de mama nos concentramos en el subtipo que es más agresivo y responde peor al tratamiento, el triple negativo. En los últimos años hemos identificado que hay una proteína, un factor, como si fuera un mecanismo, que parece ser muy importante para estas células. Nos hemos puesto eso como punto de partida y hemos decidido intentar entender cómo funciona esta proteína y por qué es tan importante para el cáncer triple negativo. A ver si, a través de estudiar esta proteína, podemos comprender mejor cómo estratificar pacientes, es decir cómo definir qué tratamientos son mejores.

Enfermedad de enfermedades

El cáncer es una enfermedad de enfermedades; los grupos de investigación a nivel internacional se centran en aspectos muy concretos y luego intentan trasladar lo que descubren a otros tipos de cáncer u otros contextos en base a colaboraciones, hablando con grupos que tienen otras fortalezas, otros conocimientos. Por ejemplo, podemos ir a un grupo en EE.UU que tiene experiencia en cáncer de páncreas porque creemos que nuestros resultados en mama pueden ser relevantes para algunos pacientes con cáncer de páncreas. Es como una onda expansiva donde encontramos algo y luego tratamos de trasladarlo y ver en qué contextos de la salud y de la enfermedad puede ser relevante. 

¿Compartir es fundamental en investigación?

Es fundamental y, de hecho, es una realidad. Estamos constantemente leyendo lo que otros investigadores están haciendo en otros temas también porque creemos que puede tener un impacto sobre lo que estamos intentando entender y, a su vez, comunicamos lo que hacemos para que otros grupos puedan coger este conocimiento y utilizarlo. Participar en congresos, compartir y comunicar es fundamental. El único propósito que debemos tener es generar conocimiento y abrirlo para que se pueda construir más. Es como una escalera en la que se van subiendo peldaños pero van ascendiendo grupos de investigación diferentes. 

Escuchándote me da la sensación de que, como investigador, tienes una libertad de la que otros no pueden disfrutar.

Como investigador tengo mucha suerte. Nuestro trabajo tiene la ventaja de que se basa en la creatividad. Lo suelo comparar al trabajo de un artista en el arte o en la cultura. Nuestra actividad depende de la creatividad y de entender cosas, de tener ideas y de poder utilizarlas. Y después, de contarlas y de que los demás las cojan como fuente de inspiración para seguir con la investigación. Los tratamientos de hoy provienen de las ideas del pasado. 

¿Quién financia los trabajos de vuestro laboratorio? 

Está financiado en parte por el sistema público de investigación, el Ministerio de Ciencia. Si dependiera solo de esta financiación, podría tener dos o tres personas y tengo 23 personas. Además, tenemos financiación regional del gobierno vasco que nos permite tener a estudiantes que cursan la tesis doctoral y les paga el salario durante cuatro años. También tenemos financiación privada de asociaciones como la AECC o de fundaciones como la Caixa o el BBVA. Eso supone un pellizco importante. Luego, la mayoría de nuestra financiación procede de Europa, de la Comisión Europea. Tenemos la suerte de haber podido conseguir financiación de la más prestigiosa a nivel europeo, los proyectos ERC, que financian alrededor del 60 o 70 % de nuestro trabajo. Este dinero cubre todo un abanico. En los últimos años vemos que la financiación privada está siendo una fuente principal y primordial de la investigación. El importe de esta ayuda supera la ayuda pública. 

En el extranjero, ¿el esquema es parecido?

En EE.UU. la financiación pública es mucho mayor. En países como Alemania la inversión es mayor también. En Reino Unido tienen una estructura de mecenazgo tremendamente robusta y que les da una potencia importante. Las leyes han permitido que eso pase. En España reclamamos desde hace tiempo una ley de mecenazgo que ajuste desgravaciones para las empresas o las personas que quieran donar fondos a la investigación. Si la tuviéramos, la financiación privada tanto por parte de filántropos, personas y empresas, sería mucho mayor. Sorprende porque hay un anteproyecto de ley preparada en un cajón, por lo que sabemos, pero que por alguna razón no se ha llevado a cabo. Solo ofrece ventajas. Es un reclamo que la ley de mecenazgo debe seguir adelante para que haya una fuente alternativa de financiación de la investigación, que no debe sustituir a la financiación pública, pero la debe impulsar y complementar. 

 

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta