Psicología

El burnout o desgaste profesional
El burnout o desgaste profesional

Burnout o desgaste profesional Foto Gianni Zanato on Unsplash

49 años ago

El burnout o desgaste profesional

El aumento de carga de trabajo y la limitación de recursos están entre los factores que incrementan el riesgo de burnout en profesionales sanitarios y que al final afectan a la calidad en la atención al paciente.

 

Burnout o desgaste profesional Foto Gianni Zanato on Unsplash

El burnout o síndrome de desgaste profesional fue definido por Maslach y Jackson en 1981 como un “síndrome caracterizado por el cansancio emocional, la despersonalización y la falta de realización personal y profesional”. Se ha descrito como una enfermedad ocupacional en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10).

Incidencia del burnout

La estimación de incidencia del síndrome de burnout varía en función de los países, las especialidades y el ámbito laboral (asistencia pública o privada, núcleos urbanos o núcleos rurales). Un estudio llevado a cabo entre profesionales de EEUU estimaba que el 46 % de los profesionales entrevistados tenían al menos uno de los síntomas definitorios de burnout. El estudio European General Practice Research Network Burnout Study Group detectó que el 12 % de los participantes presentaban burnout en sus tres dimensiones; el 43 % presentaba cansancio emocional; el 35 %, despersonalización, y el 32 % acusaba falta de realización personal.

Variación según las especialidades 

Según Rosario G. Campelo, médica oncóloga del Hospital Universitario A Coruña, “la prevalencia de dicho síndrome varía en función de las distintas especialidades médicas, pero sin duda los profesionales dedicados al paciente con cáncer constituyen una población de alto riesgo”.

Situaciones que causan el burnout

El aumento de carga de trabajo, labores administrativas o aspectos médico-legales cada vez más complejos, asociados a una limitación de recursos, constituyen factores claves que pueden incrementar el riesgo de burnout entre oncólogos y personal de enfermería oncológica. “Asimismo, el trabajo constante de comunicación con pacientes en situaciones vitales límites, tener que comunicar malas noticias, la sensación de fracaso y frustración en pacientes con pocas alternativas terapéuticas o con mala respuesta a tratamiento, manejar situaciones difíciles al final de la vida, y muchas veces, tenerse que mantener en una constante actualización en conocimientos, participación activa en investigación básica y trasnacional pueden suponer enormes cargas de trabajo y conducir en último término a síndrome de agotamiento profesional”, explica la doctora.

Síntomas de burnout

Algunos de los síntomas característicos del desgaste profesional o burnout son:

  • la desesperanza,
  • la apatía,
  • los trastornos del sueño,
  • la fatiga,
  • la hostilidad,
  • los problemas de relaciones personales y entre compañeros,
  • el absentismo laboral,
  • el aumento del consumo de sustancias,
  • el aislamiento social.

Todo ello puede conducir a consecuencias negativas tanto personales (depresión, suicidio) como profesionales, vivencias de insuficiencia profesional, baja autoestima o errores médicos.

Relación entre desgate del profesional y su paciente 

En consecuencia, según Campelo, “el burnout puede tener efecto directo en la calidad de la atención a los pacientes. Se inicia con una carga emocional y su correspondiente tensión, que conduce al agotamiento del profesional, quien puede comenzar a tener actitudes de distanciamiento con la persona que atiende, y ello puede generar dudas con respecto a la competencia y realización profesional. Puede también interferir en las relaciones entre compañeros, dificultando la toma de decisiones, sobre todo en el contexto del manejo multidisciplinar del paciente”.

Las cifras 

Recientemente, en un estudio americano llevado a cabo por ASCO (Sociedad Americana de Oncología Médica), hasta un 44,7 % de los profesionales entrevistados presentaba burnout, y solo el 33 % estaba satisfecho con su balance de vida laboral. En un reciente análisis llevado a cabo por ESMO (Sociedad Europea de Oncología Médica) con 593 oncólogos jóvenes (menores de 40 años) en 41 países europeos la prevalencia de burnout fue de un 71 %, y aunque no se detectaron diferencias significativas en función del sexo, la prevalencia de despersonalización fue mayor entre varones. Las cifras de este estudio varían en función de la localización geográfica. En Europa Central estaríamos hablando de un 84 % de incidencia de burnout; en la Europa del sur-este se situá alrededor del 83 %, y en el norte de Europa, donde la incidencia es menor, en torno a un 52 %.

Prevenir el burnout 

La oncóloga Rosario G. Campelo destaca que las “herramientas que ayudan a medir el burnout e identificarlo de forma precoz e instaurar medidas específicas de tratamiento deberían ser implementadas en los hospitales. En general, el profesional es reticente a buscar ayuda activa; en este sentido, la presencia de psicoóncologos en las unidades de oncología que también trabajen con los profesionales implicados puede ser de gran ayuda. También resulta clave la formación, y las estrategias de manejo de estrés laboral deberían ser parte de la formación del profesional sanitario.

Establecer estrategias según la especialización

Hay estrategias más específicas que podrían ser adecuadas en función de la especialidad médica y el riesgo de burnout asociado”, destaca. Entre las posibles soluciones estarían:

  • las intervenciones en la prevención
  • el manejo del burnout e iniciarse y realizarse en múltiples niveles

Según explica la oncóloga, “en el nivel individual, es fundamental la concienciación en la búsqueda de estrategias de autocuidado, buscar un buen balance entre vida personal y laboral o disfrutar de tiempos de desconexión laboral. El nivel familiar sería el segundo. El tercero es el nivel de los hospitales e instituciones sanitarias, donde habría que potenciar e incentivar el desarrollo profesional o poner límites a los tiempos de asistencia e investigación. Por último, el cuarto tiene que ver con el nivel de sociedades científicas”.

 

Por: Paola García Costas

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