cancerdemamaMe llamo Conchi, tengo 56 años y hasta hace poco llevaba una vida normal. Casada, con dos hijas de 29 y 23 años, trabajando como cosedora en una tapicería, llevando mi casa.

Desde que cumplí los 50 años me hacía una mamografía cada año, como muchas mujeres, pero en la última revisión rutinaria no me esperaba lo que me iba a cambiar la vida, ya que yo no me había notado nada anormal en los pechos.

El 14 de octubre de 2013 me hice la mamografía anual, y el día 31 me llamaron del hospital para repetirla, ya que aparecía una mancha en mi pecho derecho que no debía estar ahí. Me hicieron una biopsia y cuando el 15 de noviembre fui a la consulta de la cirujana a recoger los resultados, me dijo que tenía un tumor maligno que había que quitar.

La mente se me quedó en blanco y yo sólo podía llorar. La doctora me tranquilizó diciéndome que gracias a la mamografía rutinaria lo había detectado a tiempo, ya que todavía era un tumor muy pequeño. El 26 de noviembre me operaron y afortunadamente todo salió bien y sólo hubo que extirpar el tumor.

El tratamiento de quimioterapia fue muy duro porque estaba muy débil y perdí casi 12 kilos, y, aunque mi familia siempre estaba a mi lado apoyándome cuando los necesitaba, ellos también lo pasaban mal al verme.

Una de las primeras cosas que hice después del diagnóstico, fue acudir a AYAC, la Asociación de Yecla de Afectados de Cáncer, para hacerme socia y voluntaria, al igual que también lo son mis hijas y mi marido. Con mis compañeras de la Asociación sentía un gran apoyo, ya que ellas habían pasado por lo mismo que yo y me animaban para ir a los talleres y a las clases de Yoga y Aquagym que organiza AYAC.

Yo intentaba asistir siempre que las fuerzas me lo permitían, ya que me ayudaban a no desconectar de la normalidad y a poder hacer ejercicio y divertirme en un entorno en el que todos sabían por experiencia propia por lo que estaba pasando.

Durante la quimioterapia también estuve asistiendo a sesiones de Reiki todos los días, ya que me aportaba mucha calma, me ayudaba a mantenerme positiva y a relajarme.

La radioterapia fue mejor, aunque, como el hospital de mi ciudad, Yecla (Murcia), no cuenta con servicio de oncología, tenía que madrugar muchísimo para desplazarme en coche todos los días a más de 100 kilómetros de casa. Es por eso que desde hace unos meses en AYAC estamos llevando a cabo una recogida de firmas para conseguir que el Hospital Virgen del Castillo de Yecla cuente con su propio servicio de oncología, lo cual contribuiría a mejorar la calidad de vida de los pacientes y de sus familiares mientras estamos en tratamiento.

Para mí 2014 ha sido un año duro, pero ahora que veo la luz al final del túnel, me acuerdo de las palabras que me dijo la cirujana, que del cáncer se puede salir, que es una batalla que cada vez se gana más. La revisión después del primer año ha ido perfecta, así que ahora me toca recuperarme física y mentalmente para poder volver a hacer vida normal.

Con el cáncer la vida se ve de otra manera, aprendes a disfrutar más del día a día, de la gente a la que quieres, de los pequeños momentos, y a dejar atrás preocupaciones que antes te parecían enormes. Pero también es verdad que la recuperación psicológica es tan importante y, a veces, tan lenta como la física, y por eso el apoyo de tu familia y de tus amigos es fundamental. También lo es contar con asociaciones como AYAC, que se encargan no sólo de ayudar al paciente en todo lo que necesite, sino también de ofrecer asistencia para sus familiares.

Para terminar, solamente quiero deciros que no tengáis miedo a las revisiones, pues con el cáncer lo mejor es cogerlo a tiempo. A todos los que estéis pasando por esta experiencia, afectados y familiares, os envío mucho ánimo para sigáis luchando y pensando en positivo.

 

NOTA:  Muchas gracias a Conchi y a todas las personas que han querido y quieren compartir su experiencia en www.revistarose.es. Estamos seguras de que sus testimonios servirán para ayudar a muchas otras de vosotras que estás pasando por situaciones parecidas.

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