Al charlar con Yolanda hace unos meses, le propuse inmediatamente ser la imagen de este reportaje. Físicamente no se sentía muy a gusto y me pareció que el equipo de Alonsize le podría aconsejar. Nada más verla, José Manuel Alonso le explica que ella pertenece a las mujeres de armonía fría por su piel tirando a rosada. Que el negro no le conviene nada y que su color rey es el blanco porque le va a dar luminosidad. Yolanda no se lo puede imaginar, ya que lo hace exactamente al revés. Al hacerse una prueba con un pañuelo blanco, ella se da cuenta de su error; con este color cerca de su cara, irradia, parece que acaba de volver de vacaciones; al revés que con uno negro, con el que se ven las ojeras y parece cansada. “Efectivamente”, nos explica José Manuel, “según los tonos elegidos, vamos a acentuar ojeras, arrugas y a dar opacidad a la piel”.

Imagen: importancia del color Alonsize

Y continúa con su análisis. “Yolanda lleva el pelo gris con canas; es un color neutro que le queda muy bien. Si quisiera teñírselo, debería olvidarse de un color oscuro para quedarse en tonos cenizas, rubios o platinos”. Nuestra amiga no daba crédito a lo que escuchaba. En el fondo, creo que le hacía mucha ilusión saber que puede jugar con los tonos que ve en las revistas y que, además, se verá bien. José Manuel añade que todos los colores neutros le quedan bien (como a cualquiera de nosotras). Hablamos del azul marino, gris, marfil, beige, verde militar, fucsia o magenta. Según nuestra armonía, iremos eligiendo cuál de estos colores puede sustituirse por el blanco o el negro, por ejemplo.

Nos explicaba además que si hablamos de la cara no podemos olvidarnos de nuestras piernas, porque la luz también afecta a la parte inferior de nuestro cuerpo. Por ejemplo, si Yolanda lleva un pantalón negro largo, estará favorecida, pero si escoge un short o bermuda en tonos negros, le quitará luz (excepto si lleva medias negras). En caso de elegir un vestido negro, será diferente porque se ve armonioso en cualquier persona. Lo mejor es escoger una parte inferior blanca que dará una sensación de piel más morena o al menos iluminará esta parte. Como le gusta enseñar las piernas (puede que porque las tiene estilizadas) y tiene forma de triángulo invertido con óvalo (más ancha de espalda que de cadera y, a su vez, tiene un vientre prominente), José Manuel aconseja a Yolanda vestidos en forma de A, évasé, que le van a permitir dar volumen a la parte que puede resaltar y, sin embargo, reducir tripa. Yolanda toma nota. En resumen, debe utilizar líneas rectas para no añadir volumen a su físico. Puede usar estampados en la parte inferior, y prendas lisas en la parte superior; tonos oscuros dentro de su armonía, arriba, y claros abajo; brillos en la parte inferior, y mates en la parte superior.

Yolanda se sincera durante la sesión y nos cuenta que, entre la enfermedad y los kilos de más, ya no sabe quién es. Además, entre su entorno y la presión social, se siente aún más perturbada. Con esta sesión, está entendiendo que tiene que olvidarse del “antes”, es decir, de la imagen que tenía de ella misma porque, con o sin cáncer, nadie puede volver atrás, ni siquiera las mujeres inyectadas con botox o con operaciones estéticas, porque siempre el cuerpo las delata. Es duro verse cambiar antes de la “hora biológica”, pero lo es aún más dejar de disfrutar de los momentos que pasan porque no volverán nunca. Por eso, este trabajo va más allá de un cambio de imagen, es mucho más profundo.

De hecho, queda todavía un último paso: el maquillaje. Yolanda suele ir pintada, y le aconsejan sacar partido a su boca. Tiene una sonrisa preciosa, y aunque nos cuente sus penas, sigue sonriendo.

Maquillaje imagen

Al final de la sesión, la emoción puede con la bonita sonrisa de nuestra protagonista y empieza a llorar, pero pensando que se le va el rímel, vuelve a sacar su lado más positivo.

Meta conseguida: Yolanda, al salir del estudio de Alonsize, se había transformado en una mujer mucho más segura de sí misma.

Yolanda, Alonsize cambio de imagen

 

¿Qué le va bien a cada constitución?

Si no podemos acudir a un especialista en imagen, ¿cómo saber lo que nos conviene?

En su libro “El alma viste de moda”, José Manuel Alonso, CEO de Alonsize, nos explica que ante todo tenemos que saber cuál es nuestra tipología corporal.

• Constitución delgada: ectomorfa o leptosomática.

• Constitución fuerte con tejido adiposo y musculatura débil: endomorfa o pícnica.

• Musculatura fuerte y equilibrada: mesoforma o atlética.

A partir de aquí, también es necesario descubrir qué tipo de figura tenemos.

• Reloj de arena: espalda y caderas similares con cintura estrecha. Líneas suaves.

• Guitarra: espalda y caderas similares, con cintura muy estrecha. Líneas curvas.

• Triángulo: espalda estilizada y caderas con volumen. Línea curva inferior.

• Triángulo invertido: espalda con volumen y caderas estilizadas. Línea curva superior.

• Columna: espalda y caderas similares, con cintura recta. Líneas suaves.

• Rectángulo: espalda y caderas similares con cintura recta. Líneas curvas.

• Óvalo: espalda y caderas similares con vien- tre prominente. Líneas redondeadas.

Una vez entendidos estos conceptos, nos queda saber cuáles son nuestros colores. Alonso los llama “el reflejo del ánimo”. Todo el mundo tiene su armonía de colores personales. Para descubrirlo, basta con saber que si los rayos de sol te dejan la piel rojiza eres una persona de armonía fría, al igual que Yolanda, y tus colores son el blanco y el plata; los apagados fríos verdes, violetas y azules, la gama de los pas- teles y los rojos, amarillos y naranjas llamados “apagados de la gama de los cálidos”. Acercando el color a tu cara, notarás si te va bien.

Otro detalle que debemos tener en cuenta es que no por estar de moda una prenda nos quedará bien. Ojo a los tacones con cuña si tenemos una estatura pequeña porque no estilizan (acortan las piernas y agrandan los pies), y a los shorts o monos según nuestra morfología. Si en las revistas quedan espectaculares, pocas veces acertamos a llevar unos. Cuando nos vestimos, debemos vernos más atractivas; si solo vemos la prenda o nos hacen elogios sobre ella, es que lo hacemos mal. Debemos resaltar nuestros puntos fuertes, no una prenda. Lo importante es el fondo de armario; si está bien hecho, da igual nuestro estado de ánimo, siempre acertaremos.

Como nos recuerda José Manuel, la verdadera belleza no consiste en tener una talla 36 sino en tener bonitas proporciones. El arte de vestirse es saber cómo llegar a esta proporción. La idea es conocerse lo bastante para sacar partido de lo que tenemos y equilibrar lo que no es tan perfecto. Olvidarnos de compararnos con las chicas de las revistas o con nuestra vecina. “Podemos seguir los colores de moda, añade José Manuel, pero no siempre los modelitos”. Apunta también que “debemos vestirnos en función de nuestra edad”; que “cuanto más cubrimos el cuerpo, más volumen tiene y cuanto más lo descubrimos, más se reduce”. “Ir sin mangas o con mangas americanas (sastre) hace que tu espalda se reduzca”. “La manga que más engorda es la manga corta”.

Todos estos pequeños consejos nos van a permitir jugar con las prendas y no sufrir a la hora de vestirnos. Aceptarse, conocerse y quererse son las claves para vernos bien. Somos un todo, no solo una imagen.

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