Por Valérie Dana 
macrobiotico

Macrobiótica. Ya escucho los gritos diciendo: “¡vaya barbaridad!”. No os asustéis, por favor. No se trata de hablar  de una “nueva” dieta milagrosa, sino de exponer la filosofía de vida de mucha gente. No es ni peor ni mejor que otras; sencillamente nos ha parecido interesante profundizar en el tema después de nuestra experiencia, más que positiva, en el SHA Wellness (Alicante).

El origen de la macrobiótica

De origen griego, la palabra “macrobiótica”, compuesta de “macro”y “bios”, significa gran vida, larga vida. Hipócrates ya se refería entonces a esta manera de vivir cuando decía: “sea el alimento tu medicina y la medicina tu alimento”, al igual que lo hacía siglos más tarde el filósofo y antropólogo alemán Ludwig Feuerback con su “somos lo que comemos”.

Sin embargo, fue el filósofo George Ohsawa, inspirado por sus raíces orientales, el fundador de la macrobiótica moderna, que ha llegado hasta nosotros gracias al trabajo de su discípulo Michio Kushi -creador del Instituto Kushi- que actualmente continúa divulgando la doctrina.

La base de la macrobiótica

Existe una estrecha relación entre nuestra mente y nuestra alimentación. Y solo quienes lo entienden así y conciben la macrobiótica como un arte de vivir pueden seguir sus principios. Vamos a explicar de qué se trata.

La macrobiótica busca llegar a un equilibrio entre el ser humano y el medioambiente. La idea principal es que no habría hambruna en el mundo si aplicásemos sus conceptos porque deberíamos nutrirnos de lo que nos da la tierra.

Llegar al equilibrio

La especialista en nutrición del SHA Wellness, Teresa Mizón, nos explica que la base (china) de la macrobiótica es un principio que une dos fuerzas que a su vez influyen en todo lo que nos rodea; la primera, la yang, es contractiva, representa el fuego, la temperatura caliente, el sexo masculino, los cereales, el sabor salado y amargo, la carne, etc.; y la segunda, la ying, es expansiva, representa el agua, el frío, el sexo femenino, las legumbres, los sabores azucarados -ácidos o dulces-, el alcohol… Estas fuerzas son opuestas, pero también complementarias. La macrobiótica estudia los alimentos de una forma nutricional y energética para llegar a un equilibrio.

La macrobiótica, una filosofía de vida 

Esta filosofía vuelve a utilizar los comestibles que eran la base de la alimentación de nuestros antepasados y que no difieren mucho de nuestra dieta mediterránea. La idea es regresar a nuestras raíces y dar a nuestro cuerpo el poder de autoregeneración.

Gracias a alimentos cultivados de forma natural, es decir, de forma orgánica y biológica, evitando el uso de pesticidas y fertilizantes químicos, se consigue elevar la calidad nutricional de la comida y así proteger nuestro medioambiente. Se trata de adaptarse al entorno.

Alimentarse de manera sana 

Con todas las dietas que inundan nuestra sociedad (superfood, fast food, etc.) ya ni sabemos lo que comemos ni por qué lo comemos. Y eso tiene un efecto directo en nuestra salud. Un claro ejemplo es el número cada vez mayor de personas alérgicas al gluten. Hay que diferenciar, según Teresa Mizón, los celíacos de los demás “alérgicos” cuyo organismo ya no aguanta más la rutina alimentaria convencional. Lo que les sucede es que simplemente no toleran más cereales refinados, pero eso no significa que sean alérgicos.

Comer con conciencia de todo 

Teresa Mizón compara la macrobiótica con una casa donde la base estaría organizada de la siguiente forma: cereales, verduras, legumbres, algas, condimentos y aceite vegetal. Luego, no descarta “salir” de nuestro hogar, con conciencia, al país de los pescados, lácteos o carne roja, por ejemplo. Eso sí, siempre y cuando volvamos a nuestra casa.

Descubrir nuestras necesidades 

Lo más importante es tener claros los efectos de los alimentos en nuestro cuerpo y en nuestra mente, además de tener en cuenta que cada ser humano es diferente y tiene necesidades diferentes.

Para entender la forma de alimentarse cuando comemos macrobiótico, lo más sencillo es imaginar una pirámide. Vamos a comparar esta dieta con la mediterránea para ver en qué se diferencian.

Macrobiótica vs. mediterránea

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La base es idéntica, aunque la macrobiótica solo utiliza pasta, arroz, pan de buena calidad y otros productos elaborados a base de harina  integral, ya que la refinada pierde todos sus nutrientes.

Excepto las berenjenas, los tomates y las patatas, si la verdura y las frutas -biológicas para los macrobióticos- se consumen a diario deben provenir de la región donde vivimos. Respecto al pescado y la carne, se pueden comer siempre y cuando se vigile su origen.

La diferencia fundamental entre las dos dietas es el uso de los lácteos. Mientras que los macrobióticos toman leche de manera opcional (el calcio se puede encontrar en el aceite de sésamo o en los frutos secos), la dieta mediterránea la consume de manera diaria.

Las dos dietas, no obstante, preconizan hacer ejercicio físico de forma regular.

No olvidarse del placer 

¿Son tan diferentes estas dos dietas? En el fondo, no. En la macrobiótica, nada está prohibido. Pero se diferencian claramente dos conceptos: la necesidad y el placer. Si algunos alimentos se deben consumir a  diario, otros se pueden tomar de forma mucho más moderada y asociados a la idea de placer. La macrobiótica está lejos de muchas dietas actuales y sobre todo de la idea de que debemos comer en cantidad para tener los nutrientes suficientes.

¿Comer macrobiótico es factible en nuestra sociedad?

Como hemos explicado, depende de nuestra forma de ver la vida. Si queremos llegar a un equilibrio mental y físico, es la dieta ideal. Pero debemos tener la disposición de respetar unas pautas fundamentales que, en definitiva, responden a un estilo de vida. Debemos:

  • Conocer muy bien la parte yin o yang de cada alimento para llegar a este equilibrio alimentario.
  • Tomarse el tiempo necesario para cocinar. Si es verdad que se pueden cocer los cereales con antelación, la mayoría de los alimentos se sirven calientes…
  • Tener en cuenta que para comer bien se necesita tiempo; masticar cada alimento hasta 50 veces es uno de los fundamentos de esta filosofía de vida. Cuanto más se practica, más se asimilan los alimentos y menos hambre tenemos.

En conclusión, la dieta macrobiótica no es una dieta para adelgazar. Es toda una filosofía de vida donde cada bocado representa el deseo de llegar a un equilibrio personal, con la naturaleza y con el mundo en general, a un estado de libertad tanto físico como espiritual.

Más información sobre la macrobiótica:

“El zen macrobiótico o el arte del rejuvenecimiemnto y la longevidad” de George Oshawa.

“Las 4 estaciones”, Aveline Kushi y Wendy Eske.

“Introducción a la filosofía y Medicina Oriental”, Michio Kushi.

Gracias a Carmelo Ruiz Román por haberme iniciado en la macrobiótica.

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