Por Javier Granda Revilla

 

Las cifras de consumo de tabaco descienden año tras año. Pero, tratando de remontar esta tendencia, la industria tabaquera lleva años lanzando diferentes dispositivos para ganar cuota de mercado. El funcionamiento suele basarse en calentar el tabaco mediante una batería. Así se genera un aerosol y una serie de sustancias, ya que el tabaco va mezclado con líquidos que pueden contener nicotina o no. “Aunque no contengan nicotina, no están exentos de riesgos”, advierte el doctor Francisco Pascual, presidente del Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo (CNPT).

La oferta de nuevos dispositivos es enorme, alerta el experto: van desde los desechables –que permiten entre 400 y 700 caladas– a los vaper pens, con forma de bolígrafo o de USB y que cuentan con una batería. Por otro lado, están los vapeadores mod, que son más grandes y generan mucho más vapor que el pen.
Finalmente, los pods están a medio camino entre pens y mods y se encienden de manera automática cuando se inhala la boquilla.

Una droga estimulante

“El problema y el riesgo que entraña el uso de los vapeadores están tanto en el aerosol como en los líquidos, que suelen contener nicotina, que es adictiva y una droga estimulante, por lo que puede causar una serie de alteraciones, como taquicardia o hipertensión arterial. E incluso mareo en algunas personas”, advierte.

Otros líquidos destacan que no tienen nicotina. Pero, como señala el doctor Pascual, sí contienen metales pesados y níquel, “una sustancia que puede ser cancerígena. Este tipo de líquidos puede causar enfermedades respiratorias, porque también tienen acetaldehído, formaldehído, glicerina, propilenglicol… Incluso, a veces, etanol. Y las concentraciones de estas sustancias, que son tóxicas, provocan una enfermedad llamada EVALI, siglas en inglés de lesiones pulmonares asociadas con el uso del cigarrillo electrónico o vapeo. Provoca fatiga, fiebre, síntomas digestivos y, en algún caso, hasta fallecimiento”.

En las radiografías de los pacientes con EVALI, el tórax muestra un aspecto vidrioso y difuminado en ambos pulmones. “La mitad de los pacientes que lo tienen requieren ingreso incluso en UCI”, recalca.

¿Sirven para dejar de fumar? 

Uno de los reclamos que se repiten con frecuencia es que los vapeadores sirven para dejar de fumar. Pero, como señala, “los datos del Plan Nacional sobre Drogas indican que, en realidad, son una puerta de entrada al tabaco tradicional para las personas que no han fumado nunca. Y, en muchos casos, la gente que los utiliza se convierte en fumadores duales. Es decir, que fuman tanto tabaco tradicional como con vapeadores. No es un buen método para dejar de fumar”.

¿Cuál es el papel de la industria tabaquera?

La respuesta, según su punto de vista, es sencilla: se sabe que el tabaco tradicional causa 17 tipos de cánceres distintos, enfermedades cardiorrespiratorias, enfermedades vasculares… Pero todavía no existe evidencia científica de qué enfermedades crónicas causan los vapeadores, porque su introducción en el mercado es relativamente reciente.

Otro de los argumentos que utilizan las tabaqueras es que estos dispositivos sirven para la reducción de riesgos y daños. “Este concepto médico se usa en adicciones desde hace muchos años. Por ejemplo, en una persona adicta a la heroína se hace una reducción de
daños con un tratamiento sustitutivo con metadona: sabemos cómo es la persona, su edad, qué patología asociada tiene, qué fármacos está tomando… y se le hace una prescripción acorde a la patología para poder
sustituir el consumo. Pero, en el caso de los vapeadores, ¿quién va a prescribir la reducción de riesgos? ¿El estanquero o el de la tienda de chucherías? Porque muchos vapeadores tienen formas y colores para ser atractivos, con edulcorantes, aromatizantes y saborizantes para
que sean mucho más atractivos para la gente joven.
La proliferación de sabores ha venido aparejada con la aparición de vapeadores con formas populares de personajes de dibujos animados”, subraya.

No es un buen método para dejar de fumar

Cada vez más jóvenes 

Por este motivo, a finales de 2023, el Plan Nacional sobre Drogas amplió sus encuestas: en lugar de centrarse en estudiantes de educación secundaria, se añadió a los jóvenes de 12-13 años. Los resultados han mostrado que este sistema de consumo de tabaco ha aumentado mucho en este segmento de edad, sobre todo entre las niñas, además de ser la puerta de entrada a su consumo, pues la edad de inicio se ha reducido hasta los 11 años. Estos datos están propiciando que países como Reino Unido hayan decidido prohibir la venta de cualquier tipo de tabaco a los nacidos después de 2008.

¿Una medida así podría implantarse aquí? “Tiene un encaje legal complicado en España, aunque no imposible. Pero quizá sería mucho más correcto decir que estos productos no son aptos para consumo humano. Y creo que esa será la tendencia: preguntarnos qué nos aporta el tabaco a las personas”, pronostica.

¿Un tratamiento sustitutivo? 

Otra falacia que es fácilmente desmontable es que los vapeadores sirvan para realizar tratamientos sustitutivos al tabaco. Como recuerda, “ya tenemos tratamientos sustitutivos, porque el médico puede recetar parches, chicles o caramelos de nicotina que tienen un efecto real para sustituir, disminuir y, finalmente, eliminar la nicotina. Y, además, estos fármacos no tienen las casi 700 sustancias que pueden tener los vapeadores, algunas de ellas cancerígenas. ¿A qué estamos jugando? No podemos partir de la ciencia y utilizarla como si fuera un bumerán porque la información que se use sea sesgada, interesada y con conflictos de intereses, fundamentalmente económicos, que es a lo que juega la industria tabaquera”.

Espacios para fumadores 

Una situación derivada de todas estas acciones es que vuelven a verse fumadores en espacios donde el humo del tabaco estaba prohibido. En su opinión, “esto es culpa de todos: hemos sido muy laxos en cuanto al cumplimiento de la legislación. Pese a que está prohibido fumar en hospitales y colegios, en muchos sitios hay un espacio reservado para fumadores. Así no vamos a ningún sitio”.

Otro aspecto que considera preocupante es que haya comunidades autónomas que se quejen de la prohibición de fumar en las terrazas de los bares del
reciente Plan Integral del Tabaquismo. Por todas estas consideraciones, el CNPT ha elaborado una propuesta para que, tanto en las regulaciones como en la fiscalidad, la consideración que se tenga de tabaco tradicional, tabaco calentado y vapeadores sea exactamente la misma. Así, se espera evitar que las nuevas generaciones se incorporen al consumo.

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