Según los estudios, el cáncer de mama tiene un impacto negativo en la calidad de vida y en la sexualidad de las pacientes. El funcionamiento sexual puede verse afectado por la propia enfermedad y también por el dolor, la ansiedad, la ira, las circunstancias estresantes y los medicamentos, pudiendo llegar a alterarse prácticamente todas las fases de la respuesta sexual, incluidas la intimidad y la sexualidad compartida. Según la doctora Francisca Molero, vicepresidenta de la Federación Española de Sociedades de Sexología, directora del Instituto Iberoamericano de Sexología y codirectora del Instituto de Sexología de Barcelona, “la sexualidad es algo que nos acompaña toda la vida y nos ayuda como seres humanos a estructurarnos”. Esta tiene tres funciones: la obtención de placer, la reproducción y la comunicación afectiva. “Dentro de ella, además, hay tres componentes: el cognitivo, el emocional y lo que tiene que ver con el cuerpo. Sin embargo, a menudo, cuando se aborda lo sexual en la sociedad, se tratan siempre los mismos temas y se banaliza porque se fija la atención sobre lo anecdótico”. Por todo ello, antes de finalizar 2015, la SEGO publicará el Protocolo sobre Se-xualidad y Cáncer de Mama, en el que han trabajado 16 profesionales de la ginecología y la sexología durante un año. Entre los integrantes de este proyecto está la doctora Francisca Molero.

Dra. Francisca Molero, vicepresidenta de la Federación Española de Sociedades de Sexología, directora del Instituto Iberoamericano de Sexología y co- directora del Instituto de Sexología de Barcelona.

Dra. Francisca Molero, vicepresidenta de la Federación Española de Sociedades de Sexología, directora del Instituto Iberoamericano de Sexología
y co- directora del Instituto de Sexología de Barcelona.

En un avance sobre este protocolo, presentado en el 33 Congreso Nacional de la SEGO, celebrado en Bilbao, se explica que existe mayor riesgo de disfunción sexual cuando se lleva a cabo una cirugía radical, durante los tratamientos de quimioterapia y en las pacientes más jóvenes; que después de seis meses libres de enfermedad, la calidad de vida sexual está más influenciada por el tratamiento recibido y el estrés emocional que por la edad; y, que, por encima del daño físico o químico, la calidad de la relación de pareja es un fuerte predictor después del cáncer de la satisfacción, la función y el deseo sexuales. Además, los pacientes oncológicos cada vez tienen mayor supervivencia, por lo que las relaciones amorosas y sexuales son importantes en la calidad de vida y la recuperación de la normalidad. Sin embargo, según apunta este avance del Protocolo, hay un reconocimiento creciente de que estas necesidades no siempre están siendo tratadas por los profesionales, quienes, además, muchas veces no se sienten capacitados para abordar estos temas por la inseguridad que produce la falta de formación. En este sentido, apunta, “entre las dificultades de los profesionales para informar sobre sexualidad está la percepción de que es un tema de gran dificultad, los prejuicios propios (priorizar creencias sobre evidencias), la formación insuficiente, la incomodidad, las su- posiciones de cómo reaccionaría la paciente y la limitación de tiempo”. Y entre la insatisfacción de una necesidad de información de la paciente está la idea de que “no hablar puede indicar que no es importante el tema, que se debe asumir el trastorno en la vida sexual o sufrirlo en silencio”. Ante el análisis de la situación presente, la doctora Molero es optimista.  Del mismo modo que el sanitario no necesita ser nutricionista para asesorar sobre pautas de alimentación, ni necesita ser profesional deportivo para informar sobre ejercicios físicos saludables para la paciente de cáncer de mama, “el sanitario aun sin ser sexólogo clínico podría asesorar sobre nociones básicas de sexualidad. Recibiendo una formación adecuada, el profesional de la salud podría informar óptima- mente a la paciente sobre el hecho de que la sexualidad podrá verse afectada en el proceso oncológico y que luego podrá rehabilitarse o recuperarse. Cada paciente tiene su tiempo psicológico, y no hay que obligarle a que trate el tema sexual pero sí comentarle que tiene esa puerta abierta por parte de los sanitarios”, dice la doctora Molero. Además,“hablar de futuro, más allá del tumor y del proceso inmediato, puede ser muy bien valorado por las mujeres como elemento de confianza en la supervivencia”, añade.

Entre las conclusiones del avance del Protocolo, las cuatro principales son:
• Hay estudios que hablan de que entre el 80 y 90% de los pacientes oncológicos se puede beneficiar de un breve asesoramiento.

• Todos los problemas sexuales no se convierten en disfunciones que requieran tera- pia sexual especializada.

• Muchos de los problemas de los pacientes se solucionan con una información adecuada y con apoyo de fármacos si son necesarios.

• Los profesionales deben ofrecer una red de derivación a los pacientes que lo necesiten, psicoterapia y/o terapia sexual.

Empezar de nuevo

Según la doctora Molero, durante el tratamiento oncológico la pareja ha ocupado el lugar del cuidador, acompa- ñando a la paciente y siendo invadido/a por las incertidumbres sobre la supervivencia de su pareja. Una vez pasado el proceso oncológico y recuperada la mujer, ¿cómo se puede pasar del papel de cuidador o paciente al de pareja erótica? Ante todo, dice, “hay que trabajar la capacidad de readaptarnos. La sexualidad se manifiesta de distintas formas en las distintas etapas de la vida y circunstancias. Si llevas un tiempo sin actividad sexual, reiniciarla debe ser progresivo”, explica la doctora Molero. El objetivo es disminuir las expectativas sobre el sexo e ir haciéndolo, disfrutarlo, porque “el tiempo jugará el resto de la partida favorablemente”.

Valérie Tasso es escritora, sexóloga, e investigadora francesa afincada actualmente en Barcelona. Es colaboradora habitual de revistas y programas de televisión y es autora de siete libros (algunos de ellos, bestsellers), entre los que se encuentran Diario de una mujer pública o El Método Valérie. “En el caso de los pacientes que han padecido un cáncer y quieren recuperar el deseo, primero les diría que tengan paciencia. El deseo es muy volátil, muy frágil (incluso cuando no se ha pasado por una grave enfermedad) y requiere de un trabajo diario. El deseo va y viene. Para que aparezca, hay que llamarle, porque es muy caprichoso y no aparece cada vez que se quiere”. “El apetito viene comiendo”, dice el refrán. En sexualidad, es lo mismo. El filósofo Spinoza decía: “el deseo es la esencia del ser humano”. Y es muy cierto. “El deseo siempre está aunque esté en letargo”, explica la escritora francesa.“Para ese comenzar y salir del letargo, el contacto físico (besar, acariciar, abrazar), la comunicación y la imaginación son claves. Incorporar la lectura de relatos eróticos a la vida diaria va muy bien para hacer este ‘llamamiento’ al deseo. También, trabajar el imaginario erótico a través de las fantasías eróticas es una gran herramienta sexológica. Las personas que han padecido cáncer pueden, si tienen pareja, incorporar juegos de este tipo; que la pareja vaya leyendo en voz alta al otro o vaya dejando notas de algunas fantasías para que el otro las encuentre y las lea, suele tener resultados más que excelentes”, dice Valérie Tasso. Por otro lado, la sexóloga destaca: “Hemos confundido lo que es el sexo con los genitales”. Es decir, hemos confundido una parte con todo, lo que en lingüística llamamos ‘metonimia’. Eso significa que cuando pensamos en ‘vida sexual’ la gran mayoría de las veces, pensamos en ‘el coito’ como objetivo. Y en el orgasmo como finalidad”. La sexualidad de una persona es muchísimo más que eso, afirma. “Y es una buena noticia para las personas que han padecido un cáncer saber que recuperar el deseo y la vida sexual no es tan complicado a poco que hayamos entendido que sexo no es igual a coito”. “En esta dirección, en sexología se trabaja lo que llaman la ‘focalización sensorial’, a saber, el (re)descubrimiento a través de las caricias, de sensaciones olvidadas o desconocidas porque estábamos demasiado cegados por la genitalidad”. Tasso comenta que “Masajear al otro y prohibir el coito también son grandes consejos para crear morbo. En estos casos, lo ideal es que se vayan haciendo masajes por turnos, pero que la persona ‘pasiva’ se deje hacer de todo, y que no participe en absoluto cuando la están tocando. Muchas veces, pensamos que si nos tocan también tenemos que tocar a la vez. Lo único que se consigue con eso es dispersar, no estar al 100% en el propio placer de ser tocado”. Valérie Tasso, en su libro Antimanual de sexo manifestaba que “en la interacción sexual, tenemos que ser una fraternidad de egoístas”. Es decir, según la autora, “debemos ser más egoístas a la hora de recibir”. “Dejarnos hacer, cerrar los ojos y disfrutar de las caricias es imprescin-dible para que aparezca el deseo y posteriormente la excitación”.

La escritora y sexóloga Valérie Tasso.

La escritora y sexóloga Valérie Tasso.

La sexóloga francesa también tiene palabras para las mujeres que en la actualidad están en tratamiento. “No me acuerdo quién lo dijo, pero me encanta esta frase: ‘Amar es sobre todo amar el olor del otro’. Ya sé que no es ningún consuelo, pero es interesante pensar en esta frase. Hay que tener en cuenta la biografía vital de cada uno. Si ha habido quimio, es absolutamente normal que cambie el olor de la piel, etc. Aceptar eso ya es un primer paso”. Luego, si se quiere ir un poco más allá, “usar algún aceite esencial, como el maravilloso aceite esencial de lavanda, por ejemplo, en un poco de crema hidratante, y masajear el cuerpo con esta mezcla hace milagros… Pero, insisto, la aceptación de uno mismo, o del otro cuando es la pareja, y de los cambios que el cuerpo ha experimentado a raíz de un tratamiento con quimio es más importante que todos los aceites esenciales del mundo”, concluye Valérie Tasso.

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