Testimonios

La tertulia de LVR
La tertulia de LVR
50 años ago

La tertulia de LVR

 

 El cariño, el mejor tratamiento

Todas estamos de acuerdo, el cáncer es una enfermedad que te coge desprevenida; entra en tu vida sin avisar. Y te pilla siendo madre, siendo hija, con pareja, joven, madura, en lo mejor de tu vida… También estamos todas de acuerdo, esta experiencia tiene muchas cosas positivas y somos muy afortunadas de poder hablar en esta tertulia del cáncer en tono positivo.

Betina es madre de Rodrigo, diagnosticado a los 12 años de una neoplasia hemotodérmica, una leucemia muy poco frecuente en niños; Marieta es hija de María Eugenia, operada de cáncer de colon con 66 años; Josefina y Carola son pacientes de cáncer de mama, una con mastectomía, la otra con cirugía conservadora.

Son cuatro casos muy distintos, con distinto tratamiento, con distinto pronóstico, cada una con un papel distinto; pero todas nos aportan una experiencia muy enriquecedora y nos contestan a las preguntas de cómo ha cambiado el cáncer su vida, la forma de enfrentarse a ella, sus relaciones con los demás y qué cosas les han ayudado a poder hablar de ello en positivo.

Lo positivo

Betina nos cuenta la unión tan especial que tiene con su hijo, han vivido tres años juntos en la misma habitación con un proyecto común: “Hemos compartido el sufrimiento, el dolor y cosas que nadie más sabe, hemos estado juntos ante situaciones límite”. Eso sí, manteniéndose firme en su papel de madre: “Le coges de la oreja y no le consientes que se venga abajo”. Su hija Carlota pasó de que su mayor problema fuera si el traje de baño pegaba con el lazo, “afortunadamente la preocupación de casi todas las niñas de 9 años” –como apunta Marieta-, a que su vida se diera la vuelta entera: “Mi hermano está muy malito, no veo a mi madre ni a mi padre, me sacan de mi casa…” “Empiezas pidiendo favores a cualquiera, pero tienes que acabar construyéndole una nueva rutina”. “Es lo que hay y es lo que hay, a todos nos toca crecer, a todos nos toca enfrentarnos a las dificultades”, y a los niños les toca madurar a marchas forzadas: ”Mamá, tú no te preocupes por mí, cuida a mi hermano”. Ahora, Carlota no se separa de su madre y está recuperando ese tiempo perdido.

Carola se levanta todos los días pensando lo maravilloso que es vivir: “Esto es un regalo y hay que disfrutarlo, discuto la mitad, estoy en un momento de exaltación de la amistad, la vida me ha dado una segunda oportunidad y la voy a aprovechar”; “tenemos mucha suerte de haber superado un cáncer y poder hablar de ello en positivo; hay mucha gente, como mi padre, que luchó como el que más y no tuvo esa oportunidad”. Otro aspecto en el que existe un antes y un después: “Ahora tengo que cuidarme, es importantísimo lo que comemos, lo que bebemos, el ejercicio físico, el estrés…” todas estamos de acuerdo, pero también en que no hay que obsesionarse, hay que intentar cambiar las rutinas y llevar una vida saludable; no hace falta pasarse el día en el gimnasio, basta con subir siempre por las escaleras, dejar el autobús unas paradas antes, bailar; comer en plato de postre cuando se coge peso… “También tengo un recuerdo estupendo de la radioterapia”-aunque le produjo quemaduras- “me encantó, me hice un montón de amigos en la sala de espera, une mucho lo de verse todos los días”.

Marieta nos cuenta la suerte que tuvieron, porque cuando le diagnosticaron a su madre el cáncer de colon vivían todas las hermanas en la misma ciudad, cosa nada habitual en su familia; de hecho, ahora ya están separadas otra vez. Recuerda con cariño cómo le acompañaban cuando ingresaba durante las sesiones de quimioterapia, se la llevaban a andar y la regañaban para que se animara cuando le daba el bajón. También se ocuparon de hacer compañía a su padre, para el que hubiera sido mucho más difícil enfrentarse solo al cuidado de María Eugenia. Ahora, después de dos años, está más vital y más guapa que nunca con su nueva melena.

Josefina se emociona cuando nos cuenta el cariño que le han demostrado familia y amigos: “Es lo que me ha llevado y me ha ayudado a curarme y a seguir adelante”. Retrasó el inicio de la quimioterapia para poder ir a un viaje que tenía previsto, y lo disfrutó de manera muy especial. “Siempre he sido muy positiva, me crezco con las dificultades y con el afecto de los que me rodean”.

Relaciones Personales

Josefina es soltera, no tiene hijos y para ella ha sido una ventaja, no le hubiera gustado ver sufrir a los suyos. El marido de Carola es el que más le ha apoyado: “Mi marido es un santo, es especial; nuestra relación de pareja siempre ha sido de 10 y sigue siéndolo”. Betina cree que los matrimonios que se rompen cuando entra el cáncer en sus vidas, antes ya no funcionaban. “Es muy difícil ver sufrir a un hijo. Nos dieron el diagnóstico, nos dimos la mano y pensamos que era una pesadilla”. “Hemos sufrido juntos, hemos disfrutado de las buenas noticias juntos; hay que tomar muchas decisiones y hemos estado de acuerdo en todas”.

A nivel profesional

“Uno de los dos tiene que dejar de trabajar”, es lo primero que le dijeron a Betina y a su marido. “Necesitamos un solo interlocutor pendiente de la evolución del niño las 24 horas”. Betina fue la que ocupó ese papel y dejó su trabajo. Nos cuenta la labor tan estupenda de la oncóloga infantil Dra. Blanca Lopez Ibor, que promovió y consiguió que fuera una realidad la prestación que otorga la Seguridad Social a padres o acogedores de menores afectados por cáncer u otra enfermedad grave, que ayuda a que no se sume el diagnóstico del cáncer al problema económico de tener que prescindir de un sueldo.

Las demás no vieron afectada su trayectoria profesional, Josefina ya estaba jubilada; y Carola empezó a trabajar el día siguiente a la operación y no faltó ni un solo día durante el tratamiento de radioterapia. Decía en la oficina: “Me voy a la radio, y se creían que me iba a la COPE”. “Es más, ahora estoy con la pila puesta”.

Lo que suma y lo que resta

Claramente, lo más duro ha sido la incertidumbre que se vive hasta que tienes un diagnóstico cierto, un protocolo a seguir y, terminados los tratamientos, la obsesión por analizarse. Josefina comenta esas visitas de compromiso, que tanto restan, en las que te cuentan para “animarte” todos los males de su familia. Nos reímos todas y comentamos que son como las conversaciones de partos.

Lo que suma es unánime, el cariño de los que nos rodean y una actitud positiva: “He recibido mucho amor”; “aunque no era yo la enferma, me acostumbré a que me mimaran también a mí”; “mis amigas cambiaban los planes para que fueran compatibles con mis sesiones de quimio”; “me quedé con la frase de que me iba a curar”; “me maquillaba, me vestía, me perfumaba, iba siempre impecable”; “desde el primer día tuve claro que nadie me iba a quitar a mi niño”…

En los cuatro casos de nuestra tertulia se podía haber ganado tiempo en el diagnóstico; la intuición femenina ha sido un factor primordial para que hoy podamos estar hablando con ellas del cáncer en positivo. Hay que escuchar a nuestro cuerpo y seguir todos los consejos de prevención.

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