Psicología

Dar la mano al paciente
Dar la mano al paciente
50 años ago

Dar la mano al paciente

La cara más humana del oncólogo: entrevistamos al Dr. César Beltrán

Cesar

 

Todavía seguimos leyendo y oyendo noticias de que alguien ha fallecido después de una larga y penosa enfermedad cuando se refieren al cáncer ¿cuándo cambiará esto?

Es cierto que todavía existe un cierto tabú al hablar del cáncer, pero lo bueno es que va disminuyendo, cada vez se habla más y con más normalidad. Socialmente se ha hablado poco del cáncer y a menudo con eufemismos, todavía hay gente que tiene miedo incluso a esa palabra y no quiere ni pronunciarla, pero hay que respetarlo. Lo que es curioso es que se habla del cáncer con normalidad cuando se refiere a los avances o cuando se dan noticias de investigación y de tratamientos pero, en cambio, al referirse a una persona a veces no se utiliza.

¿Y lo menciona al hablar con los pacientes?

Al estar con un paciente hay que determinar qué tipo de relación y vocabulario vas a utilizar. A mí me enseñaron un término, que era el de “la verdad soportable”, ir dando la información adecuada al paciente y la que pueda ir tolerando. Yo estoy en contra de dar sentencias, fundamentalmente porque las sentencias son probabilidades y luego pueden estar en contra de lo que has dicho. Hay personas que sí quieren toda la información, hay que valorar lo que se dice intentando evitar un impacto muy negativo, o intentar no ser contraproducente.

¿Se acuerda de la primera vez que comunicó a un paciente el diagnóstico de cáncer?

Claro que lo recuerdo, además la primera fue un familiar, y desde luego no tuvo nada que ver a como son ahora las cosas. Pensando en estos 20 años que llevo trabajando, me vienen más cosas buenas y positivas respecto a los resultados que antes. Hay más detección precoz, se va más al ginecólogo y los tratamientos se aplican antes; no llegan casos muy avanzados, muchos de los tumores que detectamos están en fases precoces y los podemos curar. Ha cambiado también la toxicidad de la quimioterapia, se han mejorado mucho los efectos secundarios; yo no miento cuando le digo a un paciente que durante el tratamiento de radioterapia puede llevar su vida normal. Hay más cáncer, pero hay mucha más detección porque hay más sensibilidad y, por tanto, más supervivencia.

¿Y respecto a la investigación?

Tengo la suerte de tener grandes compañeros que investigan, gracias a eso yo puedo aplicarlo después. Está claro que hay que avanzar; los tratamientos cada vez son menos agresivos, y llegará el día en que hagamos un tratamiento más personalizado, dirigido a cada tumor, a cada enfermedad, todavía queda mucho pero llegaremos. Estamos en un momento de transición en el que debemos intentar conseguir que los tratamientos sean lo menos agresivos y tóxicos posible, asegurar supervivencias con menores secuelas, y algo muy importante: que tengan calidad de vida. En el futuro, la detección y el tratamiento serán por vía molecular, y se personalizará un tratamiento diana, exclusivo para cada caso.

¿Cómo es su relación con los pacientes?

Cuando explico en qué consiste la radioterapia, intento adaptarlo al paciente y comprobar si lo entiende. Los pacientes escuchan y asienten a lo que oyen, pero a veces se les olvida al salir de la consulta. Como en todas las enfermedades, hay que tener mucha paciencia, tanto los pacientes como los médicos. El modo en que practico la medicina podría decirse que es muy personalizado, intento ser cercano, establecer empatía. Por supuesto que el tratamiento médico es básico, pero influye mucho cómo acompañas al paciente; hay avances científicos y tecnológicos que nos permiten aplicar cada vez más un tratamiento personalizado, menos tóxico, pero lo tenemos que envolver para que se lleve mejor. Mi modo de ser es estar en el trabajo como soy, no poner una barrera.

Hay una pregunta que nos hacen siempre: ¿qué haría usted si el paciente fuera su madre o su padre?

Entiendo que me la hagan; yo lo viví con mi padre y me marcó bastante, el haber pasado por algo semejante te ayuda a ponerte más en su lugar y sé lo que les puedo decir; yo puedo ayudar a tomar una decisión, pero no decirles lo que deben hacer.

¿Cómo le influye el trabajo en su vida personal?

No me gusta utilizar el término distante respecto al paciente, pero lo que sí hay que aprender es a separar tu vida personal de tu vida laboral; no puedes llevarte a casa todo lo que sucede en el trabajo, entonces no tendrías vida propia. Tienes tus errores y tu modo de ser, pero en el trabajo tienes que volcarte, dar consuelo, cariño, aliviar el dolor y el sufrimiento, explicar las cosas, estar con el paciente, con su familia, en fin, como si fueras la Madre Teresa de Calcuta… En el trabajo hay que estar 100% en lo que estás, y además reír, llorar, acompañar, pero luego en tu casa hay que estar con tu realidad y tus problemas cotidianos. Yo me acuesto muy tranquilo, con la conciencia tranquila después de hacer todo lo que puedo, aunque a veces proteste al experimentar que eso lleva consigo cambiar planes, perder entradas de cine y de teatro. Me gusta mucho mi trabajo y le dedico muchas horas, me llena; aunque confieso que no he sido médico vocacional, soy feliz con lo que hago. Y para descansar me ayuda mucho leer, cojo un libro y desaparezco.

¿Qué consejos da a los pacientes?

Como es sabido, muchos consultan Internet pero pienso que puede ser un enemigo si no se utiliza bien, la excesiva o inadecuada información puede desbaratar mucho y generar mucha ansiedad. Por supuesto, aconsejo hacer ejercicio; y respecto a la dieta, les recomiendo no hacer cosas raras, tomar la dieta mediterránea, lo que hemos tomado siempre: aceite de oliva, verduras, tomates, etc… Afortunadamente, cada vez se abusa menos de los embutidos y de los fritos. Y desde luego, el peor enemigo es el tabaco. Tenemos la prevención muy olvidada, además de mantener un estilo de vida saludable, reitero la importancia de hacerse las pruebas y revisiones pertinentes.

Dar la mano al paciente

La primera reacción del paciente de cáncer suele ser: ¿por qué a mí?; es una enfermedad, no una venganza ni un castigo, hay que evitar que caigan en un pozo más grande de lo que es en realidad, pues entonces hay que pelear contra dos enfermedades: la del tumor y la que se puede generar en su cabeza.

¿Y qué dice a los familiares?

El amor es muy bueno, pero en algunos casos puede ser perjudicial; como es lógico, la familia quiere que el paciente se sienta bien y a veces insisten demasiado en que coma, o en querer evitar totalmente el sufrimiento; deben ser su soporte, y hay momentos en que es difícil, por eso es bueno explicarles cómo son las cosas, a veces es duro pero hay que hacerlo. Además de la familia, cada uno tiene su papel en el equipo, y todos son importantes para que funcione bien:  la enfermera, el técnico, la secretaria, el personal de limpieza, etc. Yo tengo una parte en ese trabajo, y todos tenemos que hacer un trabajo digno, bien hecho, y con excelencia. Todos los pacientes son importantes, y se merecen una misma profesionalidad y un mismo trato. La lucha es importante, y  somos más fuertes de lo que pensamos. Hay que ser peleón, hablar claro e informar para  evitar que nos sorprendan o desborden los acontecimientos, lo ideal es que el paciente y la familia estén tranquilos y vayan en una misma dirección,  esto contribuye a que todo vaya mejor.

Por último, ¿qué diría a las lectoras de la revista y a su entorno?

Las personas que están cerca de un paciente tienen que tener en cuenta que poseen un papel súper importante, que están dentro del tratamiento y que deben saber cuál es su papel para no interferir. El paciente que tiene una influencia positiva de su entorno responde mejor. Debemos tener presente que hoy las cosas han cambiado mucho, hay muchos matices; tener un cáncer no es sinónimo de que se acaba el mundo, hay mucho mundo por delante. Hay que ponerse en manos del especialista y saber que es una enfermedad dura, difícil, pero una enfermedad más y en la que cada vez hay más avances. Sinceramente, como ya he dicho, no me vienen a la mente experiencias negativas; hay fracasos, pero hay que admitirlos y seguir adelante.

Por: Ana Sedeño Foto: Manuel Charlón

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