chemobrain

 

A partir de los años 90 se empiezan a publicar estudios que revelan cambios cognitivos tras el cáncer, pero es en esta última década cuando han aumentado las publicaciones científicas sobre este fenómeno, denominado chemo brain. En España, existen aún pocos estudios, pero en Estados Unidos, Inglaterra y Holanda, ya es un hecho que se está investigando y tratando. “Todos somos muy conscientes de que este fenómeno de alteraciones cognitivas es una realidad de los pacientes, pero las intervenciones que puedan paliar estos efectos secundarios, a día de hoy, no están instauradas”, asevera la Dra. Sanz.

El hecho de que haya aumentado la supervivencia, que la enfermedad afecte a personas en edades jóvenes y que la toxicidad de los anticancerígenos sea menor hacen que la mayoría de los pacientes que han pasado por un cáncer vuelvan a su vida normal. Es ahí cuando se notan diversos cambios, como tener pequeños olvidos, no recordar palabras comunes o acontecimientos, necesitar más tiempo para hacer tareas ordinarias, tener problemas para hacer más de una cosa a la vez o dificultad para concentrarse. Son cosas que producen en el paciente ansiedad y sensación de ineficacia. “Quizás, una persona de 70 años atribuye estos fallos a la edad, pero una persona joven le da a esto más importancia, porque estos cambios aparecen de forma repentina e interfieren en el desempeño de las funciones en las diferentes áreas de su vida”, comenta esta especialista.

Aunque inicialmente el chemo brain se asocia a pacientes tratados con quimioterapia, la radioterapia y la combinación con medicamentos pueden causar dichos efectos. “También la variación del nivel de las citoquinas se asocia con el rendimiento cognitivo. Es algo que sabemos que existe, pero nos queda mucho por descubrir”, afirma la Dra. Sanz.

A estas posibles causas también se añaden otros factores personales, como la edad y la presencia de síntomas psicopatológicos, incluso aquellos anteriores a la enfermedad. Y es que, clínicamente, gracias a las resonancias magnéticas funcionales, se ha demostrado que durante el tratamiento fluye menos sangre y hay un menor consumo de glucosa en determinadas áreas de la región subcortical-frontal o en zonas cercanas al hipocampo del cerebro asociadas con la memoria, por lo que se produce menos actividad. Pero los estudios también demuestran que meses después de acabar con el tratamiento, los flujos vuelven a niveles previos. Solo el 10% de los afectados mantiene este tipo de problemas con el tiempo, ya que en la mayoría de los casos, a los dos años y medio, se vuelve a recuperar la capacidad anterior.

Programa de rehabilitación ‘Estimula tu mente’ de la Fundación Grupo IMO

Esta actividad, de momento, la única de este tipo que se desarrolla en España, se realiza en grupo (de no más de diez personas). Consta de ocho sesiones de dos horas semanales y tiene un coste de 50 € para financiar el material divulgativo. El programa de rehabilitación está destinado a pacientes con cualquier tipo de cáncer (menos los afectados por tumores cerebrales), independientemente del sexo o la edad, sin necesidad de que le derive su oncólogo.

Primero, se realiza una valoración inicial para saber cuál es la situación del paciente, si presenta o no déficit y cuáles son sus quejas. Una vez finalizado el programa, se repite la evaluación para obtener información de los resultados inmediatos del mismo taller, y a los seis meses, se vuelve a realizar una valoración para ver la evolución, así como el mantenimiento de los objetivos conseguidos.

“En muchos casos, los resultados de las pruebas neuropsicológicas de estos pacientes son similares a los de su grupo de edad y nivel educativo, por lo que descartamos la presencia de un déficit clínico. Sin embargo, esto no significa que no se hayan producido cambios en su rendimiento. Por esto, es importante realizar una entrevista en la que se recojan las quejas subjetivas de los pacientes y otras variables que pueden estar influyendo en el funcionamiento cognitivo, como la fatiga, la ansiedad o el bajo estado de ánimo. En muchas ocasiones, los aspectos emocionales mejoran después del programa, y por lo tanto, se produce una mejoría en el rendimiento cognitivo y funcional. En general, los pacientes se perciben más capaces de organizar su día a día sin olvidos”, concluye la Dra. Sanz.

Pautas para cuidar el cerebro

Retomar aficiones.

Apuntar las citas y lo que se considere
importante en una agenda.

Reanudar la lectura.

Aprender un idioma nuevo.

Hacer crucigramas.

Practicar ejercicio físico, ya que ayuda tanto al corazón como al cerebro; en la medida de lo posible y con supervisión médica.

Cuidar la alimentación, evitar el consumo elevado de azúcar y grasas animales.

Beber bastante agua.

Tomar chocolate y café en dosis moderadas.

Dormir bien.

Intentar manejar las emociones para disminuir la ansiedad y la sensación de frustración.

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